Más lejos que un extranjero

 OLIVO

Desde el trono de un pérfido Morfeo,

asoma, despiadado, un basilisco:

la turbia ensoñación que anquilosa

 

… se asoma, dictadora, aquella identidad

a la que le pusieron el sello de ególatra.

 

Pegajosa y absorbente identidad,

(un chicle que ahoga y enreda los cabellos).

que por adusta no afina a comprender;

del libro, sus matices; la lectura,

y que deviene como causante de ceguera.

 

Al servirse teñida

con un barniz de tacto impenetrable,

cual por saber no sabe,

ni siquiera escuchar

los sigilosos pasos de la lluvia,

percibir la raíz de todos los prodigios.

 

De la lluvia; su asedio:

Aquel goteo que

perece al revivir la animación del lago.

Un salpicón de ondas dialogantes,

que sorben los reflejos,

de solemnes paredes y de abetos,

de flotantes libélulas, de patos y de peces.

 

Reflejos cuales hablan, sobre plumas y escamas,

(que conocen acerca de los cielos;

de sus jabones, perfumes y enaguas).

Sobre los cardinales y las corrientes del mar.

Acerca de los vientos; monzónicos y alisios.

Y del dulzor, que inclusive guarda la sal

ya por fin desterrada, de cerebros y entrañas.

De toda pesadumbre que hay en la gravedad.

 

Cuentan, respecto a un ciclo interminable

cual, del todo, jamás se extingue,

así lo mismo; como sucede con el agua.

 

Pero ni los reflejos,

consiguen alcanzar

entender de los hombres,

muchos de los actos, (aquí vertidos),

y la contradicción

que convive sujeta a sus palabras.

 

De la lluvia; su intrépido

deslizar entre hojas y por cubiertas.

como si se tratara de chiquillos

alborotados, riéndose alegres

al caer desde altos toboganes.

 

La lluvia: cuando remoja y resbala

por las horneadas tejas cerámicas,

o derrota las negras losas de las pizarras.

La lluvia llueve ideas por doquier,

riega todos los campos, da cosecha,

refresca los tejados, descerraja ventanas.

Nos recuerda, con sus notas nostálgicas,

que es imposible existiera la noche

sin aquel son del sol de la mañana.

 

O con pastar experto,

(suma de tierra y agua),

ella elabora con dedicación,

desposa al dúctil barro.

Le regala vasijas a la mesa,

e hijos siendo semilla a cada casa.

 

(Que grato es contemplarla.

Cuando asiéndose al presente,

« ¡Lluvia!, simple alfarera »,

ya moldea el futuro

desde el trajín celeste y sus norias.

Desde las manos de vastos océanos

y con su gran memoria).

 

Mucho más lejos, que aquel extranjero

separado de costas y campiñas…

 

Está aquel yo, que creyéndose un Dios,

engreído se jacta

encerrado en su imperio.

 

…que no aprendió a oír

el ducho y musical aprendizaje,

¡saber de su propia sed!.

Ni pudo ver y tomar…

prender el vaso repleto de agua

que, humildemente, le daba la lluvia.

 

318-omu G.S. (Bcn-2013)

 

Con un toque de negro

  • fanal

Y en la ciudad;

un manto: la madrugada.

 

Y sobre la madrugada;

resuena potente,

limpia que limpia, el Agua.

 

Juvenil, se funde

con el asfalto y los adoquines.

Corretea juguetona,

no hay prisión que la retenga,

su fluidez la hace irresistible.

 

Traviesa, salpica persianas adormecidas,

y arrastra bolsas y cartones

junto a publicidades despegadas.

 

Remoja, el forjado

esmaltado de las verjas,

y las puertas aquellas,

que se abrirán para comerciar

cuando clame el día.

Agua, que corre y que corre.

 

Grueso, su chillido brota.

Desde una larga serpiente

que zigzaguea gomosa,

cual, igual se enrosca que extiende;

(bajo presión), divertida.

 

Desde una parlanchina manguera,

manguera domada

por unas manos expertas,

por unos brazos atletas,

que marcan, del agua, su dirección,

cuando la llevan.

 

… y las calles… pierden su aceite.

… y las calles… acicaladas por el hacer del hombre;

ya se despiden faltas de añoranza,

del peso, de su mugre.

 

Las calles pierden sus vértigos.

