D’uns caps amb cua / De unas cabezas con cola

L’escorpí
mostrant-se encisador
ensenya el cap.
Contradicció!.
Oblidat de tota mena de pietat
busca el descuit
i deixa anar la seva cua
per arribar-nos a picar.
Traïció!.
Verí perillós
commina la falsedat:
És lladra amagat
dintre de paraules que empaiten,
sota de paraules que enreden
la comprensió d’avui
i els camins de demà.
Qualsevol enteniment s’ofega
en nedar endinsat
en política que ofereix,
poques esperances
i falses lleis.
Escorpí és la política
En fugir del ball empàtic
i de les noces amoroses.
Dóna veritable fàstic
en vestir-se de comercial,
ja aquest cridés
o parlés fluix.
Què esperar
del que dient-se eina
carrega terra com si una pala
i ja després de fer un forat…
Enfonsa i mata,
assassina i enterra.
L’escorpí no sap res
de l’ample acollidor
ni del gruix educador
cabut en la mar.
No veu més enllà
de les costes pròpies
i les pedres properes
que aviat s’esvairan.

318-omu G.S. (bcn.2017)
**
(castellano)
El escorpión
mostrándose encantador
enseña la cabeza.
¡Contradicción!.
Olvidado de todo tipo de piedad
busca el descuido
y suelta su cola
para llegarnos a picar.
¡Traición!.
Veneno peligroso
conmina la falsedad:
Es ladrón escondido
dentro de palabras que persiguen,
debajo de palabras que enredan
la comprensión de hoy
y los caminos de mañana.
Cualquier entendimiento se ahoga
al nadar adentrado
en política que ofrece,
pocas esperanzas
y falsas leyes.
Escorpión es la política
al huir del baile empático
y de las bodas amorosas.
Da verdadero asco
al vestirse de comercial,
ya éste gritara
o hablase flojo.
Qué esperar
de lo que llamándose herramienta
carga tierra como sí una pala
y ya después de hacer un agujero…
Hunde y mata,
asesina y entierra.
El escorpión no sabe
nada del ancho acogedor
ni del grueso educador
cabido en la mar.
No ve más allá
de las costas propias
y las piedras cercanas
que pronto se desvanecerán.

318-omu G.S. (bcn.2017)

De cabezas por las mangas

Deambular
tristemente metido
dentro de adentro.
¿Miedo?
¿Recelo?
Atrapados en la cobardía
somos desestimados como destello.
¡Quién nos conocerá!
-Es de cera el museo-
¿A quién conoceremos de veras
si tememos presentarnos?
Si así fuera…
asistimos a la vida
ahogados por el desconocimiento:
nulos de nado y faltos de remos.
Escondidos; mermamos,
padecemos deriva
y las peores arrugas del diccionario.
Adheridos al pliegue de la comisura
que desiste y desasiste
con expresión apagada,
afeados, sufrimos
de nuestras coordenadas inexactas y equivocadas.
Asomar a medias equivale
a irrelevante por irreconocible;
a una recta sin meta,
a una línea aburrida,
cansina, sin curvas.
A una definición horrorosa, descolorida,
abstracta y exenta
de contenido revitalizante.
A un misterio inservible
que jamás concederá ilusión ni respuestas.
Aparentando ser tanto y…
¡De cera. De cera!
¡farsa sobre interpretación
y más ficción y más farsa!
tanto podríamos
y optamos por ser nada:
Tímidas nubes que no pintan creación ni regalan gotas.
Fotografía velada,
carente de rostro y de paisajes.
Somos estación inmutable
que elude la marcha
e inutiliza designios.

¡Aparece matriz!
Recupera mis formas perdidas.
Aligérame de causas banales
empuñadas por circunstancias.
Retórname al chiquillo
que la fuente lo espera.

318-omu G.S (bcn. 2016)

Quiero…

Quiero tener una empresa privada a la cual, cuándo hierre en la gestión o le fallen sus inversiones, le concedan préstamos con pocas exigencias y adheridos al retorno dudoso. (Así, sabiendo de tales condiciones, yo mismo me atrevería a ir al casino e intentar que saltase la banca).

Quiero ser directivo dentro de un comite bancario, argumentando los números según me conviniera, para, deshaciéndome de demandas y requisitos, aumentar las ganancias empresariales de los que represento a la vez que le sumo ceros a la cuenta personal de cada uno de mis años. O quiero ser político que, ya abandonado su cargo, se convierte en asesor de multinacionales con el derecho a cobrar por lo que es y por lo que fue; aunque la crisis ahoge hasta someter a las peores penurias, a tantos ciudadanos que se esfuerzan, mal remunerados, o a esos otros, más débiles, ya cansados, que perdieron la salud en sus correspondientes puestos de trabajo.

