Acerca de una dictadura camuflada

carcel

Un sistema no puede considerarse que funciona correctamente, cuando despiadado, deja mudos, anula por completo la voz de infinidad de ciudadanos que, claman pidiendo sea justo el reparto, solicitando que en este planeta impere el equilibrio.

« Cómo poder llegar a creer y confiar en este sistema democrático; si se asemeja más a una dictadura, tanto en lo social como en el aspecto financiero, y también, cuando su embestida es feroz al usar las leyes impasibles que deciden los políticos.»

318-omu G.S. (Bcn.)

Simple solicitud

Te atreves con tres minutos de desasiego ajeno, lo necesito. Ahora soy capaz de compartir los interrogantes que antes me hicieron arder, pero que siendo fuego tienen luz; y esa luz iluminó alguna porción de mis entrañas.
Como decirte… para no partir arrugado y rencoroso, para partir sin mochila ni equipaje que lastre mis pasos al recorrer caminos y senderos, necesito… necesito compartir esas tristezas que achican mis ojos, la nostalgia mayor está en añorar aquello que podría ser.
Son preguntas. Son respuestas que me niegan tantos gozos; de un pasado —ya reflexivo—, y acerca de la inquietud por la busqueda del equilibrio que se halla entre realidad y utopía. Cuál es la línea que determina y separa lo factible de lo imposible. Es aquí donde ya no tengo palabras, me quedo mudo, es cuando necesito que intuyas mis quereres probando de buscar en tu interior.
Cálculos sobre repartos no caben, por mas que cuadren las cuentas. Los gestores de lo económico no contemplan la posibilidad de un justo, por necesario, reparto equitativo. Este es el cuento que poco se cuenta, la división que impide un remar suave y ligero en la vida de cualquier ciudadano en esta pelotita suspendida en el curso; como burbuja; ciudadano que es un alumno más en esta escuela, planeta que es, de entre las galaxias, una de las fortunas mas bellas.
Es por esto que te pido tan solo, tan solo tres minutos. Es así porque no me quiero olvidar de ti.
Será que reconozco en tu escucha un vocabulario sinónimo capaz de entenderme. Será que tu reflejo ahuyenta mis miedos. Será…
Y es que sé; confío en la sinceridad de tu mirada y en la franqueza de tus gestos. Será que aunque quepan días lluviosos nuestro interior puede lucir soleado.
Cuántas veces se ha pretendido cambiar lo que por naturaleza evolutiva se nos imponía. Si no nos es posible saltar tan alto como para conseguir una estrella, como pretender que tanta y tanta gente nos sincronicemos con una misma razón elocuente y en pos de un mismo deseo. En las gradas de este circo cada uno en un escalón, perspectivas diferentes que además se acentúan por los intereses y por la condición inherente. Partamos de una misma línea de meta, este propio corazón. Rebusquemos similitudes coincidentes en el reflejo táctil y nervioso del dolor que nos provoca un pisotón. En la satisfacción que nos dispensa la atención y dedicación que otros seres nos ofrecen al encontrarnos débiles o enfermos. En lo tanto de gratificante que sentimos ante las imágenes que la vida nos regala y nos gustan y nos reconfortan. Con el sabroso alimento que nos embriaga deviniendo como el más placentero. Frente la audición de aquella melodia, o de esas palabras que tanto nos gusta de oír. Oliendo la piel de un recién nacido o del ser que amamos o deseamos, el cual nos completa, cómplicemente, demostrando que es cierta la sintonía y el vínculo. Es por ello que te digo, partiendo de esta misma base común alcanzaríamos un mayor entendimiento, fructificaría una red consciente que nos salvaguardara de posibles tropiezos y caídas. Caídas, con las consiguientes fracturas, sociales, internas, globales. El secreto puede estar en buscar las similitudes y no las diferencias. Porque diferencias y discrepancias siempre las habrá; y éstas hacen fructificar lo creativo en nosotros, pues demandan que estemos atentos para intentar aportar una guinda a nuestro pastel y hacerlo todavía más exquisito. Estas diferencias no tienen porque ser destructivas.
Fui paciente al ver desgarrado, hecho jirones mi pantalón preferido. Me sentí triste por tener que marchar de la fiesta. Sentí hasta vergüenza. Fiesta que era hoy; en el aquí de cualquier tiempo. Ni un adiós tuve para los que apreciaba. Marché. Busqué. Me pregunté las razones que esgrimían los supuestas artistas que dirigen un país hacia la deriva; las razones que postulaban solamente rezumaban egoísmo. Atizaban la autosatisfacción. Nada contemplaban las deficiencias del engranaje, las necesidades que causaban estragos hasta extenuar a otros.