El olor a sudor

se disipan por las alcantarillas.

Quedando solapado

el trajín de la ciudad;

desmesurado y cosmopolita,

por el agua y su perfume incoloro.

 

« Buen canto,

da el baño con tu cristal,

siempre merece, la bienvenida.»

 

Mientras… las farolas conversan,

(unas apagadas,

otras encendidas).

Atienden a barrenderos,

borrachos y juerguistas

 

…cuales se comen la noche.

A vuelta de sueño y café.

A vuelta de eructos,

(con olor a vino y cerveza).

A vuelta de proyectos e ideas,

de desesperanzas e ilusiones.

Manteniendo latentes

sus propias promesas.

 

Cada uno de ellos;

como esta misma calle

donde hoy corre el agua.

Bajo un toque de negro,

mordisqueando la noche.

 

318-omu G.S. (Bcn-2013)

 

 

Por la gracia de esta suma

nosotros

 

 Uno del otro

…y sin el otro;

un «yo» de espaldas,

un «yo» sordo y mudo.

 

Uno sin el otro:

una mueca desgarbada,

o el desmotivado gesto

…menos que menos,

menos que poco expresivo.

 

 

¡Uno del otro!:

Un mismo pedazo de alba

que protege el sol con su azada.

La misma fracción de un segundo,

que nunca pierde su sentido,

y capaz, creativa transmuta su habla.

La confortable y cálida colcha del universo,

en que acurrucarme, tanto fuera;

como adentrado en el reposo, ya en la cama.

¡Uno del otro!:

Una misma madeja de lana.

La corteza de corcho donde asirnos,

cuando, furiosa, chilla la tormenta;

quiebra el cielo y esboza

con el golpe de lanzas

y el temblor de sus luces,

cuando impetuosa, la tormenta gruñe,

y para nada respeta,

a las anclas solitarias.

 

¡Uno del otro!:

La arcilla roja con olor a nubes,

que musita frescura así amando;

toda el agua y la vida

que con suma simpleza nos resume

la implícita elegancia de un cántaro.

 

¡Uno del otro!:

El unísono temple

que se vierte eficiente

sobre interminables espacios.

El latido que le da cuerda al tiempo,

y propaga, y extiende expertas citas;

el gran gozo donde nacen los suspiros:

el nosotros. Y con nosotros;

un enorme porque que nos explica

acerca de la imperdible existencia.

 

« Uno del otro,

sin el otro…un «yo» mudo.»

 

Uno sin el otro…

significa un nosotros perdido.

 

318-omu G.S. (Bcn-2013)

Junto a tu lectura

 Imagen156

Vos sois el punto y la cruz.

Un abrevadero,

donde poder calmar la sed

que provocan tantas injusticias.

 

Vos sois; un botón de muestra

que se ajusta al ojal

de una vida fecunda.

 

Vos sois; viaje y recompensa.

El trayecto que vuelca la eternidad,

(aunque nadie pueda demostrarlo,

aunque nadie de la muerte vuelva).

 

Cerca de vos,

le doy de lado

a cualquier absurda perdición;

perdición conformada

a base de inoperantes extravíos.

 

Le doy la espalda;

a mil pellizcos egoístas

que desvirtúan con su prisma,

al conocimiento

y el entendimiento.

Que confunden cuando sazonan, (así deshumanizando),

cada uno de nuestros pasos,

 

«Todo egoísmo usa una jerga ruin

que absolutista separa,

y viste con el lujo de miserias.»

 

 

Vuestras manos: cuenco,

(siempre lleno).

Vuestra verdad, (única);

esparcida con parábolas invertebradas,

que elaboran futuros proyectos.

Parábolas que hilan tupidas alfombras, (voladoras),

y reconfortan; como en el cansancio un buen lecho.

Parábolas, que tejen hamacas,

con el peso resistente de soplos de aire

cuales resisten la intempestiva e impetuosa voz

de cualquiera de los salvajes vientos.

 

 

Vos sois labor;

esfuerzo y conciencia.

Sois tierra y baldosa;

vuestra firmeza rejunta.

Sois el viento en la vela.

y el mar arremetiendo,

besando la proa o estribor,

a babor o la popa.

También sois; un barco

aniñado que cruza los tiempos.