Quedo siendo un obrero a quien le cuesta llegar a fin de mes. Al cual extorsionan, con la sombra del paro, para que no se rebele y admita, como salario, un importe miserable que no le permite asumir los gastos indispensables. Trabajador que cumple la ley; paga sus impuestos y cotiza sin falta, que para su mañana desconoce si le corresponderá cobrar una pensión o tendrá derecho cuando precise de asistencia sanitaria. (Aun cobrando sueldos de pena, poco a poco nos empujan y casi exigen que nos proveamos nosotros mismos de recursos para afrontar nuestra vejez —ya me dirán como gestionar para que no sea nulo mi ahorro—).

Quiero que cualquiera de los dirigentes electos cumpla su palabra, procure por el interés de los ciudadanos y no hurte ni engañe, que mantenga su corazón bien despierto y los pantalones agarrados en su cintura y nunca por debajo de sus nalgas.

Quiero honestidad y que marche la desvergüenza. ¿Todavía se puede pedir aquello que uno quiere?. Afrontamos nuevas formas de esclavitud; Una entidad conformada por rostros invisibles y nombres desconocidos nos somete sin precisar de violencia ni grilletes. Provocan la desunión suministrándonos grandes dosis de diferencias que nos apartan a los unos de los otros. Se abastecen de nuestros miedos para que perdamos una lógica constructora y hasta la memoria que, sustentando a la razón, delata la irresponsabilidad e incoherencias de una civilización nuestra que estipula su paso adelante en un sistema deplorable que se prorroga gratuitamente y permitimos.

Antesala de beneficios

La enfermedad se pondrá todavía más de moda en occidente. Los síntomas son evidentes; la sanidad pública reduce considerablemente los servicios que nos ofrece, mientras la privada gana adeptos y añade más ceros positivos sobre sus números.
Los ciudadanos padecemos de los gastos inevitables que representan las pruebas médicas que precisamos de realizar cuando comprobamos que las citas para las mismas se alargan en el tiempo. Nos hacen reparar que en los pasillos de urgencias de los hospitales, nos esperan, por días, unos tantos doloridos entre otros tantos moribundos.
La enfermedad interesa tanto que no se preocupan en curarnos aquellas dolencias que podrían perfectamente sanar, prefieren cronificarlas. Los ministerios correspondientes permiten conservantes, colorantes y demás sustancias nocivas en el apartado cosmético y alimentario. Permiten y potencian, a sabiendas (ya que hay estudios contrastados, a nivel internacional, acerca de la aportación nefasta de dichas sustancias), la enfermedad, pues las empresas de los sectores correspondientes, contribuyen, mediante los impuestos, a darles mayores beneficios que lo que como administradores de un estado barajan gastarse en sanidad.
Se oye decir que un sinfín de políticos, a nombre de otros, están desde hace ya un buen tiempo invirtiendo en mutuas sanitarias privadas y entidades que gestionan planes de capitalización y pensiones extras.¡Cómo dudar entonces, hacia que lado les interesa inclinar la balanza!.

El péndulo

congost de Montrebei

El péndulo conoce sus límites,
sabe donde sus movimientos deben llegar.
Repudia los presagios
y se abstiene de pronósticos.
Se balancea, inexorable, combando las rectas.

Entre cantos de sirena
y tridentes e ideas y martillos
¡una civilización!
optando por creer
que su mente es sabia
y sus manos son diestras como para levantar
figuras duraderas.
Hasta alega que su hacer es artístico
mediando abominación.
Una civilización privilegiada
pero adicta a los desacuerdos,
que rehusando la cordura simbiótica
proyecta borrones y reparte manchas
sobre el suelo y su futuro.

El péndulo persiste.
Soporta la gravedad y los gases,
quimioterapias y oxígeno,
orfandad, nacimientos y contiendas;
es movido por multitud de geometrías
configuradas por soles
— algunos, venerados, y los mismos, catastróficos —
y astros y estrellas, cotidianas e ignífugas
que descifran la extensión de la vida.

El péndulo: Metrónomo.
Recolector de centurias insospechables,
El péndulo nunca se asusta
mientras saborea los vaivenes.
El péndulo:
Ajeno al apunte y a los registros
alejado de la sentencia que es la memoria
confía en el acierto natural.

318-omu G.S (bcn. 2015)

Por las zarpas de empresarios

por las zarpas de empresariosHace ya unos cuantos años, aprovechando estos tiempos de crisis, los empresarios se pasan por el forro los convenios laborales, mientras los trabajadores, amilanados, no nos atrevemos a reclamar aquellos derechos conseguidos mediante el esfuerzo de generaciones anteriores. No nos atrevemos debido al miedo que sentimos cuándo valoramos la posibilidad de perder nuestro empleo. La angustia y el miedo es real, pues nosotros, como trabajadores asalariados, conocemos acerca de la larga cola de desempleados que esperan inscritos en las listas del paro, personas dispuestas a ocupar nuestro puesto al precio que sea.

