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Poética sobrepasando los timbres;
las sonoridades musicales,
la rima que limita con sílabas
y los números que exige la métrica.
Poética encontrando contenidos,
al penetrar con suavidad los pechos
o arremeter, ceñida a la fuerza,
contra los rasgos artificiales anclados
sobre una sola temperatura o hemisferio.
Poética.
Afianzada más allá de la obstinación presuntuosa
que sesga cuando estipula
con normas erizadas, petulantes y divisorias cuales descartan
la alternancia maravillosa y expositoria que descapulla
un sinfín de mundos.
¡ Más madera !.
Poética
Grandeza polifacética.
Belleza variopinta y sinfónica impulsando.
Para que pervivan restos antiguos y valiosos
y otros movimientos que conseguirán
añadirle vueltas a la llave que copula con el paño
y acercarnos distancias que se atisbaban como extrañas lejanías.
Logrará atraer a la comprensión imaginativa
que comporta formas aventanadas
y se asemeja, tanto y tanto, como hasta identificarse
con nuevas puertas.

Atrapado por…
lo dicho.

Un pozo de palabras que son provisión.

Vago, gustoso,
abasteciendo a mis sentidos.

**

Dentro o cerca.
Entre dos secuencias:
El día y la noche.
Prendido por un alijo de colores
o sumido en la relajación que me provoca
la mirada de mis ojos nocturnos.
La vigilia y el sueño.
¿ Minutos o segundos ?.
Fragmentos de una misma composición.

La lluvia serena
parlotea incontrolable;
una mezcla de realidades y anhelos,
pasajes donde cabe la muerte mecida por la procreación.
La sequedad harapienta del desierto viste el lujo…
de esa rebeldía que se adapta pero renuncia a la aceptación
porque cree en utopías e inventa desde cero
hasta transformar.

No creo en la muerte de un árbol
porque fuera serrado y quedara siendo mueble.
O porque volara hasta evaporarse
como un yo de ceniza que se derrite
buscando su yo de humo.
Pienso en la ceniza teniendo la fe de arder,
tras sentirse, luz, calor y brasa.
Creo en un árbol que prende de su travesía
para dar frutos.

Agrandarme y empequeñecer
pero nunca prescindir ni perder
mi qué de leño.

318-omu G.S. (bcn. 2016)

Campanadas

« Con tanta y tanta comida… como para faltarme tenedor y cuchara.»

Cuándo el deseo padece atrapado, se ahoga dentro de un laberinto incapaz de escaparse; tras los días, tras los meses, tras los años. Cuándo… aunque oigo los cánticos quedo siendo Ulises; con ganas, queriendo, pero amarrado al palo mayor, de cintura, pies y manos. Sirenas. Este mundo está repleto de Sirenas.
Cuándo asoman, vociferantes… llamémosles dudas, miedos o demonios: La intemperie inclemente e insalvable agrediendo al hombre. Porque el hambre perdura, aguerrido, nunca se extingue, al contrario, marcha «in crescendo» desentendido de otoños e inviernos, de músculos y canas.
Cuándo su olor se alinea con la sal marina y crecen los ríos y sudan los océanos hasta inundarse el total de mis pasos… Suena mal decir no. Sabe fatal echar la vista atrás y constatar lo que era. Conozco, de veras, la combinación agridulce.
Leo deseo y me agrando, exultante, al sentirme pletóricamente joven. Es entonces que me pregunto qué mensaje pretende esta feria vital. Los por qué de la decadencia y sus pruebas. Me cuestiono, una y otra vez, si acepto la ley de envejecer. Reconozco que, ante tal batalla, no existe cuartel, tengo todas las de perder, resulta estéril la lucha.
El ¡CUÁNTO! siempre prosigue marcando una vida, adhiriéndose a las formas curvas de tu cuerpo y a las fragancias que desprende el carnaval de tu fémina felina… Y todo hombre tendrá hora donde sabrá sobre ruidos y acerca de óxidos. Cualquier máquina, tarde o temprano, renqueará, padecerá de la lentitud y la cojera, escuchará la voz de la obsolescencia. Mientras, mi hombre, sumergido, conversa con el deseo aun afianzado en la filosófica cuestión básica que pregona con mantras el budismo. Y, tú: Señalada. Musa y diva. Tentación. Por llamativa, culpable.

