Para algunos… la moneda tan solo tiene una cara

Un sudor venido por el sufrimiento
endurece con callos el alma y las manos
de una cuarta parte de los niños,
adultos y abuelos de este mundo.
Los hay que si conocen el verdadero precio
de un vaso de agua o de un mendrugo de pan.

Crepuscular, cruje la crisis,
ruje la halitosis del engranaje.
Las bisagras, ruedas y tuercas
se quedaron faltas de aceite.
Ásperos, los rodamientos rozan
y el sistema aparatosamente se encalla.
Oxidado, lleno de mugre y estrías, chirría.

Un occidente lastimoso
y ciego del resto,
reclama apenado
mientras solloza equivocado
cambiando del escaparate
los precios y los maniquíes.

Hipócrita, el estado de consumo
domina, reforma y constituye
una alteración en el contrato,
revisa, modifica y, según conviene, alterna
la validación y la caducidad de los términos.
Deja de morder, mordisquea,
aminora su ritmo
pero igualmente engulle.
El sistema prosigue la alienación,
maltrata y malea,
simula bienestar y afabilidad,
aparenta ser bonanza
cuando su ferocidad
comporta, acarrea tormentas.

Occidente, descontrolado consume,
desentendiéndose, barre para su casa.
Interesadamente intercambia
armas por diamantes.
Trafica con la esclavitud.
Sopesa con una balanza
equilibrada con sangre y miseria,
regida por una justicia,
la del mayor de los desatinos.

Desarrollado, occidente.
Generoso y desprendido,
observa las direcciones
y regala al subdesarrollo:
Grandes, enormes barrigas
rellenadas por el hambre.
Occidente no padece
por penas ajenas
que en otros causan desdicha.
Occidente se acuerda
de África, de Asia y Oriente
y les obsequia
con fabulosas bacterias,
las cuales espléndidas,
portando guadaña,
elevan, en esas tierras,
el índice de mortalidad.

Una buena parte de este mundo
todavía investiga y se cuestiona
dónde estará ese segundo planeta.
Y si existe el desarrollo,
el tercer mundo
tendría que hallarse
en la cuadratura
de un extraño contrapunto.
Se evidencia
(hasta en esto),
falta de delicadeza.

En la cadena de montaje:
el método, permisivo,
amortigua con farsas
los gritos que son quejas
y resuenan.
El método basa su poder
en la ambición,
la competitividad
y la codicia.
Monótonamente
huele a chatarra,
a caucho quemado,
a polvo alumínico
y a goma gastada.
La fórmula escupe y rocía
la mente y los pulmones
con ácidos corrosivos,
con monóxidos y depresivos,
cancerígenos y contagiosos.

Mientras tanto…
en el barrio de al lado,
entre zancada y zancada,
dan las gracias cada día
al recorrer a pie
veinticinco kilómetros.
Dan las gracias
por disponer
de un camino hacia el trabajo (mal pagado).
Dan las gracias
por tener una choza
de caña y barro
y poder hilar sus esteras
con pellejos de coco
o disponer de sus hamacas
colgando para descansar.

Mientras tanto…
los vecinos de finca,
desde la misma parcela,
desde la flotabilidad
del mismo globo terráqueo
se dan la mano,
llenan su plato (si pueden)
con tortas y cereales
y de cuclillas sonríen.
No conocen los excesos,
no desperdician irresponsablemente.
Le agradecen a la lluvia
a los ríos, a los lagos y al mar.
Son conscientes
y se congratulan
del sol, del cielo, del árbol
y de la montaña.
La grandeza para ellos está
en algo tan simple
como el ver a sus hijos dibujar
con lápices de colores
y marchar con alegría confesa
para acudir a la escuela.
Encuentran el confort
en una vieja manta raída
pero que les abriga,
necesitan de un poco de algo indispensable
y con ésto tienen mucho, tienen suficiente.
Veneran un pozo con agua,
una tierra fértil,
el pájaro o el pez que se les ofrece.
Disponen de una leve carga espiritual,
su posible brevedad es su felicidad.

