Relato, cuento o poema, trazas dentro de mí siendo inspiración. De esta evidencia magnífica ¡chistera habladora!. Cuerpo compensado. Comodín, serpentino, liebre o paloma. Esperanza y humor devastando el desgaste. Pasos incansables. Tactos descifrados. Nado reversible y plácido vuelo, pero, sobre todo… punto álgido; un corazón sensitivo que adosado a las respuestas venera la transformación.
Eres llave maestra capaz de situar un gran sol en el centro del hogar, y acertar un par de pies sobre la senda. Eludes cualquier afirmación que contenga sones vetustos. Mides los vacíos a la perfección, y lo mejor sucede a resultas de que… sabes llenarlos.
Expones la cara oculta valedora, frenando los automatismos que confirman como irremediable el cansancio y la vejez. Alisas y prolongas mi mañana hasta demostrar que la vitalidad y el esplendor no tienen precio.
Desmontamos ciudades que nos fueron impuestas. Desguazamos motores y desterramos toda mecánica. Desmantelamos construcciones opacas que nos restaban panorámica y luz.
Coincidimos en entregarnos al punto intermedio, donde converge tu afirmación con mi negación. Renunciamos a códigos y clasificaciones que encorseten. ¡Aceptamos el reto! recorrer juntos: Estepas de cielo abierto. Lenguajes selváticos. Laberintos y cavernas. Latitudes blanqueadas así como las pérfidas. Hemisferios de lava y de hielo, de mases y menos, de caras y cruz. Acordamos repasar -una y otra vez- los tantísimos lados salvajes, que desnudan o disfrazan o travisten cualquier relación humana; repasar y repasar hasta que inventemos o encontrar, sus islas paradisiacas, sus ángeles y demonios, sus dioses y vírgenes.
Aconsejado por ti -sacerdotisa. Muelle sensorial que impulsa. Genio con cuerpo de mujer y rostro de niña- bebo del néctar de amantes y reparto cojines por todas las estancias; al son de este tic-tac y al compás de tus manillas, vivo un ahora repleto de mañanas, no tengo nada por recortarle a nuestros instantes.
Catapultándonos desde un trampolín de color sangre y salto de corazón, silbamos pareja y sumamos conjunto. El antes; con sus respectivas ambivalencias y magias -negra y blanca- con sus ruidos, disparos y embrujos, es y vale como digno aprendizaje, para saber acerca de ingestas y descartes y adelantar casillas.
Boca a boca. Nudo eficaz y limpio uniendo cabos sueltos. Resta de palabras y aceleración locuaz hasta el desenfreno.
Sexo liberador que posa sobre mi madurez un tono de frescura. Diálogo y compás sujeto a la base de cuerpos. Satisfacción que resarce con dosis de jovialidad, renovando mi energía mientras abre un cofre de remedios.
Pedí… y tengo proximidad. Al probar exquisitos bocados de tu día desentendido de prisas, colmo mi hambre… la de por fuera y la de mis adentros.
» Soy uno más del coro resumido como nota cuando escucho y mientras sueno. Sueno mucho mejor cerca de ti.»
*** Recorro tu ser y apuesto a confiar. Sólo cabe esa manera si pretendo conocerte y conocerme; descubrir, componer y completarme, perfeccionar el engranaje dentro del círculo. Acepto mi fe: recibo el bautismo con cada uno de los aceites que desprendes. Sin buscar encuentro; de tus poros brota el agua que difumina contratiempos, silencia estribillos repetitivos y anulando vocablos complicados aproxima hasta enlazar lo extraño con lo común, aparentes contrincantes que sólo por mera imagen -pasajera- eran opuestos.
(El Om, la Luna y la Cruz, junto a otros magníficos y prósperos signos aunándose nos alumbran, pues más raíz que diferencias todos ellos auspician ¡ CONSTRUCCIÓN !).
No sufro de ceguera: Me sumerjo para reconocer las profundidades humanas y celestiales que cobijas… Sé como inevitable, tropezar con el vértice acusado de alguna de tus espinas; deseo la prolongación de sangrar; pacto contigo contando las estrellas mientras nos bebemos el sudor que significa aprovechar todas las partes.
(El oráculo habló: Contó que también nací para ejercer de curandero; no conozco dentro de esta vida terrenal ninguna alegría que trascendiera sin antes haber recogido instantes de llanto).