Y la coz y ladrido y arañazos y rivales, con y cuándo mi yo de animal. Animal impulsivo e instintivo que se inclina a olfatear y seguir los rastros ancestrales, cual reclama gozo y más gozo, cubrirse de placeres desentendiéndose de lógica y razón.

Cuándo los Cuanto quedan relegados a ser sin conquistar la consistencia.
Cuándo reconozco vivir en una zona abierta donde domina el deseo.
Temo esa hora que vendrá. Donde, aunque sentiré haber hallado nuevos saberes, se me cerrarán las ventanas que ahora me ofrecen paisajes exentos de puertas: Edén terrenal. Aleteo y Libertad. Extremos y término medio. Movimiento y pausa junto a la relajación y el éxtasis. Nirvana aliado a la eclosión de los sentidos. Temo tanto a la impotencia que comporta frustración, como a la pasividad que omite o contradice a la energía renovadora. Temo apreciarme deseoso y reconocerme castrado. Hallarme frente a la imposibilidad de emprender, estos de ahora, sencillos pero maravillosos viajes. Temo lucir destartalado cuándo me llames. No poder acudir con mi mejor traje a la cita. Temo querer y que mi cuerpo se encuentre resentido, demasiado fatigado para el baile.
Sé, de cierto, que tal verdad cabrá en mi tiempo-espacio.

Porque…

pel carrerPorque Agua.
Porque Viento.
Porque Tierra.
Porque Fuego.
Porque…
Sumado vino el hombre
y junto a él:
Cordura.
Desatino.
Abrazos y golpes.
Placer.
Dolor.
Trabajo y Descanso y Sueños.
Dulzor aderezado con pizcas de amargura.
Realidad adosada a la ficción.
Ángulos consistentes y grados etéreos,
ambos mezclados.
Soplo y sorbo.

Porque los animales y el hombre.
Porque las especies navegando
entre los porque de los elementos:
La negación y la afirmación.
La contradicción y los opuestos.
Un reloj poseedor
de una cuerda interminable
¡ vida y más vida !
Reptar.
Volar.
Nadar.
Andar.
Gestos simples y complejos.
Conjunto de gestos vitales.
La danza y la quietud.
Música. Ruido y silencio.
La belleza y el horror
vistiendo libros y lienzos.
Un estupendo baile de combinaciones
ambientado por la habilidad,
el azar, la carga causal
e inevitables y productivos tropiezos.
Porque…
¡ Sorpresas dentro del cesto !.

Porque atrevimiento
asoman inventos
volcando avance y renovación.
Porque miedo.
Por temer la incógnita —a lo desconocido—
límites y encierro.
Un stop seguido de otro stop.
Y por cobardía;
temblores y resignación,
una muralla infranqueable.
Porque tristeza
posicionamos los instantes de alegría
y valoramos las cosquillas, las bromas,
los chistes y la risa.
Y, porque, porque…
Un balón rodando,
juego y juego.
La geometría cíclica
regalando planetas variopintos
y un carro de siglos.
La verborrea divertida de la imaginación
anotando elucubraciones
y tiñéndolo todo de fantasía:
Figuras rectas y convexas.
Cuadrados y esferas.
Rigidez y espontaneidad
esparcidas por el cielo
y cubriendo las aceras.

Porque una paleta para el pintor.
Porque el dinamismo
y la introspectiva y la reflexión:
Sombras y Luz.
Color y Carbón.
Grutas y valles amándose
y gallos desenvolviendo otro albor.

Porque río… el Agua
¡ aseo !.
La calma frente a las inclemencias del sol.
Millares de cuerpos distintos
presentándose ante el sorteo.
Y, otros, pacientes,
anhelando ser liberados de su invisibilidad
allí en la nada.
Porque huracán y brisa… el Viento:
Olas desbocadas elevándose
y semillas avanzando
desde su pequeñez hasta la exosfera
para alzarse como frutos cósmicos.
Porque campos y sierras.
Porque cordilleras con sus montes… la Tierra:
Rebaños de cabras, ovejas y vacas.
Los lobos y el perro y el pastor.
Cimas que esperan a la luna y a las estrellas,
a la pisada, a la cruz y a la hierba.
Porque llama… el Fuego:
El vuelo de la ceniza tras la lumbre y los incendios.
La temperatura idónea y la cocción.
La resurección
y la muerte misma, pregonera; como alimento.