318-omu G.S. (22/10/2010)

Posiciones 2

Que fácil resulta llevar a la práctica una política que defiende los intereses del capital. Otra cosa, sumamente difícil y muy distinta, es elaborar unas leyes que defiendan al pueblo llano, dándole lo que le corresponde por esfuerzo, retornándole su dignidad.

**
Puñales lanzados desde un estrado. Dosificar contrincantes. Simular enfrentamientos encarnizados, cuando en realidad ciertamente hay: Actuaciones de estatuilla. Consentimiento de manos y espalda. Enemistades televisivas. Copas compartidas en la barra de un bar o comidas copiosas donde son cerrados acuerdos dantescos. Abrazos comedidos y besos amigables entre actos y adjuntos a una frase cordial «saludos a la familia». Sólo hay: Falsedad a raudales.

**
En las entrañas del comercio
¡la política!.
Anida el rutinario bla… bla… bla… ceremónico
que alienta absurdos,
trivialidad,
banalidades humanas
y fijaciones repetitivas.
¡La política!.
Indispensable (según cuentan).
Lamentable (muchos dirían).
Elucubra y provoca
contrariedad social.
Aduce razones a una locura
llamada desigualdad
desde las entrañas mismas de la hipocresía.

Hay que ver cuanta satisfacción y riqueza
se nos muestra ofrecida
tan cercana como imposible;
mezclándose con honda pobreza
que exuda; lamento, dolor y desdicha
cuales resultarían
de moratoria posible.

En las entrañas de occidente
pestañea continuamente la ambición desmesurada
mientras vocean, inútilmente,
los tantos frutos de la ciencia y la tecnología
¡resuenan para unos pocos!.
Política muta en política:
Iglesia de falsos credos revive entre siglas.
Dicta, occidente.
Manda y envía consumismo exacerbado
a sus feligreses abduce y zambulle con causas
y los captura en el gasto volviéndoles adictos.
Desde las entrañas de occidente
un gran desazón ¡el capitalismo!.
Consumo que pesa como pena de tantos congéneres.
Consumo que paso y pasará indecente y sin gloria,
que por desdeñar la virtud del amor, es irreverente.

Consumismo intoxicante
que oprime inclemente,
que manipula y destruye la tierra y el cielo.
Consumismo configurado bajo las ordenes
de la vanidad y el poder,
admitido como el método adecuado
por cada uno de los que están situados
como gobernantes.

En las entrañas de los trabalenguas.
En las entrañas de la corrupción y de las payasadas;
legiones de bufones
escuadrones de parlanchines
diseñadores confeccionando
políticas nefastas.

318-omu G.S. (bcn. 2016)

S.O.S Rescate

¿ Conoces la libertad, o procede que actúes para llevar a cabo tu propio rescate ?.
—Empujados. Sometidos a introducciones astutas y a mensajes subliminales que nos inclinan hacia decisiones que no son nuestras—.
¿ Escogemos nuestra identidad o nos la imponen ?.
Eludimos sentirnos mal y reconocer una realidad que consentimos; entonces, enmascaramos porciones de nuestra vida, amasamos subterfugios. Pugnamos entre caracteres mientras defendemos una personalidad impersonal inventada, interesadamente, para que el poder prosiga sostenido por unos pocos.
Inercia. Inopia. Sumidos en la manipulación que da como resultado; seres inmutables, seres clonados.