Quiero conocer tanto el paraíso que sujetas como la prisión que soportas. El auxilio de tus oídos, de tus manos y de tu boca. Los alimentos que precisas para clamar bien alto «viva la madre victoriosa que esparce existencia» y ser sabedor de tus remedios predilectos y de tus heridas. Deseo comprender, el porque de la ausencia que te cubre en ocasiones dándote fuga, evasión o exilio.
Sonrío al deslizarme por tu ser. Cuando tengo que descender a tus abismos personales, aprovecho el carbón que encuentro para dibujar planos y escribir mensajes que te faciliten enviar a tus fantasmas, a tus bestias o demonios a un largo viaje… … hacia el olvido.
Me adentro. Reclamas que mi yo aventurero indague tus necesidades, te brinde soluciones y posea. Me adentro para comprender la mecánica natural que te hace atrayentemente irresistible. Para hallar e instruirme sobre los huecos del alma y la dicción del placer; resigo tu estela, releo tus curvas… descifro la clave que muestra la diagonal precisa que me aproxima hasta la oración ¡gracias a la vida!
A tu lado la ciudad pierde sus esquinas y el cielo aletea próximo, se me arrima y susurra escalando abajo. -juntos tejemos una trama sencilla que proyecta un horizonte claro-
El pañuelo asoma desde dentro del bolsillo; prometiendo un siempre luce inmaculado. -hasta la despedida, nonata, sonríe, al observarnos desnudos y por el infinito amadrinados-
A tu lado. Adherido al tiempo mutante y elástico que jamás envejece aunque pendule simulando ser exacto.
A tu lado desisto de la lógica aplastante. Me limpio de credos plagados de subterfugios y de cruces. Infrinjo castigo a las leyes y códigos humanos impuestos y supuestos como inquebrantables. Despierto y hallo tangibles los que eran yacimientos oníricos. Tomo la brea más duradera y doy luz a mi mente e incendio mi cuerpo. Decidido insisto e insisto y renazco, al recibir con gratitud y complacido los nacimientos e incluso la muerte de cada instante, sabiendo que… tras cualquier ocaso amanece, que nunca significa celda y que después es demasiado tarde.
Cuando juntos; palpo lo imposible; lo lamo como a caramelo, lo muerdo como a manzana y atiendo a la tentación de encontrar el universo que anhelaba siendo un niño.
A tu lado; pierdo la cabeza y soy Dios igual que ateo; aprendo a amar porque sé olvidarme.
Por ti aprendí a caminar desnudo, la vacuidad que esconden los ropajes. A cazar la amplitud de cada idea tomando de todas partes.
Por ti escojo ser una hoja repleta de incitante blancura, cuya mudez tentadora escucha atenta y reclama apuntes; el pronto artístico:
Ensayos que expusieran y aportaran soluciones -que acogieran la corrección o los retoques- Garabatos infantiles, desenfadados e inocentes -clamando por el recuerdo de otra conciencia- Diseños esmerados o dibujos fantasiosos -trazos que propusieran y reventaran medidas claustrofóbicas y rejas opresivas- Poemas que innovaran estructuras y desataran nuevos timbres -que atrevidos sobrenombraran cualquier gesto anquilosado-
Por ti aprendí a sentir como mío lo que creía distante y ajeno. A rellenar de cromados el tintero. A sumar el peso preciso para equilibrar el yo que me ajustaron como horóscopo. Y a levitar -a merced de los vientos- y a escribir siendo un lápiz o una pluma escuchando el versar etéreo.
Tú me despertaste y has llevado a confiar. Me das y diste a probar aquel triunfo que reposa en la paciencia: los respiros que oxigenan… Por ti aprendí a esperar. A medir mi temperamento hasta ganar en voluntad.
Por ti soy barro virginal, que maleable y húmedo, se muestra accesible y ofrece dócil.
En tus ojos hallo el reposo, son trayecto deseado y cardinal curativo. Aunque tropezara con un cortejo de negros, tu mirar sólo usa vida y baraja; ventanales abiertos, escalones domesticables y horizontes coloridos. Aun permaneciendo dentro de la serena blancura, en tu mirar se suspende; un vocabulario inquebrantable, el abecedario inacabable; los sabores de una tierra llena de bosques; la lumbre y el fuego y sus ascuas; tu mirada es deposito de una sensualidad que punza, me empuja y punza para llevarme, al vértice pecaminoso donde se anudan, sin remedio, el éxtasis, los monemas y la carne, pretendiendo prolongar, siglo tras siglo y en esta tierra, el paso y la voz de la sangre.