Es por esto que le pregunto a usted, nacido de padre y por madre, lo mismo que mi hermana y que yo. Usted que manda y dirige ¿de verdad sabe quién es y decide su vida? Y si me permite… ¿en que cimientos se asientan las propuestas en su día a día?. Tal vez, en la huida de sus miedos más terroríficos y profundos, en recolectar frutos cuales serán incapaces de saciar su corazón. Quizas su vida miserable, ruín, mezquina y furtiva, mentirosa y traidora se deba, a que jamás a sido capaz de vincularse a la misma existencia común que le pertoca con los demás de su especie; se autoimpuesto una misión, la del poder con la pretensión de demostrar su valía ante sus propias dudas. Ostentación. Prepotencia. Altivez. Usted… ¡ cuidado !, no vaya, al final, a ahogarse con ese mismo cinturón con el que intenta amarrar el vivir de otros que son sus hermanos. Los mismos frutos materiales que usted acumula son venda que le sirve de autoengaño. Esos frutos causan podredumbre, amargarán y acabarán por maniatar a sus propios hijos y a los hijos de los hijos de los hijos de su misma y gran familia. La tierra llora por ello; llora sin tregua pero espera.
Fronteras: Barreras inventadas. Siempre se pueden encontrar causas y motivos que nos autoexcusen y nos sirvan para sentenciar a cualquier otro. Sentenciarlo por la simbología y el orden alfabético o numérico que nunca aprendió. Por la ausencia que hoy le pertoca debido a lo que anteriormente se le robo ¡ por su terca y pobre miseria !. O, por creer en la propia naturaleza en la cual confía, o por portear, humildemente, una ilusión. O, por sus creencias, gusto, apetencias o por aferrarse a una fe que en más de una ocasión sue la que, al sentirse derrotado y yacer caído, le levanto. No ose despreciar, usted, a quién poseyendo la luz camina apareciendo sin posesiones ni su saber. Le doy vueltas y vueltas y querría preguntarle ¿no será que sufre de envidia y de codicia y de avaricia? sí, sííí, sííííí… no gire la cabeza, va con usted, que es incapaz de vislumbrar la tanta luz que llevan y hay en otros.
Comunismo, democracia, socialismo, capitalismo, de esto me dice ser un perfecto conocedor; y entonces le pregunto ¿dónde está aquí y ahora una verdadera aplicación de cualquiera de estos conceptos inventados? ¿dónde está la seria disciplina de cualquiera de las leyes que se imponen simulando una sociedad estable, ficticiamente mejor, la del bienestar que usted promulga?.
Podría encontrar la razón, en que usted ni dirige, ni gobierna, es tan solo una marioneta. Por más que quisiera hasta su propia casa le resulta imposible de limpiar. Camina siendo todavía más esclavo que los mismos seres llevados desde un África, pura en conceptos, hasta allá donde se jactaban de clase, maneras mientras confundían lo que es la verdadera civilización. Usted es más pagano que los nativos que usted acusó, con desprecio, de tales hechos. Es más caníbal que las costumbres tribales que regentan en algunas personas por cultura, necesidad o costumbres. Porque, usted, ha pensado alguna vez en las consecuencias de muchas de las maniobras que se acuerdan, con su consentimiento, llevándose a cabo. ¿Es responsable y consecuente con sus actos cuando satisface a esa ambición que subyuga, al pedir, insaciablemente, riquezas?. Muchos quedan padeciendo y muertos; y, nosotros, nos convertimos en asesinos directos o indirectos, en maestros y lacayos del horror. En despreciables maltratadores. En violadores de inocentes que se procuran leyes para eludir su meritoria condena. Nosotros somos tan despreciables que acudimos a casa de nuestro hermano, el cual está convaleciente y desvalido, y le atizamos, rematándolo; cambiamos su vida por cuatro piedras preciosas o por cualquier material o energía que nos sostenga en un lugar privilegiado.
Continuamente cabalgan un seguido de mentiras subidas en los medios de comunicación. Manipulan la realidad, la omiten o la cuentan a medias; pretenden convertir tanta farsa en verdades. Dicen que el enemigo es amigo y viceversa (sonrisas y manos que falsamente se estrechas). Cuentan que hay poco trigo para el pan y hasta que el agua y las montañas tienen propietario, no es de los cielos y de los ríos.
Es por esto y por más que solicito que me responda, me vale una carta convencional: escrita a mano; lo electrónico quede siendo para la música. Carta en la cual, si es posible, me adjunte fotografía de su mirada observando a sus hijos después de la cena, mientras los arropa cuando los acuesta. Carta en cual remate el servicio saludable que fomenta este sistema. Quiero que me explique en que medida y que parte de este sistema usted cree que le será útil al futuro de este planeta y a sus hijos; ayudandoles, a éstos y a los hijos de cualquier ciudadano, a encontrarse y construir con acierto para no perderse. Planteese sus decisiones y lo que corresponde que diga si es que su amor le inclina a decidirse por un mundo mejor, en que prime la cordialidad, en que no le falte a nadie esas partes primordiales e indispensables. Me encantaría que me respondiera en su carta a: ¿cuántas veces se ha reído, de corazón y con el alma, en el día de hoy? ¿cuántos amigos en cuales confiar, plenamente, tiene?
Sin más que abrazar esa parte de usted que todavía juega con los trenecillos, silba y canta en la ducha y cree en Blancanieves y Peter Pan; un saludo de su perdida pero viva identidad.

