La enfermedad se pondrá todavía más de moda en occidente. Los síntomas son evidentes; la sanidad pública reduce considerablemente los servicios que nos ofrece, mientras la privada gana adeptos y añade más ceros positivos sobre sus números.
Los ciudadanos padecemos de los gastos inevitables que representan las pruebas médicas que precisamos de realizar cuando comprobamos que las citas para las mismas se alargan en el tiempo. Nos hacen reparar que en los pasillos de urgencias de los hospitales, nos esperan, por días, unos tantos doloridos entre otros tantos moribundos.
La enfermedad interesa tanto que no se preocupan en curarnos aquellas dolencias que podrían perfectamente sanar, prefieren cronificarlas. Los ministerios correspondientes permiten conservantes, colorantes y demás sustancias nocivas en el apartado cosmético y alimentario. Permiten y potencian, a sabiendas (ya que hay estudios contrastados, a nivel internacional, acerca de la aportación nefasta de dichas sustancias), la enfermedad, pues las empresas de los sectores correspondientes, contribuyen, mediante los impuestos, a darles mayores beneficios que lo que como administradores de un estado barajan gastarse en sanidad.
Se oye decir que un sinfín de políticos, a nombre de otros, están desde hace ya un buen tiempo invirtiendo en mutuas sanitarias privadas y entidades que gestionan planes de capitalización y pensiones extras.¡Cómo dudar entonces, hacia que lado les interesa inclinar la balanza!.
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División de sangre
Algo hemos hecho mal para encontrarnos donde nos encontramos. Estipulamos y proseguimos dando como buenos los métodos imperialistas. Nos viene bien aprovechar a las gentes y la riqueza de cualquier tierra lejana que para nada nos corresponde; potenciar los derechos del amo y exijirle el máximo rendimiento a los que hicimos esclavos.
Ahora nos quejamos (mínimo el arrepentimiento), porque la moneda con la que nos pagan de vuelta lleva estampada la cara de la tragedia.
Noventa millones de seres supieron en América, siglos atrás, acerca de enfermedades, para ellos, desconocidas, que los demolieron, y sobre atrocidades innumerables amparadas por coronas y ciencias y cruces. Así, otros tantos en el continente africano, fueron tratados peor que animales y otros tantos en Oceanía y Asia. De que extrañarnos de los sucesos de hoy, siglo XXI, en Europa: Inmigración. Atentados. E incluso estos problemas económico-laborales que acucian a buena parte de nuestra sociedad, problemas que están y se mantienen debido a las decisiones erróneas y a las que devienen de la sumisión, debido a las fallas que arrastra el sistema elegido, el cual convendría fuera corregido o apartado.
¡Sí!, el imperialismo citado vive todavía, aunque disimule adoptando otras maneras (aduce liberación, conceder derechos a los desfavorecidos), busca razones, se posiciona, invade y argumenta debatiéndose con la autojustificación. La realidad queda siendo la adquisición de mayor poder, el control de más población y territorios. Somos sabedores, los ciudadanos de occidente, que la realidad es muy distinta a la que nos venden nuestros mandatarios; conocemos, perfectamente, el movimiento económico que representan las guerras: producción y venta de armas mediante personajes que, lejos de ejecutar por separado, son lacayos de sus respectivos gobiernos. Las guerras, ya una vez extintas, convienen en que se vuelva a levantar lo mucho de derruido, demandan el trajín constructor, y , en la remodelación, se habilitan los pactos que se contrataron en pos de la salida del abismo en que los territorios han caído. Este sistema denota inmadurez y raya la verdadera locura, solamente reclama esclavitud para muchos y abastecer de beneficios a unos pocos. A este sistema le conviene, conjura al terror y la muerte entre lenguaje sagaz e hipocresía sarcástica. Y la religión sirve y sirvió, prosigue como estandarte y escudo y arma; consintiendo fechorías, diciendo (cuando habla), pero con palabras comedidas, con voz baja, muy baja. Y toda religión acoge un buen montón de farsantes a cuales les agrada la buena vida y ambicionan autosatisfacerse, indistintamente de su símbolo u orden o profeta. Y la religión atropella su propia esencia al acoger gurús que dando su espalda a los débiles, ante el dolor… disimulan y hasta sonríen.
Creo que hay grandeza en nuestra especie, pero es por tantas barbaridades que hacemos o consentimos que siento verdadera vergüenza de mi condición de hombre; prima más, como solución y respuesta, el egoísmo, que cultivar nuestro jardín hasta que aparezcamos completamente todos dentro del edén, resaltando la cantidad impresionante de de buenos frutos y mejores simientes dispuestas en este planeta.