La talentosa expresividad de tus ojos, guarda aquella gracia circense, que a la vez que presenta un mundo de acrobacias hila notas afinadas que recuperan los oídos sordos y le dan a cualquier necio de amores, el entendimiento.
Son luciérnagas tus zapatillas; lumbre vivaz, llama encendida indicando que estás. Recuerdo de pareja. Proverbio ideal digno de quedar como estela. Techo azul. Lago azul.
Luminosas y atrayentes, me incitan a encontrarte y a seguirte por un puñado de caminos. Lucen como entrada y hablan como puerta; señalan la aventura seductora y la oportunidad que se deja.
Ya llegó el tiempo de aceitar la llave y descerrajar el baúl de mis miedos; timidez y vergüenzas.
Pasé tantas veces por delante. Paseé rozándote y sin atreverme; acobardado. Pasé a escondidas queriendo alcanzar con mis manos lo que solo asía en mis sueños.
Me permito la desnudez despojado de lastres; oso pasar, al fin me atrevo.
Entro, de puntillas, en el refugio donde toma forma lo mejor de mi imaginación. Tomo aliento e inspiro un pedazo de futuro, nacen un sinfín de proyectos al entrar en tu habitación.
Tan cauto como sigiloso recorro a ciegas tu estancia y me mimetizo con tu necesidad. Soy animal. Soy un zorro. Soy un perro; a cuatro patas saboreo la flora y fauna que ampara tu piel… retozo satisfecho.
Husmeo tu silueta. Viajo entre suculentos sentires; exclusivos, placenteros y tuyos. Hallo el sortilegio que incluso despierta el tacto sonámbulo, al besarte y sorber el vino vertido sobre tu vientre.
Magnetizas y maceras mi ser. Dispones del rostro amalgamado que concede una cita con la tentación y de la serena suavidad del satén; de la belleza rosácea y natural que embriaga hasta a los mismos dioses que quisieron darte cuerpo.
Siendo un camaleón me relamo contigo; eres alada e insecto. Repaso con mi lengua sendos dulces de azúcar hallados en la cúspide de tus senos.
Hay panal en tus entrañas, desde él rezuma esa savia que ambiciono; por ello me vuelvo una abeja golosa recogiendo elixires sólo de una copa, remedios que salvaguardan del tedio.
Igual desmiembras a mi hombre racional hasta hacerlo desaparecer, como invocas al ser visceral e impulsivo que tiembla y gime mientras embiste. Posees la sabia de la alquimia; conviertes hielo en fuego y la madurez en poca edad.
Ante ti, suena fino mi motor y se ahuecan, ambiciosos, los poros de mi piel. Derramas sobre mi desierto la espuma e impronta del mar, y entiendo que mis dunas esperaban tu agua para aprender a flotar.
Tu saliva me sabe a diente de ajo; retumba energética dándole brío a mi corazón; reporta aquel salitre divino que condimenta alimentos insulsos e invita a nuevos tragos.
Ella me sabe a aceitunas y a sol, a romero fresco desatando su flor, a lavanda, melisa, tomillo y laurel, sabe a esperanza y huele a excitación, su verde es el de la hierbabuena. Tu saliva adereza nutritiva y complementa cada uno de mis días, le resta aburrimiento y sosedad a la comida de mis platos.
Tu saliva limpia al mojar; como suele hacer el agua fresca cuando rebosa por las riberas de un río en el mes de Mayo.
Es una senda vital; ara y siembra y trasiega las proporciones de mi campo; ella sostiene el abono que da… la mejor de las naturalezas.
Dispone de aquel oleaje carnal que multiinstrumental orquesta; sin dejar olvidada nota en el atril, ni arañarme con saña ni revancha la piel, desdeñando la vorágine de aquel tiempo de recita desdichas y canta ausencias.
Diario digital que nace con la vocación de informar sobre Jaca, Jacetania, Alto Gállego y los valles de Tena y del Aragón, reflejando con fidelidad y objetividad todo lo que sucede e interesa a sus gentes. Editado por la periodista Rebeca Ruiz
Este blog es únicamente para mayores de edad. Relata la vida de sumisión de una chica que se adentra en el mundo del BDSM casi por casualidad, sin saber muy bien ni qué significan esas letras.