 

Distraernos para no advertir la perdición. Simular disponer de conocimiento y vocear, dando a entender que poseemos una gran verdad. Anhelar ser mitos.
Hablar y hablar. Sufrir de verborrea mientras estamos sometidos al influjo de una caja hermética.
Planeta Hollywood. Teatro-mundo repleto de actores. Avergonzarnos de la desnudez cuando es y representa placer, completud y nacimiento, cuando es delicia. Optar por la sordera y presumir de ver aun padeciendo la ceguera.
Era de engaños y confusión. Credulidad absurda. Embeleso hasta el babeo. Siglo de «narcisos» rodeados de centenares de espejos donde admirar sus imágenes e incluso sus equivocaciones. Personajes que fueron engullidos por un sistema antinatural y preconcebido. Individuos tragados por el fango pegajoso del yo competitivo e inmutable que camina ajeno, desentendido de la empatía y la solidaridad del grupo.
La muerte cierta sobrevive, lastimosamente, dentro del barro de la vida. Alguien sabría decirme dónde se hallan los límites que evidencian la realidad y la ficción.
Lado-Pájaro. Lado-Espino. Me agrada escuchar su nombre nativo «hierba húmeda».

Contradicciones

Cuántos y cuántos son los hombres que mientras llenan sus bocas repitiendo y repitiendo querer justicia y libertad, manipulan las leyes de un estado, la suerte de otros seres, las normas de este mundo, adjudicándoles; gruesas cadenas, penuria y hambre a sus vecinos, dictando desequilibrio, dolor y muertes innecesarias junto a esclavitud.

***
La corrupción no es parte pequeña dentro del sector laboral y bien lucrativo que es la política, tanto da que la lengua de los parlamentarios sea una o sea otra, o que teológicamente estén ubicados en una posición de credulidad religiosa o filosófica o defendieran el ateísmo, o que su afiliación a unas determinadas siglas haga aparecer a su persona así como inclinándose y posicionada hacia unas tendencias concretas; la corrupción impera, de una forma u otra, por todos los lugares del planeta. El poder suele equivaler a corrupción y es imposible que un individuo se mantenga en la élite del poder sin estar tocado o de algún modo permitiendo u omitiendo la tanta corrupción que deambula imposibilitando la ejecución de que se constituyan y materialicen los mejores proyectos comunes para el total de los habitantes de esta tierra, sin diferenciarse ninguna de las posiciones o de las culturas a la hora de renovar las maltrechas directrices de nuestra sociedad.
La corrupción es posiblemente una de las partes que nos sobreviene como furtiva y latente a la condición humana, quizás cabe dentro de nosotros como una inclinación que acontece inherente. Tal vez contribuyan a esta tendencia las grandes dosis de información que nos lanzan y lanzan para manipularnos con mayor facilidad. A esa insolente cantidad de mensajes subliminales que utilizan para programarnos, sin tan siquiera, nosotros, ser conscientes de ello. La corrupción termina por aparecer a medida de que nos procuramos concesiones que redundan egoísmo, al creernos con el derecho de cerrar los ojos y dejar de escuchar las verdades desagradables e innecesarias que acontecen cercanas y de las que somos participes, que existen, porque a ellas contribuimos.
Habitan muchos automatismos en nosotros, algunos que acaecen por la dejadez y otros que aparecen y perduran al prevalecer, siendo respuesta, este interés personal que menciono. La reiteración constante de que nos debemos a la constitución y reafirmación de nuestro yo como individuos solamente está abanderando competición y fronteras, hemos sido conducidos hacia la normalización de las diferencias, a esa meta donde las diferencias asoman como deficiencias y como realidad destructiva, no como eficiente fusión que reportará mejoras en nuestro avance. Nuestros mandatarios, el poder que establece, visible o en la trastienda, se ha olvidado o para nada le conviene evidenciar y demostrarnos que una buena predisposición, en todos los seres, a la solidaridad y en todos los ámbitos, provocará el entendimiento saludable, es la más eficaz de entre las tantas herramientas de las que disponemos para ejecutar el cambio hacia una tierra que desde siempre ya tenemos, pero que perdió, por alguna causa, la lógica y razón de la mejor de las conciencias.

Los efectos colaterales que repercuten en la vida de cada uno debido al estado ajeno acaban por demostrarse evidentes; los humanos renunciamos a ser realmente humanos cuando demostramos cuanto es de grande nuestra parte de incivilizados.
Generación tras generación, si prestamos atención, observamos como incluso ha llegado ese tiempo en que confundimos lo que significa victoria, llegando al punto triste de venerar un seguido de ruindades, miserias y derrotas.