Hay que ser honestos y recuperar un mínimo de nobleza y dignidad; debemos reconocer hasta donde llega la sangre que llevamos y la que esparcimos. Debemos escuchar la necesidad de cada hermano (la despensa está a rebosar por mucho que «vacía» nos dijeran —aunque conviene medir la usanza—). Debemos atrevernos, oír con el corazón y apartarnos del ser fraticida; ofrecer protección y ayuda. Compartir. Contrastar y asimilar culturas. Compartir enseñanzas y fusionarnos. Instruirnos los unos a los otros, sin altivez ni menosprecio ¡todos poseemos alguna varita mágica!.
No es utópico un mundo pacífico, si es que los seres humanos adquirimos una actitud empática frente a cualquiera de los hechos que suceden a nuestro alrededor. Sería de sabios corregir maneras y defectos ya desde nuestro minúsculo micromundo. Sería de sabios optar por la bondad labriega y dejarnos de aparecer como la peor pesadilla, la peor de entre todas las bestias que habitan este planeta.
Lastres
Giramos nuestra cabeza. Miramos atrás. Repasamos los sucesos acaecidos durante la historia con las muchas barbaridades que hemos ido depositando los hombres. Exclamamos, con mueca de sorpresa, con cara de indignación, ante tantas injusticias dejadas, como rastro, sobre el camino.
¿Sentimos verdadera empatía, o disimulamos porque nos reconocemos como parte actual y contributiva para que persistan los mismos dolores, similares delitos y ofensas sobre la faz de esta tierra?.
Torcemos y doblamos nuestra realidad más personal para que quede bien escondida, deformada a nuestro antojo. Reposicionamos la cabeza ¡alta, alta!, erguida hasta el punto de la falsa sabiduría y la insolencia que comporta vanidad y desvergüenza. Desafiantes, en este día proseguimos desangelados; actuamos a la vieja usanza: maltratando nuestras alas. Sumamos embustes sobre mentiras y así, repetidamente. Eludimos intimar y reconocernos. Seguimos, a través de la historia, disciplinados por las suertes del terror. Sometidos a la crueldad ¡consintiendo!. Escupiendo hipocresía desde los aspectos más nimios hasta la grandeza global. Desatendiendo, de los espejos, su sinceridad. Mediando con la vileza que destripa juguetes tornándolos inservibles. Tratando con la desconsideración e irresponsabilidad que, falta de piedad, degüella ilusiones. Continuamos dando que relatar humanidad vergonzosa.
¡Ay!, si la decisión la sostuvieran
voluntades que han sido capaces
de sacudirse mentiras y miedos,
entonces, la ignorancia sería derrotada.
Abandonando su carácter nocivo,
serían renovadas las raíces
de la tierra. Los hombres crecerían
hasta palpar el edén extraviado.
¡Ay, que dolor!.
¡Ay!, si las lágrimas junto a lamentos
como manos y voces se alzaran,
alcanzando deseos se convertirían
en herramientas y alimento.
Le arrancarían —librando batalla
junto a razones lógicas de peso—
a cada rostro y a todas las almas,
la enorme fealdad que se recoge
tras antifaces rígidos y máscaras.
Lágrimas y lamentos, de seguro serían:
Cizalla cortante
que sobrada de filo
agujerea alambradas.
Mallo corpulento
que golpea insistente
y abatiendo los muros
cancela presidios.
Serían: Lluvia limpia.
Aire y abono.
Avena y trigo.
Jabón y aseo.
Resucitando mentes
y saciando barrigas
ambos darían,
sustento y hospedaje
a los hermanos frágiles
y desfavorecidos.
318-omu G.S. (bcn. 2016)
Alba de lluvia
«Las formas, ligeramente traviesas, formulan hechizos para no acudir repetidas. Los rostros cambian pero las esencias se muestran indivisibles.
Nosotros proseguimos alimentando a los mismos niños. Corremos, tras el sol, en días despejados y dentro de otros con lluvia.»

La lluvia es alba.
La lluvia amanece tan temprano que rivaliza con los avisos del gallo y la luz del sol.
Las madres de la lluvia alumbran las horas, las pintan con gotas que, bailando «tristeza», se difuminan persiguiendo a la imaginación cuando marcha.