¿ Por qué ?
El llanto ensangrentado.
Guerra, violencia y dominio.
Páginas nefastas repletas de luto.
Poder, sumisión y sadismo.
Nulo el diálogo. Terquedad.
La sordera tóxica y los gritos.
Una hermosa manzana
apostando por la Tentación.
La Irresponsabilidad subida en un altar.
Alguna costilla mal servida
luciendo sobre la mesa.
¿ Por qué ?
Envidias y Celos.
Ambición desmesurada.
La mordedura persistente del Egoísmo.
Trampas, engaños y traiciones.
Destrucción y Odio exabrupto.

Porque el pulso, mostrándose firme,
continua multiplicando, seres, artefactos y fechas,
se amplia el abanico de destinos.

Porque hay tantísimos sinónimos
evidenciando los premios que sostiene el universo.
Brindo
¡ por la creación !.

318-omu G.S. (bcn. 2015)

Sarmiento (apuntes de amor XXVI)

Ser ciego.
Negar
que tu cuerpo es capaz de borrar
la prisión de una mente.
Al vocalizar un torrente sensitivo
recubierto de tacto,
con las notas suficientes
para viajar unido a su sonido
hasta la luz inmortal.

Abandonar la ceguera.
Afirmar
que hay lugares envidiables y asombrosos
adonde los pies jamás nos podrán acercar.

Alcanzar la lucidez.
Confirmar
que tu eres un gran seno.
Misiva placentera.
Torbellino que gira y gira
y avanza irrefrenable versionando futuro.
Rompiendo distancias
a la vez que desmantela fronteras.
Ensalzando novedosos espacios
en cuales caben el batir de las alas
junto al marchar de las piernas.

Sobrepasar la fe.
Constatar
que somos una apuesta del líquido
logrando equilibrar
aquella que es nuestra única verdad.
Somos
cómplices de una hora
sentimientos
agua de minutos.

Reconocerte complaciente.
Comprender
que tu cuerpo habla tanto como aliento.
Doma miserables e inútiles recuerdos
¡ celebrando mi hoy !
el saber que los grilletes están atenazando
la razón infructuosa y rectilínea
y anegando a la jaqueca cuándo memoria
para que mi fantasía sea coronada con olvido
y levite liviana.

Tú.
Yo:
Adentro.
Y entonces…
lo demás sobra.

318-omu G.S. (bcn. 2015)

Espiral (S)

espiral (S)«Vivimos afianzados,
amarrados a la primera persona,
bastante alejados del reconocimiento,
de la fructífera utilidad del común denominador.

Existe un vínculo
que enclavado en el epicentro de la existencia
sobrepasa los rechazos y fusiona hasta pegar.
Penetrando más hondo que profundo
enlaza cada pieza del universo
con la figura de una misma conciencia.

Existe un vínculo tan importante
como para que perdamos el interés
por el resto de razones.

Es inevitable caminar
tomando y dejando huellas.
Es indestructible el verbo amar
si es que alguna vez tuvimos corazón.

El aire, salga el sol por donde salga,
siempre será aire
y como aire… movimiento.
Circulará.
Acoplándose con el don
de dar respiros.»

(I)

Aunque camuflada… la primera persona
siempre hace acto de presencia,
tiene un eco que expresa e interpreta,
nos dicta y manda ¡existe!.

El propio aliento,
(casi imperceptible),
invade la exposición que pretendamos.
Le otorga un timbre o tono concreto,
un enfoque determinado que define
absolutamente todo lo que hagamos.

Su fantasmal sombra (diríamos entonces),
es inevitable.

(II)

Aunque aparentemos ser otros,
el espejo tomará la voz del tiempo
y terminará por hablar;
delatando, certeramente,
la escasez o prominencia de nuestros rasgos.

La parte terrenal es insalvable,
camina sobre instantáneas y cata el gozo
y habrá de presumir de soportar dolor.
Nuestra perspectiva individual
se atavía férrea mientras aparece única…
pero, también dispone
de la enorme virtud cabida
en la opinión y las decisiones mutantes.

El peso de la piedra que somos esparce sus ondas:
Unas cuantas lágrimas o alguna sonrisa
saluda o se derraman más explícitas
que la voz de la tinta;
ante el recuerdo,
porque nuestro pasado retorna
eludiendo al olvido.