Los falsos beneficios del ahorro energético

Los falsos beneficios del ahoro energéticoAlgunas cadenas televisivas y emisoras radiofónicas, periodicamente y sin falta, se dedican a publicitar lo tanto de económicamente beneficioso que asoma, con las debidas prácticas, al alcance de nosotros como consumidores, si es que, siendo responsables, adoptamos las medidas convenientes en lo referente al consumo energético.
Estoy hasta las pelotas que me coman la olla con información que no me reporte, en realidad, ningún provecho personal; cabe añadir, preocuparme en hacer, para que un seguido de grandes multinacionales incrementen todavía más sus beneficios —siempre me quedará escuchar (posiblemente, por boca de necios), cuánto y cuánto me agradecerá este ahorro de energía la madre tierra—.
Las compañías eléctricas, como cualquier negocio que pretenda ser rentable, deben conseguir números positivos en sus respectivas anualidades, suceda lo que suceda, los tienen estipulados. Para que esto devenga así, también, si lo necesitaran, les sobreviene la ayuda de las respectivas comunidades y gobiernos. Resulta, por lo tanto, una verdadera falacia el hecho de que los ciudadanos consigamos reducir el dispendio si tenemos a bien seguir la retahíla de consabidas propuestas que nos señalan como ideales si es que pretendiésemos economizar nuestras facturas energéticas. Energías que creemos imprescindibles, que nos aparecen como irrenunciables, dentro de esta nuestra mentalidad de mundo desarrollado y occidental.
Nos indican las franjas horarias que nos convienen para abaratar el coste de nuestras facturas. El cambio de instalaciones y de aparatos eléctricos antiguos por otros que han sido catalogados como mayormente eficaces al aminorar el consumo. Han conseguido que cambiasemos el modo de iluminar nuestros hogares, inclinándonos a optar por bombillas que nos resultaran más rentables (demostrándose, a posteriori, que el tipo de iluminación que nos han propuesto es altamente nocivo, pues, dicha iluminación «luces fluorescentes de bajo consumo «CFL»» desprenden ante el desgaste dado por los cambios térmicos inevitables y en la forma de polvo imperceptible, partículas de mercurio que, seguro, terminarán por respirar toda nuestra familia dentro del hogar (está prohibido el uso de mercurio en los aparatos eléctricos y equipos electrónicos, pero consentido su añadido dentro de unos baremos acordados).
Expuesto el asunto de los beneficios empresariales y hecha una ligera anotación al respecto de cuánto y cuánto tienen los gobiernos sus manos atadas ante las grandes economías empresariales. Queda claro que a medida que los ciudadanos adoptamos las fórmulas que se adecúan al ahorro, cada una de las empresas vinculadas al sector energético, al observar como momentaneamente reducen ingresos y por lo tanto beneficios, efectúan un incremento en cualquiera de los apartados de nuestra factura, reajustan para proseguir con su escalada de beneficios. Consiguen cuadrar sus cuentas y aumentan sus beneficios, al aún proveyendo menor cantidad de energía (dado nuestra preocupación y esfuerzo), incrementar ¡ todavía más !, sus ingresos.