Los empresarios abusan, exigen rendimientos excesivos a sus trabajadores, ellos ejecutan despidos improcedentes al ser conocedores del nulo o bajo coste que les representa -la administración asoma benévola para con ellos, diría que hermanada y condescendiente; urde y permite a sabiendas de tantas irregularidades e injusticias que acontecen-
La legislación se modifica continuamente para consentirles maniobras que les beneficien y satisfagan; a los correspondientes mandatarios les conviene tenerlos contentos. Sigue leyendo

Corazón, mente y unas manos

ALFARER

«En un principio la nada quiso parirse a si misma: se abrió como senda para  mostrar un sinfín de bifurcaciones.»

Los hombres y su bondad (originaria).
Los hombres y su maldad (arcaica).
Sólo un huevo y la eclosión.

… Y junto a esta dualidad (bondad y maldad), una actualidad repleta de contrapuestos en cual se suceden las combinaciones y alternancias.
Los hombres nos contradecimos, padecemos de una esquizofrenia disfrazada de normalidad; infinidad de inclinaciones cotidianas determinan el desasosiego y la falta de frutos.
La contradicción vive constantemente, nos damos cuenta si el individuo confronta palabras y acciones. Tanta es la contradicción existente, que los hombres caemos en un estado de desequilibrio insalubre (podemos tratar de mentir a los demás, pero nunca escapar a nuestra verdad).
El desequilibrio, a su vez, acarrea la locura que demuestra este sistema mundial que nos rige: construye una sociedad repleta de minorías, llena de barreras inhóspitas y tabus incoherentes e incomprensibles, así como falta de entendimiento, de altruísmo y de cohesión.

Cuándo los hombres hacemos (repletos de soberbia; mirando por encima del hombro al resto de elementos existentes), nos jactamos de disponer de la racionalidad (bendita herramienta), mientras destruímos las porciones más valiosas que dentro de nosotros y a nuestro alrededor vamos encontrando.

¿Qué es miseria?

318-omu G.S. (Bcn. 2014)

Magnetismos

      Entre otras cosas, se nos da bastante bien, a los humanos, el despotricar sobre el amigo del vecino de nuestro primo al cual sólo hemos visto en un par de ocasiones; no está mal, contando, claro está, con que lo hacemos de manera altruista, además no cobrando ni un euro por ello.
        Aquí me encuentro, pensando la de veces que nos resulta mas agradable ver la paja en el ojo ajeno que no en el propio: lo cómodo que resulta preocuparse por los valores que deberían tener los demás, y no por los actos que, durante nuestro día a día, tendríamos que corregir o promover. La verdad es que no sé en que medida estamos preparados para atender a la voz de alarma al recibir ese sobresalto que devendría al comprobar, si es que fueramos honestos, lo mortales, ruínes, monstruosos e imperfectos que somos, al igual que darnos cuenta dels mucho trabajo que, en nosotros mismos, nos queda por hacer.
—¡que yo NO!
exclamaría y nos discutiría alguno, esgrimiendo su espada de justicia y  perfección.
    
—que mis pasos marchan a favor de alcanzar una nueva era: la del reencuentro entre hermanos y la solidaridad. Que mis pasos se dirigen en pos de un nuevo inicio: de un reseteo, en el que se pierdan esos vicios, esos códigos y esas fórmulas adquiridas sin tan ni darnos cuenta, con las que cargamos, encontrándolas como normales, al estar más que adheridas. Adquiridas, mediante la cultura que se quedó encallada en una vuelta concreta: Por educaciones que se impartieron según conviniera para una mejor manipulación. Por tabús que pueden devenir del entorno más familiar, cotidiano y directo. O por complejos que arrastramos por falta de aceptación de la realidad que nos pertoca; aspectos cuales colapsan la comprensión de aquellos (nosotros), los que por naturaleza intrínseca, dado el vínculo y las coincidencias irrefutables, debieran demostrar empatía y ser buenos entendedores.
 
      Ahora es cuando te escucho, al advertir que declinas de una posición egocéntrica e interesada, la rechazas y buscas un remedio alternativo que pueda proporcionarnos el reencuentro identitario, y, por supuesto, con el cosmos; puesto que «al cesar lo que es del cesar» y visto como se quiera ver, no dejamos de ser una partícula de entre infinitas partículas, de esta gran familia que es el universo.  
Tan siquiera darme cuenta de lo escurridizas que son las ideas, de lo efímero que son, algunas veces, los ideales que acometemos.
Razones para esforzarme o luchar, no me faltan; tenemos motivos importantes más que suficientes para decidir nuevos rumbos. Porqué, entonces, asoman tantas dudas demoliendo ilusiones e ideales, obstruyendo los mejores caminos; proyectos que, aun pudiendo tacharse de ensoñación, parecen metas factibles que cabrían como nuestra realidad.
Me tomo de una mano, me llevo, a regañadientes, hasta un espacio alejado de la la distorsión voraz; rincón en el cual, sinceramente escuchó esta pregunta…
 
¿Son, acaso, tres gotas de lluvia en algo parejas a millones de otras gotas?… Simplemente me queda responderme «cuanto en común tiene con el resto, mi identidad».