La lluvia. La lluvia y sus madres deletrean huérfano y delatan que esta tierra es un hospicio; mientras nos arrullan con sus musicales oraciones, denuncian que es blando el barro dentro de un día.
Amanezco, apagado. Tragado por la niebla procuro retirar los cortinajes que fueron hilados con emociones movedizas y sentimientos frustrantes que rocían desesperación.
Chillo «¡LLUVIA!» aguardando vitalidad… y la lluvia que aparece y me remoja es llanto agrio, acidez, angustia que retuerce mi corazón y extravía mi mirada y colapsa mi boca; resalta la cripta, el dolor agudo y adentro que todo aquello que toca envejece.
Este dolor: Un puño invisible que golpea, ciego. Una vertiente del pasado que, cuando gira y vuelve, demuestra que hubo vida que se convirtió en muerte y en caras ocultas. Este dolor clausura oportunidades. Impide el paso adelante y marca con fuego serio, desde lo más profundo, mi semblante.
Este alba proclama a la lluvia, sensitivo voraz que transcurre inclinando un día hacia la sed, martilleándolo desde su fragua.
Jamás pensé que añoraría desiertos.
Apuesta de tierra
«El cobarde señala hacia otro lado mientras silba desafinando. Que esperar de él, sino traición como melodía.
Suena terror y desconcierto, y muchos «miedo» responden.»

Campos.
Sobre campos que esperan
semillas son hombres.
Campos espléndidos:
Árboles.
Minerales.
Aves.
Anfibios.
Reptiles.
Felinos.
Roedores
e Insectos.
Ladridos.
Graznidos.
Rugidos
y Oraciones.
Recipiente son campos:
Lienzo pulcro y cobijo.
Paz. Libertad.
Luz creativa
de fulgor asombroso.
Oscuridad serena
y la vibración sensitiva
donada por todo Color.
Crecimiento adosado
a la inquietud que transportan
sombras esponjosas.
Campos: Cultivos.
Para ya extirpadas vergüenzas
sucumbiera el hambre.
Todo elemento que diera
una faz o esencia horrorosa.
Campos.
Y desenfrenado el avance,
al ser próspera la pisada,
digno el legado de hombres.
Ahogo e incendios…
Aunque volcados por agua celestial
o sentenciando con llamas terrenas
¡esterilidad eludan los campos
cuando regados por el acierto de hombres!.
Campos vírgenes
y hombres capaces.
Campos donde luzcan los frutos,
prodigios surgidos
desde la semilla que somos los hombres.
318-omu G.S. (bcn. 2016)
Aceras opuestas (carta de vecindario)
Como guillotina;
palabras tuyas
e incluso acciones.
Solicitas que ruede mi cabeza.
Clamas por verme sobre el patíbulo.
Ya demolido por el sufrimiento
fuera incendiado junto a mis papeles,
de vida llenos,
llenos de vida además de queridos.
La toxicidad
—valor cobarde de tu propiedad—
camuflada
o adentrada en algún escondrijo,
contaminando cerca o desde la distancia,
pretende hacer añicos
la bendición natural que prosigue arraigada.
Labores trabajosas
que irrigan y propagan
pureza liviana y corriente sanguinea
merecedoras de perdurar.
¡Quizás celos!.
¡Quizás envidia!.
TANTO DARÁ
si celos o egoísmo o envidia,
sendas suertes corroen con ansia depravada.
Acontecieron y suceden agresiones
ESTO SÍ QUE IMPORTA.
Voluntad miserable queriendo destripar,
comerse el futuro que no le corresponde.
Engullendo la piel
y las vísceras y hasta los despojos
conseguir aquello que por si misma
jamás logrará.
Dicha inmadurez
—Palo dentro rueda.
Traba que te traba.
Perdición que termina por tomar como dogma
un sadomasoquismo inquisidor—
demuestra cuanto descontrol puede aparecer
cuando provocan colapso las emociones
aun por digerir.
Hay imposibles no siendo tal.
Hay imposibles que SÍ ¡son y serán utopía!
porque un ser deja de ser universal
y al adquirir la mayor soledad
admite sus límites.
Contemplas (entre autoexcusas)
lo que por farsante o por miedosa o por vagancia,
delante de la frustración
o frente al desengaño (monedas inservibles)
nunca tuviste ni tendrás:
Admiras una amalgama de colores increíbles,
vivamente posados,
solamente disponibles
para los que descreyeron la pesadumbre
asociada al tiempo y a las circunstancias.
Contemplas (colérica)
el gozo penetrante
que ahonda poderoso
sonriéndole a otros,
sirviéndoles,
complaciéndoles, con más y más energía.