Brújula acertada y férreo timón,

que rescata, y restaura y voltea

las desvencijadas memorias,

que encierra el olvido,

y su neutro aburrimiento.

 

Vuestra esencia se esparce

tras siglos de desasosiego.

Se mantiene vigente, ¡Perdura!.

Traspasa los por qué de filosofías,

de la religión, sus imperios.

Desnuda las mentiras,

y elude los tropiezos que otorga,

el falso valor de la materia;

la ambición y sus credos.

 

Sois elixir. Sois don.

El remedio que actúa

contra la falta de sentido.

Sois alivio frente al pisotón.

La transfusión precisa,

cuando aquella sangre inocente es esparcida

por campos y aceras, (faltando, la compasión),

y la asfixia se ciñe a las vidas,

sólo dejando; duelo incomprensible,

y un llanto desgarrado contando,

sobre la destrucción y haceres funestos.

 

Vos sois; regeneración.

La solución a enigmas y jeroglíficos.

Un manantial incesante, ¡irrefrenable!.

Un prado que se extiende,

que nos habla

acerca de la paz habida que aguarda.

Vos sois un lugar donde descansar;

el aire febril que levanta mañanas.

 

Sois vitamina; tenéis alimentos.

Vos sois, (al tiempo);

un pastor que unifica el rebaño

y una oveja.

Un viajante lumínico

ajeno a los siglos,

y un simple y mortal hombre,

tan sólo… uno más.

 

Sois sabio paisaje.

Libro cabal y consejo.

Sumáis y restáis siendo productivo.

Sois, el mejor atuendo para portar

hasta allá, donde el cuerpo o espíritu,

resistiendo los embistes,

pueda y aguante.

 

El signo debido auspiciáis,

aquel que sabe acerca del respiro.

Vos sois esa huella,

con la que se debe firmar.

 

318-omu G.S. (Bcn.)

Esclavos inconscientes (R)

26082011513


«Apostamos por malgastar; idolatramos vacuas tendencias

aferrados a la desmesura.

Consumimos angustia por voluntad de otros,

parece no importarnos que la sangre bañe las calles

y que tras el degüello de tantos inocentes

las pelotas que nos dan juego, sean sus cabezas»

Los valores más esenciales nos pasan inadvertidos,
quizás los momificamos siendo respuesta y solución a esta debacle.

 

La humanidad clama por luchas y guerras,
(aunque dice que las detesta,
sus ansias las estiman).


Me apena ver deambular a tanto difunto

dentro de un mar repleto de vida.

Vida que inagotable renace.
Vida que espera.

318-omu G.S. (Bcn.)

Instintos indicativos (R)

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Me siento encandilado por el braille de tu piel:

delicada expresión de la materia.

Mi ruego solicita tener su proximidad,

la de tus ganas y epidermis.

 

Pido:

Fundirme por entero, con todos los jarabes

que derrama tu ser,

jarabes que sanan aún sin proponérselo.

Al poseer, tu persona, un lenguaje pleno,

plagado de blancos encantamientos.

 

Sigo…

sigo probándote…

consigo empaparme… de ti por entero.

Con este ritual

asciendo hasta el nacimiento.

 

Te persigo hasta un extremo

donde estrechándose los cuerpos,

siemmpre viene, siemmpre cabe…

derretirse en el apriete;

derretirse y renacer.

 

Y se desmorona el barro reseco.

Se pulen asperezas, se raspan las escamas.

Cuarenta grados se desperezan y prenden,

los antes, helados ambientes.

¡Ahora sí!, soy capaz de llegar a advertir;

como un ambiente es untado, a la par,

por el sabor a pasión

y el de la virginidad.

 

Me cautivas.

Cuando inspirada,

a mi lado cultivas,

deliciosos postres,

(con sabor a mañana

y no a un vencido ayer).

 

A las ácidas naranjas

las deleítas con miel,

y extraes la combinación perfecta,

Sé que todavía reservas

el frescor de la hierbabuena,

(seguro habrá un después).

 

El futuro está cerca; el nuestro.

Derrites sabor a hogar…

Resopla la cafetera

y remuevo este azucarado

amor con mi cuchara.

Veo la mantequilla resbalar

sobre el tricolor de la tostada.

 

Mordemos a una vez los dos;

y este bocado demente,

y a la vez, cordial y sensato,

llegará a valer más allá de los ochenta.