¡ Hasta los huevos !. En este sistema donde prevalece la competitividad devoradora y está autorizada la crueldad máxima, donde los combates se repiten inagotables y se prima la eficacia en las finanzas a cualquier precio. Sistema que adoptó como norma básica e ineludible la gula consumista. Sistema en el que impera una ley depravada «el que más tiene es el que manda, pues, él es el más fuerte». Este sistema favorece únicamente a los que realizan las apuestas sujetando el mayor capital. Este sistema es una grandiosa y sucia trampa para todos aquellos que somos obreros. El poder es conocedor y se vale de nuestra credulidad —para mí, la credulidad, una mezcla deliciosa que cabalga entre la danza angelical y una de las medias verdades humanas—. El poder fabrica; sabe acerca de la importancia de generar ignorantes y sumisos; hombres y mujeres que se conformen con unas pocas banalidades y retoques superficiales que sólo resultan ser instantáneas que pronto se extravían: espejismos que tienen prisa, puntuales y cambiantes. Al poder le interesan seres que piensen que ya hallaron la felicidad y sonrían agradecidos. El poder conoce los tantos por ciento: Cuánto debe apretar las tuercas sin que se estropee el funcionamiento ¿perfecto? que le conviene y se pare o estalle. Cuántos tienen que padecer enfermedades y sufrir la miseria. Cuántos corresponde que sobrevivan o deben sumarse a la lista, como muertos.
Cohabitamos dentro de una fábrica. Existe una máquina que funciona aceitada con sangre. Debemos hallar, el pistón o uno de sus ejes o correas o poleas, esa pieza desde cual le sobreviene el impulso. Cabe encontrarla y golpearla y destruirla hasta que no más ande y ya no requiera de sudor, lágrimas y de nuestro aceite.

El péndulo

congost de Montrebei

El péndulo conoce sus límites,
sabe donde sus movimientos deben llegar.
Repudia los presagios
y se abstiene de pronósticos.
Se balancea, inexorable, combando las rectas.

Entre cantos de sirena
y tridentes e ideas y martillos
¡una civilización!
optando por creer
que su mente es sabia
y sus manos son diestras como para levantar
figuras duraderas.
Hasta alega que su hacer es artístico
mediando abominación.
Una civilización privilegiada
pero adicta a los desacuerdos,
que rehusando la cordura simbiótica
proyecta borrones y reparte manchas
sobre el suelo y su futuro.

El péndulo persiste.
Soporta la gravedad y los gases,
quimioterapias y oxígeno,
orfandad, nacimientos y contiendas;
es movido por multitud de geometrías
configuradas por soles
— algunos, venerados, y los mismos, catastróficos —
y astros y estrellas, cotidianas e ignífugas
que descifran la extensión de la vida.

El péndulo: Metrónomo.
Recolector de centurias insospechables,
El péndulo nunca se asusta
mientras saborea los vaivenes.
El péndulo:
Ajeno al apunte y a los registros
alejado de la sentencia que es la memoria
confía en el acierto natural.

318-omu G.S (bcn. 2015)

Rayadas, rellanos y rellenos

« Hasta que no se indague acerca de la manera de concederle gozo al alma, ninguno de los sistemas habidos o que inventemos llegará a mostrarse como engranaje eficiente para caminar.»

rayadaEmbestidas y atropellos de guante blanco: Hoy de beneficios para algunos. Desdicha para la inmensa mayoría. Mañana de catástrofes para todos.
Bien delimitados están los lindes; por verjas y alambradas que aparentan ser infranqueables pero que perfectamente podrían ser derruidas —el final y la lectura como tal de la muerte interesa que exista—. Por muros hormigonados afianzados dentro de los corazones y las mentes. Por un cántico de imposiciones determinantes y de credos obsoletos que solamente conducen a vivir escasos de luz y en la trastienda. Arrastramos, desde hace largo tiempo y sin tan siquiera darnos cuenta, figuras inservibles y estructuras deformes cuales potencian desviaciones ilógicas, tropiezos y torpeza, enfrentamientos innecesarios y recelos que conducen hasta las paranoias más sutiles y difíciles de erradicar al ser sumamente complejas. Permitimos la peor de las monotonías y renunciamos al arte posible y mayor, mientras hipócritamente pregonamos creer en sueños, querer salvar la tierra.