Me apena confesarte
que no sé ni dispongo del remedio
—no tengo el mucho saber
de médicos o maestros—
rotundamente solos…
barajamos la vida con sus tantas cartas.
Amiga; marchaste lejos.
Ya va siendo hora de que siéndote sincera
releas la partitura con acierto
y canceles tanto final.
Me apena reconocerte dolor.
La vida que predicas
huele a cofre sellado
y veo y suena la tragedia
como insignia y como obligación.
318-omu G.S. (bcn. 2016)
Para algunos… la moneda tan solo tiene una cara
Un sudor venido por el sufrimiento
endurece con callos el alma y las manos
de una cuarta parte de los niños,
adultos y abuelos de este mundo.
Los hay que si conocen el verdadero precio
de un vaso de agua o de un mendrugo de pan.
Crepuscular, cruje la crisis,
ruje la halitosis del engranaje.
Las bisagras, ruedas y tuercas
se quedaron faltas de aceite.
Ásperos, los rodamientos rozan
y el sistema aparatosamente se encalla.
Oxidado, lleno de mugre y estrías, chirría.
Un occidente lastimoso
y ciego del resto,
reclama apenado
mientras solloza equivocado
cambiando del escaparate
los precios y los maniquíes.
Hipócrita, el estado de consumo
domina, reforma y constituye
una alteración en el contrato,
revisa, modifica y, según conviene, alterna
la validación y la caducidad de los términos.
Deja de morder, mordisquea,
aminora su ritmo
pero igualmente engulle.
El sistema prosigue la alienación,
maltrata y malea,
simula bienestar y afabilidad,
aparenta ser bonanza
cuando su ferocidad
comporta, acarrea tormentas.
Occidente, descontrolado consume,
desentendiéndose, barre para su casa.
Interesadamente intercambia
armas por diamantes.
Trafica con la esclavitud.
Sopesa con una balanza
equilibrada con sangre y miseria,
regida por una justicia,
la del mayor de los desatinos.
Desarrollado, occidente.
Generoso y desprendido,
observa las direcciones
y regala al subdesarrollo:
Grandes, enormes barrigas
rellenadas por el hambre.
Occidente no padece
por penas ajenas
que en otros causan desdicha.
Occidente se acuerda
de África, de Asia y Oriente
y les obsequia
con fabulosas bacterias,
las cuales espléndidas,
portando guadaña,
elevan, en esas tierras,
el índice de mortalidad.
Una buena parte de este mundo
todavía investiga y se cuestiona
dónde estará ese segundo planeta.
Y si existe el desarrollo,
el tercer mundo
tendría que hallarse
en la cuadratura
de un extraño contrapunto.
Se evidencia
(hasta en esto),
falta de delicadeza.
En la cadena de montaje:
el método, permisivo,
amortigua con farsas
los gritos que son quejas
y resuenan.
El método basa su poder
en la ambición,
la competitividad
y la codicia.
Monótonamente
huele a chatarra,
a caucho quemado,
a polvo alumínico
y a goma gastada.
La fórmula escupe y rocía
la mente y los pulmones
con ácidos corrosivos,
con monóxidos y depresivos,
cancerígenos y contagiosos.
Mientras tanto…
en el barrio de al lado,
entre zancada y zancada,
dan las gracias cada día
al recorrer a pie
veinticinco kilómetros.
Dan las gracias
por disponer
de un camino hacia el trabajo (mal pagado).
Dan las gracias
por tener una choza
de caña y barro
y poder hilar sus esteras
con pellejos de coco
o disponer de sus hamacas
colgando para descansar.
Mientras tanto…
los vecinos de finca,
desde la misma parcela,
desde la flotabilidad
del mismo globo terráqueo
se dan la mano,
llenan su plato (si pueden)
con tortas y cereales
y de cuclillas sonríen.
No conocen los excesos,
no desperdician irresponsablemente.
Le agradecen a la lluvia
a los ríos, a los lagos y al mar.
Son conscientes
y se congratulan
del sol, del cielo, del árbol
y de la montaña.
La grandeza para ellos está
en algo tan simple
como el ver a sus hijos dibujar
con lápices de colores
y marchar con alegría confesa
para acudir a la escuela.
Encuentran el confort
en una vieja manta raída
pero que les abriga,
necesitan de un poco de algo indispensable
y con ésto tienen mucho, tienen suficiente.
