Leo y leo y se me aparece de entre todos los regalos, el mejor: » Nacimiento». Entonces, mi mente interpreta claramente, las respuestas resultan locuaces, no se deforman. Entiendo tu/mi sexo como la tinta que ha de significar placer al aunar sentimientos y reparar en la gratitud de explosionar brindando caminos (como aquel libro que resguarda, secretamente, entre cien mil frases en prosa, cinco buenísimos versos).
Nacimiento. Paso tras paso. Traspaso la cuna, la pubertad, la edad pletórica, arribar hasta las canas y una pizca de cansancio invitándome a escuchar con paciencia los trazos de la vida.
Escojo un puerto donde las perdidas importantes son infrecuentes «puerto nacimiento».
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Con un toque mimoso
Una mala noche sumándose al mucho y durísimo trabajo volcado sobre el total de la jornada; como recompensa, el cansancio haciendo mella: los sonidos se alejan progresivamente, la fatiga consigue vencerme, me tumba, no sirven de nada las voces e imágenes, continuas y cambiantes, del televisor -mensajes camuflados y otros de subliminales, propuestas que mayormente buscan incrementar el «share» potenciando mayores beneficios-. Cedo a recostarme en el sofá, los ojos se cierran, indisciplinados, maleducadamente, sin despedirse, prescinden de lanzar una sonrisa afectuosa que sirviera como hasta luego.
Ahora, medio dormido, medio despierto, ni sé de horas ni tampoco recuerdo ninguna secuencia del sueño… De vuelta, ya retomada la sed y el hambre, de nuevo engullido por el reloj, pero, permaneciendo una buena parte de mí, todavía, en un limbo muy particular que para nada debería asociarse con ninguna fuga ni con la muerte. Ahora es cuando soy poseedor de una percepción extrasensorial que, añadida como peculiaridad, engrandece y ameniza el juego que resulta ser siempre esta vida.
Es de agradecer tu cercanía -protegiste mi descanso- tanto agradezco tu proximidad que la apuesta correcta está en gozar.
Agradezco sentirte. Paladeo las yemas de tus dedos mientras recorren y afinan, mis sienes y mejillas, mi frente y mi cuello así como mis hombros y pecho. Igual que, cuándo deslizándose por mi cabeza, parecen querer deletrear el adn humano que sostengo y conversar con mi espíritu deseando hallar a mi yo más ancestral, del cual, he de confesar, creo ir recuperando su consciencia de manera natural, a medida que se emblanquecen o caen, como hojas otoñales, cada uno de mis finos y ya escasos cabellos.
Una noche mala, trabajo duro y reposo… hago repaso a lo tenido hoy y me quedo con este despertar maravilloso.
Ya recuerdo mi sueño y… sé que este se repite.
Cruzar de puertas
Ella, sola, cerca de una barra, la situada en el linde de la pista de baile; imaginando como sería compartir su fiesta de hoy con un hombre que tuviera las justas proporciones para completarla. Ella, con el corazón voceando «quiero compañía», pero falta de atrevimiento; distante, cobarde y callada.
Él, solo, enardecido, con fuego en los ojos, acogiendo sensaciones y renegando de pulsaciones que equivalieran a carga. Él, disfrutando de la psicodelia generada por un combinado explosivo de sustancias; barajando ensoñaciones que le proporcionaban un seguido de realidades combinativas y alternas. Él, recopilando sensaciones que creía perdidas, jugando a preguntarse cuántos pedazos tenía que reunir para completar su identidad y saber quién era, en qué lugar se encontraba y hasta cuál era su siglo.
Ella y él, coincidieron al hacer un giro sus cabezas, un giro casual y simultáneo que provocó se abrazaran y besasen sus miradas. Ellos, a partir de ese momento, cómplices urdiendo planes de futuro, interlocutores que se insinuaban absteniéndose de palabras.
Ella (Elena), de pie, sorbiendo un trago del combinado que, siéndole servido en un vaso largo y de tubo, aparecía sobrio, se diría que desamparado, al carecer de azucar colorido decorándolo y sin ser alegrado por algún pedacito de fruta. Ella sintió una presencia a sus espaldas y, disimuladamente, dejando el vaso sobre una de las muchas mesas, elevadas, pequeñas y redondas, cuales estaban repartidas por todo el local, aprovechó para mirar y cerciorarse, si su intuición le mentía o era adivina porque acertaba.
Elena pudo comprobar que, a un par de metros, Él (Oliver), reseguía sus curvas estirando levemente su cuello, leía tan absorto la figura de Elena que no pudo percatarse del guiño que ella le lanzó para indicarle que tanta distancia sobraba y que ya era hora de añadir el tacto y sus voces, al orquestar de los ojos que solicitaban ya, desde minutos antes, los sabores húmedos concedidos por la proximidad.