Cambiamos los nombres.
Cambiamos las fechas.
Pero es imposible cambiar
la evidencia del pasar,
y es que arrastramos
sensaciones y motivos.

(III)

Es y huele a madera.
Sabe a calor y a humedad.
Madera que alimenta a las hojas y protege
cada trino de las estaciones.

Con sus manos expertas,
(golpe tras golpe),
¡ama Gepetto!,
a Pinocho cincela desde su raíz.

Le da un rostro y sonrisa.
Le da cuerpo y maneras.
Él pretende extraer
de los roble y de las encinas
una conciencia digna
que parlanchina diga «¡a comenzar!».
A Gepetto le gustaría
llenar de hijos saludables la tierra.

Gepetto es obrero fiel al arte,
protege un mañana desde donde emanen
más mañanas llenos de principios.
Cree deberle un alma noble
a los árboles del bosque
y un sapo a cada princesa
y un principe a toda Cenicienta.

… De la naturaleza toma y toma tantos respiros,
que su vida asoma y prosigue bendecida
por una partitura de la que sólo surgen beneficios.

En su taller, Gepetto (hombre entregado),
desdeña el azar casual,
se esfuerza, elabora futuro.
Trabaja en pos de sacarle rendimiento a su oficio.
Él insiste en restaurar para los hombres un soplo de esperanza
dentro de la cual resuene la paz.

318-omu G.S. (Bcn-2013/15)

Barro sobre barro

en filera

Exprímeme hasta que obtengas la parte que precises. Quisiera ayudarte a desmarcar la «z» de tu vida. Ahuyentar a las hienas que pretendan devorar a tu ser feliz.

Tómame entero. Sé desvergonzada y escupe cielo e inventa infiernos. Delátate. Tómame mientras me entregas tus elucubraciones y dilemas. Tus supuestas verdades —las derechas y recias y las blandas y torcidas—y la ficción que almacena un más tarde de consistencia veraz. Entregate. Confía. De mí no escucharás, al contarme, ningún lamento oclusivo ni ningún reproche.

Sé jugar a dinosaurio e insecto. A hielo y lava. A orgasmos y llanto. A besos y ranas. Sé vestirme con el lujo del ruiseñor y del jilguero y con el de las piñas que pendiendo de los árboles le demandan al viento que las convierta en mañana.
Sé jugar a nubes… cuándo éstas aparecen intuitivas, y cuándo éstas evasivas se escapan. Sé jugar a hoja y tierra húmeda. Y a tierra y hoja seca. A expandirme y a resquebrajarme. A ser empático y a saltar soñando, desde la realidad rancia y pagana al cuento crédulo y a la leyenda inverosimil, para que la mejor de entre las fortunas no se demorase… para que naciera temprana.

Tengo joyas escondidas para que aprendieras la magia dispuesta en la intriga —protejo pedacitos de misterio aún por describir—. Sé que dispongo de un mar para tus olas, donde caben, perfectamente, tu ártico y tu trópico, tanto tu saber como tu desconocimiento circense.

Sepas que: Puedo ver la aurora que, apareciendo puntual, afirma ángeles y señala santos e indica una identidad común disfrazada de monstruos aberrantes y demonios.
Sepas que: Me encanta desvirgar a esa inocencia cual se resiste, obstinada e insolente, a transformarse en sinónimo terrícola.
Sepas que: Quiero saborear aquellos pedazos de tierra que consintieran tantos fallos como aciertos. Deseo saborear la tierra que exije de mí la imperfección; una y otra, el seguir de más pisadas.

Kayac (Cala Trebaluger)Descubre que puedo ser: Aperitivo y postre complaciente. Rabia y Celos. Condición amatoria y Lealtad hasta la Amistad. Infusión sanadora y revitalizante. Almohada, Leño y Diálogo. Comprensión y Diferencias aunque Abrazo. Contradicción guerrera. Látigo y Veneno. Calle abierta. Ciudad cosmopolita. Pozo lleno y campo. Esquina silenciosa. Luz y sombra. Un susurro nadando en un café.
Si te decidieras a tomarme por entero, descubrirías una tarde cinematográfica y adolescente. Tarde de palomitas y golosinas que restan años mientras las bocas asoman juntas y nuestras piernas bien tapadas. O degustarías un tiempo de riesgo y aventuras bañado de ríos y mares voraces y montañas que vociferan vida desde sus entrañas. O, una cama repleta de excitación, donde sobran las definiciones, los interrogantes y la razón, y, por supuesto, también los pijamas. Tómame sin dejarte un ápice. E incluso si te apeteciera cuartearme hasta convertirme en minúsculo para disfrutarme a migajas, tómame. Tómame como quieras, pero siempre olvidándote de la traición; proyéctate, ante mí, no como una ilusión, sí como una visión rebosante de esencia franca.