Veneran un pozo con agua,
una tierra fértil,
el pájaro o el pez que se les ofrece.
Disponen de una leve carga espiritual,
su posible brevedad es su felicidad.
318-omu G.S. (22/10/2010)
Icebergs (notas del llanto de Cupido VIII)
«No es tan difícil conocer a la muerte
aún aupados en esta vida.
Astros que alumbraron juntos
aparecen ahora separados por galaxias
debido a sus naturalezas cambiantes o contrarias.
Es complicado vivir
sin presentir u oler a la muerte.
¿Quién conoce, certeramente, la utilidad de imanes?»
Y, hoy, el fuego quema
el fuego habla.
El aire es soga
es cuchillo
es densidad irrespirable.
Pocas brasas y mucha ceniza.
—Corazones grises. Corazones tuertos—.
Demasiado humo y escasez de lumbre:
Mejor mudez que gestos tóxicos,
la mugre disfraza el léxico.
Las estancias son pequeñas
pero rebosan distancia.
Los sabores admirables son pasado
ya marcharon.
Aguardo, paciente
por si cabe error…
Espero y no vuelven.
Aquí sólo quedan
camas serradas y desayunos fríos.
Al abrir mis mañanas
siempre aparece el mismo emoticón.
Recordar el ayer es mi condena.
318-omu G.S. (bcn. 2016)
Edad primigenia

Cómo comprender que los cercos y las alambradas nacen desde uno mismo.
No deberíamos pensar, actuar o decir, como tratándose de entidades distintas.
Si triangulásemos en consonancia, quizás lograríamos tejer lo que deseamos sobre este tapiz denominado realidad, así cancelando imposibles.
El hombre contradice sus razones,
crea leyes que se salta para inventar la injusticia.
Por juventud e inexperiencia busca principios,
pero desalumbrado y por inconsciente termina
por ahogar sus ideales,
restándole oxígeno al espacio y sal a la mar.
Posiciones 2
Que fácil resulta llevar a la práctica una política que defiende los intereses del capital. Otra cosa, sumamente difícil y muy distinta, es elaborar unas leyes que defiendan al pueblo llano, dándole lo que le corresponde por esfuerzo, retornándole su dignidad.
**
Puñales lanzados desde un estrado. Dosificar contrincantes. Simular enfrentamientos encarnizados, cuando en realidad ciertamente hay: Actuaciones de estatuilla. Consentimiento de manos y espalda. Enemistades televisivas. Copas compartidas en la barra de un bar o comidas copiosas donde son cerrados acuerdos dantescos. Abrazos comedidos y besos amigables entre actos y adjuntos a una frase cordial «saludos a la familia». Sólo hay: Falsedad a raudales.
**
En las entrañas del comercio
¡la política!.
Anida el rutinario bla… bla… bla… ceremónico
que alienta absurdos,
trivialidad,
banalidades humanas
y fijaciones repetitivas.
¡La política!.
Indispensable (según cuentan).
Lamentable (muchos dirían).
Elucubra y provoca
contrariedad social.
Aduce razones a una locura
llamada desigualdad
desde las entrañas mismas de la hipocresía.
Hay que ver cuanta satisfacción y riqueza
se nos muestra ofrecida
tan cercana como imposible;
mezclándose con honda pobreza
que exuda; lamento, dolor y desdicha
cuales resultarían
de moratoria posible.
En las entrañas de occidente
pestañea continuamente la ambición desmesurada
mientras vocean, inútilmente,
los tantos frutos de la ciencia y la tecnología
¡resuenan para unos pocos!.
Política muta en política:
Iglesia de falsos credos revive entre siglas.
Dicta, occidente.
Manda y envía consumismo exacerbado
a sus feligreses abduce y zambulle con causas
y los captura en el gasto volviéndoles adictos.
Desde las entrañas de occidente
un gran desazón ¡el capitalismo!.
Consumo que pesa como pena de tantos congéneres.
Consumo que paso y pasará indecente y sin gloria,
que por desdeñar la virtud del amor, es irreverente.
Consumismo intoxicante
que oprime inclemente,
que manipula y destruye la tierra y el cielo.
Consumismo configurado bajo las ordenes
de la vanidad y el poder,
admitido como el método adecuado
por cada uno de los que están situados
como gobernantes.
En las entrañas de los trabalenguas.
En las entrañas de la corrupción y de las payasadas;
legiones de bufones
escuadrones de parlanchines
diseñadores confeccionando
políticas nefastas.
318-omu G.S. (bcn. 2016)