 

Con cada pisada nuestra,

rezuma un goteo…

y de elixires se sacian mis espacios,

donándome un éxtasis,

flotabilidad, ¡el nirvana!,

y la sensualidad apunta hacia la cúspide,

e innova, crea movimientos.

 

Sin estilismos

se puntean detalles,

(dignos por naturaleza).

 

Los dedos,

mis manos,

tus pies,

pincelan y absorben,

dibujan remedios

para el cuerpo y los aires.

Juntos, volcamos aquellos sentimientos

que le valdrían a museos;

¡obras repletas de arte!.

 

Se deletrea un inmenso imaginario;

góticas curvaturas

y esmerados lineales,

Finalizamos los crepúsculos

con un baile de credulidad inmortal

aún sabiéndonos mortales.

 

«La percusión: a corazonadas;

repiquetea, llena la estancia

y humedece las sábanas.»

 

La vereda nos cobija, pero se estrecha

entre acantilados confortables,

entre los cojines, cuales conforman;

una alameda.

Almohadones desgarbados;

convergen en un altar en cual me caso.

En este santuario sagrado

se escalonan las velas,

y los números y los nombres

pierden su esencia.

 

Auguro, un para siempre de desnudez.

Me apuro a desmentir a las distancias,

para sentirme unido,

más que cerca y pegado.

 

Los extras cercanos:

son labios sedientos,

que carnosos me esperan.

Cazadores de la tuya saliva,

de la voz de tu lengua.

 

Espontáneo: el ritual,

deja perplejo hasta al asombro;

frota el firmamento.

Toca el edén,

el genio de nuestras lámparas.

 

Las fibras se relajan;

cuando cumplidos están los deseos.

La demanda queda en pausa

y la deuda la arrastra el viento.

 

«Soy hombre, y, a tu lado marcho completo.

Soy un hombre que perdió la razón,

y al hacerlo… encontré la respuesta

para muchos misterios.»

 

Maestros somos, y alumnos,

en esta ceremonia.

Renueva el aire; el placer con su batuta.

Chispean, cual grata llovizna,

desde el extasis;

valses y sinfonías,

adagios y oberturas;

los sentidos se abren.

Desmenuzan, el do, y el re y el la;

los acordes.

Persiguen los gemidos

la taquicárdica lectura,

que aposentada sobre un fluctuante atril,

tiene puntos de locura.

 

La intuición ya me lo dijo,

-cuando te acerques,

sé decidido,

no sopeses ningún miedo,

no dispongas de mesura.

Así lo hice, y… ¡acerté!.

 

 

Lociones y cremas:

frenesí tocado por la suavidad.

La pasión, (enamorada),

novela la noche.

Le otorga el sol, ¡la luz!,

hasta que, cortés,

el alba susurre

exclamando ya el día.

Y el día transcurre,

prolonga la poética,

le regala estrellas,

deseos al cielo,

cometas y estrellas

que danzan al son

del amor cuando brillan.

 

 

Tus brillantes mechones,

desmantelan el sudor de mi piel;

mientras la erizan.

Son pinceles escribientes,

suavemente lustrosos,

que revolotean por mis adentros,

y cercenan mis miedos

cuando me prenden con sus cosquillas.

 

Somos merecedores,

de embriagarnos

y pendular ingrávidos

más allá de la tierra.

De estremecernos en la libertad,

abatiendo las alarmas

que subyugan a los tiempos.

 

… cerca de la vida.

… lejos de las guerras.

 

318-omu G.S. (Bcn.)

Separadamente juntos

audio http://youtu.be/MqoANESQ4cQ

ulls

Voluminosos,
reclaman ser probados.
Se hinchan carnosos al sorberlos;
renazco al degustarlos.
Llamativos, atrayentes
cual neón anunciando.
Imantan, arrastran
mecen y portean.
Me place destilarme en ellos;
son vendaval, son vapor,
son carbón esponjoso,
líquido en humo.
Son la fibra y la máquina,
potencian para que crucemos juntos,
riberas, tundras y estepas.

Relamiéndose, los sonrosados,
atrapan al vuelo miradas.
El anciano es niño, rejuvenece,
su sangre, con este rocío, hierve.
Y en su bolsillo, un pañuelo
hechizado por el carmín,
es prenda avisando como señuelo,
esparciendo en el aire
sabores a azahar, tu aliento.