Por fin, Oliver, elevo lo que era fantasía hasta el proposito y la acción, dio dos pasos al frente y puso sus labios a tocar la oreja derecha de Elena, así susurrándole con tono grave y cálido «doncella mía. Paisaje deseado. Tú, que como pasaje presente estoy seguro de que serás gustoso futuro… ¿Tienes colchón y diván para mi corazón, instrucción procaz para mi espíritu y vaina atenta dónde goce mi carne desentendida de la punta y filo y mal de toda espada?».
Elena, ante tal pregunta, cayó en la propia cuenta de su necesidad, posó, delicadamente, una de sus manos sobre la nuca de Oliver y le contesto «Ofrecerme tus primeras palabras y ya pedirme que te responda como trapecista; vienes fuerte y advierto que nada te falta, siento que posees; aire, agua, tierra y fuego… Me incitas a comprobar si eres mi premio y mi santo grial, ese elemento añadido capaz de satisfacer a mi piel y cubrir los vacíos inhóspitos que tengo cuándo sueño. Quiero reconocerte para saber si dispones de la magia suficiente como para restaurar mis entrañas y recuperar la savia que extravié durante el camino. No sé si tengo lo que me pides, pero, si estoy segura de que me atrevo contigo».
En esta hora el silencio es tan grato, irresistible y comunicativo que vence a los muchos decibelios. Un lazo abierto advierte que la caja portaba un regalo. Y un duende se despierta para abrir el día y pronunciar el cierre de la noche.
Sindicato de penes
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Reivindicaciones de un pene quejica:
Yo el pene, pido aumento de salario por las siguientes razones:
_REALIZO MI LABOR A GRANDES PROFUNDIDADES
_TRABAJO DE CABEZA
_NO GOZO DE DESCANSO SEMANAL NI DE DÍAS DE FIESTA
_EL LOCAL ES EXTREMADAMENTE HÚMEDO
_NO ME PAGAN HORAS EXTRAS NI PLUS DE NOCTURNIDAD
_FAENO EN UN LOCAL OSCURO Y SIN VENTILACIÓN
_SOBREVIVO A ALTAS TEMPERATURAS
_ESTOY EXPUESTO A ENFERMEDADES CONTAGIOSAS
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Respuesta de la administración:
Después de lo planteado por el solicitante; y considerando los argumentos expuestos, la administración rechaza las exigencias del mismo por las siguientes razones:
_SE DUERME EN EL PUESTO DE TRABAJO DESPUES DE UNA CORTA ACTIVIDAD LABORAL
_NO SIEMPRE RESPONDE A LAS EXIGENCIAS DE LA JEFATURA
_NO SIEMPRE ES FIEL A SU PUESTO DE TRABAJO; SE METE EN OTROS DEPARTAMENTOS
_DESCANSA MUCHO ANTES DE TIEMPO
_NO TIENE INICIATIVA, PARA QUE TRABAJE HAY QUE ESTIMULARLO Y PRESIONARLO
_DESCUIDA LA LIMPIEZA Y EL ORDEN DEL LOCAL AL TERMINAR LA JORNADA DE TRABAJO
_NO SIEMPRE CUMPLE CON LAS REGLAS DE USO DE PROTECCION E HIGIENE EN EL TRABAJO
_NO ESPERA LA JUBILACIÓN PARA RETIRARSE
_NO LE GUSTA DOBLAR TURNOS
_A VECES SE RETIRA DE SU PUESTO DE TRABAJO CUANDO AUN TIENE FAENA PENDIENTE
_Y POR SI FUERA POCO, SE LE VE ENTRAR Y SALIR CONSTANTEMENTE DEL PUESTO DE TRABAJO CON DOS BOLSAS SOSPECHOSAS
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* (transcripción del gracioso texto caído en mis manos gracias a una personita a la que quiero mucho)
Labios
» Tan solo hay unos que me complacen en cada encuentro… y son los tuyos, trocito, siempre te llevo.»
Sabor de fresa
La frescura de una sonrisa se agradece. Sonora o visible, estridente u opaca, siempre amable. Está, se recibe, llenándonos con un invisible pletórico, rebosante de vitalidad.El agradable poder del interés por los aparentes ajenos -cuándo los demás nos importan-, suma y construye puentes sobre ríos que aparecen violentos e intratables.
Al vestirse de desinterés los ofrecimientos, encontramos pausas de paz que contribuyen a que sea fructífera la busqueda, entonces, incluso el anhelo deja de ser angustia y nos completa -resultas como sí en la puntualidad de dichos instantes, la mansitud del agua que sostiene un lago glaciar nos invadiese, mostrando y reconvirtiendo lo que deviera-.
Crecimos desde la nada, donde incapaces de reconocer la humedad o la sequía, el universo nos mecía y columpiaba.
Dándole gracias al mar por ser cambiante y a las montañas por integrarse al deshacerse. Marchar hacia adelante, mordisqueando, saboreando y sonriendo.
