NOMBRES CENSURADOS

http://www.divshare.com/flash/playlist?myId=4795305-628  «nothing compares to you»_(synead o,connor)
Este frágmento puede estar impregnado todo él de muchas verdades, podría…
El, el amor como conjunto de la totalidad de las cosas y las personas. Como punto de partida y de reunión.
Él, como enigmática adivinanza por definir, pero concluyentemente real.
Él, con sus nombres diferentes siendo siempre el mismo, significando un único e inalterable contenido.
Él, apaciguador de carnivoras fieras, amansa sin domar. Conversa con nosotros por noches enteras, en la intimidad del confluir de unos sentimientos que descubren y hablan unificados.
Condensa la esencia del padre que nunca desearía el sufrimiento de su buen amado hijo. De la madre protectora que revitaliza la fatiga del ser que de sus entrañas parió dándole su apoyo, entregándole su esfuerzo… El amor sostenido por aquellos que altruistamente al resto animan.
Me pregunto, cuando alguien dice que es ateo, si esta diciendo que no cree en un nombre, o tal vez pretende indicar, que no es capaz de amar creyendo en la polifacética vida.
¿Es mas temeroso aquel hombre que cree en una permanente continuidad cíclica, o el que finiquta su existencia cuando su corazón deja de latir?.
Nos da miedo no disponer de amor, preferimos no creer en él o tacharlo como poético, inmaduro, apercibirlo como una ensoñación tan sólo pasajera. Cuándo, él, es el manantial del cual tomamos, sin darnos cuenta, la fuente regenaradora de todo lo que hay y existe. Podemos optar por llamarlo como se nos antoje, pero nombrado como fuera, resulta ser el único hogar en que todo el global confluye.
Que más da entonces el nombre que se le haya puesto, si tiene tres consonantes, cuatro silabas o solo una.
El amor vive en uno; y de ese amor hacia uno parten los caminos de una conciencia del bienestar para con todo y todos, y se pacifican armonizando las superficialidades y los interiores; a todo se le halla un mismo valor.
Amas no porque lo decides, tan solo amas porque amas, sin más. Coste cero de resultas, pero eso sí… inmensos beneficios.
Es al reconocerse uno cuando consigue aceptar a los demas, es entonces, cuando nos desposeemos del ego que maniata, dejamos de ser esclavos de un yo que colapsa y sentencia al entendimiento.
Afianzarse en el amor nos aporta un sinfín de renacimientos, descubrimos la posibilidad de alcanzar la integración con cada una de las partes existentes, reconocemos en todo lo que somos cada uno de nosotros.
Tan sólo está la diferencia, en el tiempo, el espacio y las circunstancias en que acontece, pero sucede. Amamos, sin importar si dios se llama dios, ala, buda o restankis. Amamos sin nombres.
                           
                    

Sabor de fresa

sabor de fresaLa frescura de una sonrisa se agradece. Sonora o visible, estridente u opaca, siempre amable. Está, se recibe, llenándonos con un invisible pletórico, rebosante de vitalidad.
El agradable poder del interés por los aparentes ajenos -cuándo los demás nos importan-, suma y construye puentes sobre ríos que aparecen violentos e intratables.
Seres igualmente desnudos, en cada uno de ellos cabiendo, todos ellos esgrimiendo respuestas sabias a nuestras preguntas. Precisamos aprender a escuchar para interpretar con acierto, ser un pelín mas humildes y reconocer que hay una identidad común entre nosotros y el resto de lo existente.
Al vestirse de desinterés los ofrecimientos, encontramos pausas de paz que contribuyen a que sea fructífera la busqueda, entonces, incluso el anhelo deja de ser angustia y nos completa -resulta
s como sí en la puntualidad de dichos instantes, la mansitud del agua que sostiene un lago glaciar nos invadiese, mostrando y reconvirtiendo lo que deviera-.
En ocasiones nos damos cuenta que respiramos incluso faltos de oxígeno, y es que la pureza nos abraza de tal manera que son llenados nuestros pulmones de vida aun cuándo la muerte campara a sus anchas a nuestro alrededor.
Nacer -como nacen, consecutivamente, las flores entre las hojas y las hojas dando criterio a los árboles y la escritura dando sentido a los libros que nos llaman desde los estantes-.
Nacer, reconociendo que cada instante nos provee de nuevas formas para degustarlo todo y avistar el paso adelante.
Crecimos desde la nada, donde incapaces de reconocer la humedad o la sequía, el universo nos mecía y columpiaba.
Nacimos con y por el placer de los cuerpos, cuándo éstos se desabrocharon la vergüenza y, enlazándose, inventaron nuevas palabras y redibujaron desvencijadas figuras. Desanudados quedan los disfraces Encontrándonos sin precisar sol, luna, estrellas o brujula. Destiñiendo nuestra piel dentro del aroma de otra piel que aguarda la comunión como símbolo de mezcla. Partimos de un encuentro y desde el nada saber vamos adquiriendo conocimiento de tierra y cielo, de aire y fuego y del ser de hombres.
Perpetuar el orgasmo inicial y placentero: Proyecto de un existir entre metamorfosis inevitables y continuas -sin que nada acontezca siendo un lastre que maniate los movimientos y la comprensión-.
Con el vigor anclado al alma, mostrándose presente para ser capaces de echarle arresto suficiente a cada uno de los apartados de nuestra vida.

Dándole gracias al mar por ser cambiante y a las montañas por integrarse al deshacerse. Marchar hacia adelante, mordisqueando, saboreando y sonriendo.