Aciertos y equivocaciones

Los errores humanos tienen una frecuencia común en todos, en los amigos cercanos y tambien en otros seres que ahora son todavía unos desconocidos. Nunca puede, nuestra historia, estar escrita al gusto de todos, de ese resto del que nos toca ¡como no!, formar parte. Siempre tendríamos que tener en cuenta todo lo mágico que nos ofrecen cada uno de nuestros amigos, hasta tendríamos que atender a esos que consideramos desconocidos y creemos lejanos, pues en ellos también se dispone el aprendizaje; esos pueden llevar una lucecilla que nos muestre algun rincón oscuro de la vida adonde no merece la pena llegar. Cualquiera puede cualquiera ser capaz de desenmarañar complejos ridículos, tabús inútiles, o lastres discriminatorios. Valorar en su justa medida, esto es importante, hasta que punto hay voluntariedad de dañar o de herir en aquella acción del otro, acciones que, algunas veces, solamente suceden por inconsciencia o impulso pero sin ni un ápice de mala fe. Cuándo sucede así, cuándo no existe mala voluntad en la acción o la palabra o el pensamiento, voluntariedad de hacer daño y de empujar a alguien hacia el desastre y el caos, el peso real de aquello que nos ha desagrado, la densidad y consistencia de la energía que se nos envió queda siendo insignificante, pudiéndose diluir con suma facilidad. Entonces puede servirnos de encuentro con nosotros mismos y potenciar una mejora. Bajo esta lectura, incluso nos resultas de suma utilidad tales sucesos, eso siempre que no caigamos en la tentación de desestimar tal pasar como aprendizaje; cabe que reciclemos ese tiempo desagradable que nos a llevado a sentirnos mal y, siendo experiencia, pueda llevarnos a crecer y elevarnos, un escalón más, hasta el plano evolutivo deseado.
Cuando no existe el rechazo podemos llegar a aportar un granito positivo capaz de contribuir a la transformación, podemos, pero primero debemos moldear y lustrar eficientemente nuestra propia pieza.
Se reconoce al amigo como un total de acciones, de circunstancias compartidas, con sus pros y sus contras, y entre todas ellas, no podemos obviar que las habrá de desagradables e imperfectas; los amigos, como humanos que son, también fallan y se equivoca, pero por eso no merecen que nos giremos, dándoles la espalda y el destierro.
Hay amigos que son amigos, hasta sin nosotros saberlo. Como nos sucede a nosotros mismos al ir repartiendo respuestas a cada instante sobre la vida de otros.
No siempre somos capaces de ofrecer lo correcto, lo esperado o gratificante, de constituir un apunte espléndido junto a las personas que nos rodean, en ocasiones, sin tan siquiera darnos cuenta, dañamos a los demás, pues estamos despistados o nos resulta ajena, al desconocerla de forma completa, la sensibilidad dispuesta en cada uno de los demás.
Sensibilidad alternante y condicionada. Sensibilidad, abrigada o congelada según sean los lazos que nos estrechan y que surgen desde cada una de las personas que hay a nuestro alrededor.
Estamos de suerte cuando somos capaces de confiarnos a alguien creyéndolo nuestro amigo, sabiendo que esa alianza promete futuro porque es auténtica. 
                          

¡ viva la comunicación !

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