Dentro del cubículo no existen las diferencias —sucede que convivimos e interactuamos dentro de una caja precintada por unos pocos. Asintiendo ante la presión que revienta y consintiendo en que nos roben el aire y digan que simulamos asfixia—.
Sí que actúa la política, pero… ¡como una gran farsa!… Un encantamiento vomitivo que, con mayúsculas y negrita, resalta el valor fundamental de las normativas y las leyes, mientras, según convenga, esos mismos seres que legislan situados en los lugares privilegiados de un estado, personajes con sillón confortable y con derecho a voto preciso y contundente, a palabras en estrado y medios de comunicación a su alcance, modifican a su antojo o esquivan motivos de sentencias o cierran los ojos por momentos o se las saltan. Quizás, como simples marionetas incapaces de gestionar sus propios movimientos ¡dirigidas!, movidos por los hilos que manejan con su cruceta maquiavélica esos otros —de número ínfimo— que a su vez les permiten y posicionan, cuales verdaderamente dictan las normas del juego en este planeta.

La política de urnas y de estrado. Una política de engaños consecutivos. Pero… como resulta, fuera de libros, teorías y tecnicismos, como resulta, en que se convierte, a pie de calle, durante su aplicación, si es que la medimos con el pragmatismo tangible que nos demuestra con cada una de sus formas pretenciosas:
El comunismo: Hipnotismo. Falacia. Sólo palabras. Igualdad venida a menos que queda en nada a causa de la condición humana con sus consabidas miserias.
Y, este socialismo: Término medio. Maquillaje urdido dado sobre la maquinaria para elaborar fácilmente una tela seductora de araña donde terminará atrapada la sencillez estupenda de los obreros, de los obreros crédulos.
El capitalismo: Moneda sumada a monedas. Un modo que usa mil engaños y consigue que los hombres renieguen del sonido musical y las razones ilógicas pero magníficas del corazón. El capitalismo: Desequilibrios. Descompensación. Competitividad y ambición. Pugna de poder. Desmesura. La justicia relativa. La injusticia que nada valora la dedicación y la entrega de las tantas hormigas que incesantes trabajan.

Sabe a cobardía el reparto interminable de agresiones que reciben seres bondadosos e inocentes e indefensos, tanto jóvenes y niños, como los casi ya desvanecidos dentro del crepúsculo del cansancio y el sueño, por viejos.
Sabe a cobardía la suerte tozuda que provee de infortunio a los débiles. La suerte que no es casualidad vertida por el destino. La que determinan las decisiones humanas cuándo se amparan en conjuros demoniacos que susurran promesas y tutelan ambientes travestidos.

Cosido a coces

Mirar al sur
y entender extraños.
Suponer lejos, lejos, lejos,
la marea,
diferencias mayúsculas
y desastres.
Giramos el ventilador
—nada importan los quejidos de inocentes,
su asfixia y necesidades—

Nosotros: norte y primero
vigilantes y huraños
¡contando!
cuando sólo cabe uno.
Aquí, teniendo el aire guardado en la despensa
encerrado bajo llave, aunque nos sobre.
Volcados en saciar vanos caprichos
¡expropiando respiros!
esparciendo basura y odio.

Contemplar el sur
y evidenciarse la nobleza que resguarda.
Saborear su poderío
y oler la hermosura de esas tierras.
Comer de su mar y sentir familia
y comprender hermanos
faltos de brillo y de fuego
pero poseedores de joyas y leños.

Saber del sur;
de su riqueza,
acerca de la contracorriente que sufren
y sobre su paciencia.

Remar
para que hinchándose pronto las velas
reconozcamos iguales
y se prodigue el bienestar:
Saludo, comprensión y abrazos.
Pasada la ventisca…
rocío fértil,
rastros despejados
y rostros limpios.

Volar adentro para ver:
Caminar y más camino.
Navegación y más océano.
Camino y navego
hasta cruzar la cobardía
y abordar los miedos y el absolutismo
cuales discriminan tanto y tanto
como para ampliarse los cercados
y aumentarse las vergüenzas.

Grito «consecuente» y recorto diferencias.
Logrando que desaparezcan
razones de patria y beneficios
o religiones o culturas que son niebla.
Pueden remitir los horrores
tras lustrarse unos pies
e higienizarse suficiente las mentes
Podemos voltear un sistema
que se demuestra ineficaz y retrógrado;
y hacer y jugar con juguetes
tras ponerlo del revés.