Me decido… saco el boleto,
bordeo el carrusel arriesgado de tu «rusa».
Me desato saciado por tu jugo,
éste es néctar sabroso cual se esparce
untando mis labios. Presentándote,
ofreces ese único cáliz traslúcido.

Impregnas en el contacto
humedades de sal
de arena, de yodo
de olivas aceitadas
de ballenas, de estrellas
de un sendero de nácar
meciéndose sobre la mar,
ofreciendo calma y reposo.

Los tuyos son tan indulgentes:
consienten, permiten;
son cantos pulidos
rodados, sin astillas
omnipresentes.
Fraguan, decididos,
la verja por la que trepo;
me permiten resbalar
sosteniendo ciento y un besos;
por ti y en ellos
confieso que al elevarme te llevo.

Siendo luna… son marea;
al frotar palideces
las torna intensas,
subidas de encarnados.
Con su goloso tacto
crecen efluvios
—una rana croa en la charca
y principes aletargados se desperezan.

Los delimitas con la punta de tu lengua,
perfilas su contorno pincelando;
la tanto inocente como pérfida lascivia
suelta el liguero, baja las medias.
Tientan, seducen, estremecen
al hambre de la mujer y a la del hombre.
Es sutil el vaivén sedoso de tus rugosos.

Tu talismán sensual
macera entre guindas
con orujo a los ideales.
Erizas mi piel, la lavas;
calientas, carbonizas
extiendes y me comprimes.
Inhalan, suspiran y expiran
mis pulmones al besarte.
Extraes mis notas de acordeón
transfiguras los retratos,
los que estuvieron y los que estarán.

Bésame; y al besarme
permite a mis cavidades
que se empapen y recojan,
que atesoren en cofres
los efluvios por ti en mí incrustados.
A esta grata emoción la quiero como equipaje.

La pasión, como formol,
registra, memoriza
sana heridas.
Esta pasión: mi posesión sin etapas,
vale como punto de recogida
y también de partida.
Si con amplitud me los entregas
ausentada de vergüenzas
suelta las amarras,
quiero entregarte la vitalidad
desatada, para nada contenida.
Renuevan, éstos, al manantial:
Tus labios son árbol, son vida.

318-omu G.S. (Bcn.)

Inesperado

Quiero sumergirme contigo
(lo sabes)
tanto en el final que se adereza
(con cerveza, laurel, romero y tomillo)
como en un principio sin vestigios.
(sin años de cultura, sin discos duros que lo guarden)
A tu lado penetrar visibles aúreas,
(amarillas, verdes, naranjas, violetas, encarnadas….tonos crecidos que nunca se

apagan…electrizantes.)
cada uno de los latidos del día.
(sincronizados, acompasados)

Inundarnos por las escupidas fosforescencias
(suenan y nos pellizcan, en carrera, los efluvios deslizados)
de rios tornasolados, sin paredes, en el sigilo de la noche.
(lluvia que cae, en el techo de la capilla pintado el diluvio)

Contigo, atrapar serpientes
(con los dientes)
y ayudados por sus cascabeles….
(con alborozo saludan espléndidas las palmas)
cantar, danzar, gozar,
(mirar, tocar, besar, acariciar)
estampar paisajes,
(imponentes glaciares helados, acunados en el azul opaco del atardecer)
patinar por renovadas delicias,
(entro en la pasteleria, compro la mejor de las meriendas y en la hierba comemos, la paladeamos; somos seres frágiles que palpitan)
capaces de esculpir retoños.
(agradables olores empapando nuestro hogar)

Y de nuevo empezar,
(1…..1…..1…..1…..1…)
desatarte los nudos,
(ochos, nueves, ases de guía….pescadores y escaladores)
sacarte a bocados la ropa,
(vaya que si lo mereces!!!)
abrocharte las que andan;
(como a ti te gusta)
y sin solicitarse…aullan los gemidos,
(envidia para los vecinos)
vuelan las onomatopeyas,
(contando más que frases enteras)
ni rozan de lejos la inmoralidad,
(ni un insulto, ni un grito en el pasaje)
solo son vahos, alientos,
(pasamos la yema por los cristales despidiendo diferencias, nombres…nos mecemos entre destellos)
ocupados, incapaces de elaborar,
(hacen las ganas sin gandulear)
no mencionamos ni una sola palabra.
(combinamos excitadas relajaciones)
Busco los vertices cercanos a ti…
(y soy un ángulo al que has dado redondez)