Hijos de todos

 

Resulta extremo, ese latir rápido del corazón de un chiquillo escondiéndose del desamparo, acurrucado en sus adentros, pisando una tierra fértil pero teñida con llantos y rojo. La cual lo vio nacer, que es suya y, ahora fragmentada, no le corresponde, es escurridiza ante sus ilusiones, necesidades y anhelos.

 

Él, siendo simiente de un mañana sólo obtendrá como fruto el miedo: Miedo a la barbarie que reconoce a su alrededor. Dolor, muerte, angustia y, como única recompensa, el no morir ajusticiado por pertenecer a una etnia o a otra, o por no someter a su esperanza ante la destrucción que su alma soporta al vivir cercana al peso incontrolado de una sinrazón, sometida a esa determinación que ni establece ni conoce la mano misma que tortura o asesina, que cruel ajusticia (respondiendo a intereses ajenos, a suculentos beneficios económicos, a las finanzas de los opulentos); mano cual empuña el rifle o el puñal mercenario e irónicamente hermano.

 

Mientras tanto, a seis aldeas de distancia, son poseídas sus propias mujeres e hijas, sus propias hijas y las de sus hermanos. Se masacra lo mejor que hay dispuesto en todos: la fuerza e ilusiones que conllevan las esperanzas.

El engaño se tercia situando suculentos manjares que nunca llegarán a avistar y disfrutar en su mañana. Están encadenados, se convirtieron, por necesidad o codicia, en lacayos de seres poderosos a los cuales ni conocen y dicen supuestamente aborrecer, esos mismos que les brindan horrores y los sitúan dentro de grandes jaulas.

    

África, Asia, América latina, grandes porciones de la esperanza que vive dentro de este planeta, subyugada a conceptos y entendimientos engañosos, continentes y gentes tristemente manipulados.

Tierras poseedoras todavía de una esencia primigenia y vital. De esa porción de pureza cual el mundo occidental ya perdió hace bastante tiempo, e incapaz de valorarla y recuperarla ahora, simula despreciar cuando en realidad la envidia.

     

Soledad de cientos de tribus que sobreviven en unas míseras tierras sobre las cuales les han ido arrinconando los estados. Las riquezas no entienden de lazos sanguíneos, siempre están prestas a hacerle un tentador guiño a la ambición de cualquiera. Podemos luego buscar razones que escondan esos ciertos propósitos y no nos hagan acarrear el insoportable peso de una indigna conciencia, caer en el abismo más miserable de la condición humana.

Pero, en el fondo, sabemos que en buena medida, desde aquí, nosotros, estamos contribuyendo a promover tales delitos que se cometen en otros continentes. Hipócritamente nos disfrazamos con la falsa y conveniente interpretación o respuesta, para continuar satisfaciendo a ese bienestar superficial que precisa de ingentes tributos, tributos humanos que resultan de un descaro insolente.

    

Así, chiquillos que podrían ser hijos de cualquiera, con ojos limpios y adivinados por su sonrisa; y luz propia con la que resurgirían mil grandes imperios, están siendo utilizados, torturados, expulsados de su tierra, masacrados por el mero hecho de nacer en un lugar del planeta, con uno u otro color de piel, creencias o cultura.

Son considerados como valor cero dentro de un sistema mundial en el que no se aplican siempre las leyes que se acuerdan. En un sistema global en el que la justicia es una gran farsa y nuestros hijos siempre pierden.

     

 

«Sé de mis lazos estelares contigo, hijo de cualquier tierra, reconócete en el vínculo, éste pretende y puede darte abrigo.»

318-omu G.S. (Bcn.)