(Creo en las utopías:
Una mesa delicadamente y con gusto servida, y…
empezar: do-re-mi-fa-sol-la-si…).

Saber cuánto de extraordinario es el vínculo
y deletrear p-r-ó-x-i-m-o-s
equivaliendo a lavados.
Disfrutar del horizonte
como estelas que aprendieron
los trazos del celeste
y las curvas y rectas del suelo,
estelas capaces de sumergirse,
subir a una cima o nadar.

Una hoguera cuenta mientras prende,
que ya fueron incendiadas las banderas
y devuelto el juicio que vislumbra el sur
¡al sur! como principio.

318-omu G.S. (bcn. 2015)

Jugada i pas a la glòria / Jugada y paso a la gloria

posat de camp

El camp, extens, llibertat que ens espera, demana música i cames i peus que vulguin ballar. Nosaltres, envoltats per mil reixes, darrera d’una porta, amagats dintre del bagul anomenat amnèsia, totalment perduts en mig del deliri, sense callar i entendre en escoltar; fent de déus, jutges i botxins, quan només som ocells espantats sostenint un bec incontrolable i un parell d’ales buides. Nosaltres, sabent que hi ha tant de valuós que podria deixar de ser ficció i enlairar-se sent possible. Nosaltres, seguim aquí, com animals obstinats… perseguint el naufragi, consentint desastres i fracassos; com a meravellosos planetes que van perdre l’òrbita i pateixen la seva deriva. Nosaltres, aquí, engabiats.
_____________

(castellano)

El campo, extenso, libertad que nos espera, pide música y piernas y pies que quieran bailar. Nosotros, rodeados por mil rejas, detrás de una puerta, escondidos dentro del baúl denominado amnesia, totalmente perdidos en medio del delirio, sin callar y entender al escuchar; haciendo de dioses, jueces y verdugos, cuando sólo somos pájaros asustados sosteniendo un pico incontrolable y un par de alas vacías. Nosotros, sabiendo que hay tanto de valioso que podría dejar de ser ficción y elevarse siendo posible. Nosotros, seguimos aquí, como animales obstinados… persiguiendo el naufragio, consintiendo desastres y fracasos; como maravillosos planetas que perdieron su órbita y padecen su deriva. Nosotros, aquí, enjaulados.

Contra la indecencia

a golpe de teclado

Protesto.
Aparecemos confusos, pasivos;
como si recorriendo
una ardua travesía por el desierto;
aceptando lo que viniera,
siendo hijos del desconcierto.
Permitimos.
Toleramos la incompetencia,
convenimos en que sea erigida
una torre altísima
sin fundamentos adecuados ni firmeza,
a la que mal nombraremos, Justicia
-faltándole el respeto al significar,
contrariando la esencia y dignidad
que converge y requiere tal palabra-.

La corrupción impera a sus anchas,
origina un sistema ineficaz
cual esconde sus fallas
y no rectifica ante la evidencia
de sus tantas carencias:
El verdadero traidor, corrupto y asesino
no es el hombre que roba un mendrugo de pan
o reclama sanidad o demanda una vivienda,
es aquel otro que, desde su posición privilegiada,
ambicionando tanto de innecesario,
tortura, daña, violenta y humilla,
quitándole el oxígeno a su especie,
mientras vocea, con timbre sádico
«viva mi dios de metal o papel,
¡salve el egoísmo!»
… y amputa miembros
-dando mesas borrachas: las que abrochan peligro
tambaleándose sobre tres patas-.
… y destripa equilibrio y cancela bienestar,
al añadir extremos que hacen mella
y que figuran como insoportables-.

Acosado por una cercanía
prescindible y quejosa,
que siempre acude,
que nunca es ajena,
que siempre me toca
cual le corta a parte de mi familia
la alegría que corre por sus venas…

combato con mi escaso saber de abecedario.

318-omu G.S. (bcn. 2015)