«-hasta el tungsteno y el vanadio se han doblado. Encubriendo misteriosamente los paréntesis, en voz baja, entre susurros, al oido, te lo cuento»

Equilibrándonos

Me invade la tristeza
al verte perdido,
sumido en un letargo pasivo.
Rendido a verbos mudos;
nulos tus actos.
No simulas,
envejeces sin interpretar.
Sin cesar
no cejan de blandirse sobre ti
milicias quejosas,
estruendosas penas.

Eres y has sido:
justo embajador
rico en el amor
pregonero
trovador

señor exento de traje y de corbata
todo, menos perdedor.

Me lastima…
el verte ahora negativo
cabizbajo
compungido
apesadumbrado
inerte, opaco, estéril
sordo y ciego
ante vistosas musicalidades,
ante clásicas bellezas
rociadas como pastel,
cual se reparte por los paisajes.

Tú, que apercibistes intermitencias
luces,
a la gravedad suculenta.
Tú, que moviste con tus dedos
el epicentro del universo
(aun sin quererlo ni pretenderlo).
Un universo, a su vez,
plagado, repleto

de pequeñas obras valiosas

que evadiéndose de opulencias

se muestran hermosas, 

son antología de grandeza.
Tú, que ayer viste y sentiste
el amasar dando costado
a la levadura y a la harina.
Tú, que adornaste y vestiste
liberando encierros y nebulosas.
Tú, que barajaste los centros
descomprimiendo los vibrados de éstos:
Los humanos, los energéticos, los físicos
los espirituales y psíquicos
por los que, inevitablemente,
pululan las especies,
por los que descalzos
y desnudos se transita.

Es evidente…
a los tambores ya no respondes,
ni a los mensajes positivos
ni a correos tan importantes
como personales e incitantes.
¿Serán acaso males de ojo
zurciendo sobre trescientas
de tus anaranjadas lunas
eslabones encadenantes?.
Sé… Te atraparon las brumas
los fantasmas,
se descorcharon los vacíos
sumiéndote en el hastío,
¡anulandote!
¡mermando tus fuerzas!
convirtiendo a las carnes en huesos
y a los músculos en alambres espartanos;
desintegrando palmeras
pozos, estanques, oasis,
hasta vetándole arenas al desierto.

El océano se inundó de llanto
hundiendo a las cumbres en los abismos;
ahogadas, las temperaturas se desvanecieron,
renegaron de fecundar esta tierra,
se desvencijó la conjunción
de la lava, la uva perdió los sarmientos.

Amigo, te busco…
Y estás más que nunca alejado
de aquel yo decidido,
del arquitecto osado shakesperiano
merecedor del ser, estoy y existo.
Estás abatido, derrotado;
eres tensión presa de lipotimia,
ya no te saludan las alquímias.
Estás trémulo:
Eres hipotermia.
Eres iceberg fraguado en la sal.
Eres poro cerrado y seco.
Eres yodo.
Eres sustancia infectada,
clorhídrica.

Fuiste yegua.
Un octavo en la mar.
Aleta.
Pulmón
branquias y espinas.
Ahora…
ya te deshaces
componiendo reflejos azules
(pero sin cielo)
deshauciados por el agua,
por las celestes y marítimas transparencias.

Sé que estás donde estás
al darte tanta tristeza
las polaridades sujetas
a densidades obsoletas.
Radicales patrulleras
ladronas, maleantes, asesinas.
Densidades pesadas coronadas
con una egoísta avaricia
llena de injuriosa codicia,
que torna paralíticas,
tetrapléjicas, complejas,
a aquellas globalidades
exhimidas de fronteras.

Ante esto,
(razón suficiente)
resuelvo abrir mi pecho
usar la sierra
astillar un pedazo de mis entrañas,
del espíritu
que mantiene latiendo a mi corazón…
e insertártelo, amigo.
Opto, por mutilar a mi vanidad,
por dejar atras antiguas rencillas
y extraer de lo hondo la suficiente honestidad,
como para juntos remodelar
a esa vitalidad surgida
al unir la leche de nuestras arcillas.

… ¡Dame la mano y moldeemos!