
Quién dice «ojala», desea y a la vez cree, dispone tanto de esperanza como de fe; consigue alinear un presente con el futuro.
Decir «ojala» equivale a decidir un destino, a confiar en un proyecto que reposa dentro de nuestro corazón o está afianzado, remetido en las mismas entrañas del subconsciente.
Aunque me duelan los hilos de mi propia marioneta
o escuchara resquebrajarse, de mi árbol, su madera,
¡me volcaré!,
mi voluntad trazará diagonales precisas,
todo, para cuanto antes llegar
a convertir tantos «ojalas» como pueda.
… Quiero que mis hoys estén repletos de «ojalas».
318-omu G.S. (Bcn. 2014)
▬ Acentos activos (II) ▬