A ras de suelo

 «Un par de botas -oleo sobre lienzo 37,5x45- Vincent Van Gogh (1886)»


«Un par de botas -oleo sobre lienzo 37,5×45- Vincent Van Gogh (1886)» Hace unos cuantos años, al visitar el museo de V. Van Gogh en Amsterdam, de entre las muchas litografías posibles por escoger, decidí llevarme esta «un par de botas», quizás fue por la impactante expresividad contenida en su realismo extremo.

La vida puede ser representada por una pieza simple: el calzado.
Un par de botas, de deportivas o de chanclas o zapatos.
Una vida descrita a traves de unas suelas gastadas
y de costuras roídas que ya degustaron
el sabor de la calma y el furor de ventiscas.

— Debido a que un cigarrillo todavía prende encendido
y a la lectura que cabe dentro de los restos de ceniza:
Vítores.
Satisfacción.
Suman y siguen las auroras y los crepúsculos.
Pisadas despiertas
desencallando y desnudando más días.
El gozo y los saludos añadidos junto a aplausos
porque el tiempo prosigue como mantel extendido. —

Unos zapatos y sobre ellos
la garganta de los lugares
¡ actúa y mella,
los pule y graba !,
a base del salitre contagioso
o repujando dulcemente
porque hay razón suficiente
acompañando al silbido de las cañas.

— A fuerza de humedades penetrantes
y del polvo imperceptible, sigiloso y acerado,
inundados, sobrevienen más pasos y respiros;
los libertarios y los cavernosos. —

El cuadro asoma bello; ahonda profundo.
La piel, simétrica, o los tejidos reblandecidos
que portaron sendos pies,
reportan granos y granos: semillas y frutos
debido al peso de cada huella.

Me apena —como yo nostálgico —,
tener que abandonar a una pareja de ellos
cuándo aparece vencida,
ya desestimada, la lectura y los dictados.

Unos zapatos,
asociados a la medida propia y conjuntándose con uno,
relatan claros…
Acerca del círculo, creciente y menguante, de mis lunas,
y sobre el circuito aprendido por el recorrido de mi sol
— con sus escalas; canto tras canto —,
siempre inmerso en galaxias que lo citaban.

Con hebillas o cordones.
Apretados y hasta holgados.
Hechos con materiales sintéticos
o de cuero o de algodón;
obra de arte: unos zapatos
¡ ilustrativos !,
traspasando paisajes y meses del calendario
ya defendieron aventuras y definen la fatiga,
ya el desgaste los llevó hasta su hora de remanso.

318-omu G.S. (bcn. 2015)

Un pedacito de mi «Alicia» (Imagen encontró poema «La poesía no muerde»)

« Ángeles y demonios 13x21 autor: Luis Hernández Blanco »

« Ángeles y demonios 13×21 autor: Luis Hernández Blanco »

Desde las imágenes aparece la inspiración. Sumergidos dentro de un inconsciente colectivo, innovamos incesantemente y avanzamos.
Agradecerle a Luis Hernández Blanco su obra; como así mismo a La Poesía no muerde su hacer, cual es manifiesto en favor del arte.

Un pedacito de mi «Alicia»

Observo.
Entro y profundizo
hasta donde el mar y el cielo parlotean confundidos;
como así mismo sucede entre pulmones y branquias,
con voluntades y caracteres,
con blancos y negros
y entre plumas y escamas
cuándo traspasan en umbral de la renovación
tras una y otra y muchas mezclas.

Nado y aleteo.
¿decisiones o designios?.
Sea como fuera
¡ prolongación !
Rutas multiplicándose.
Viajes añadidos.

Rompo — para sentirme liberado —
los mil y unnnnn nudo
con los que por largo tiempo
vagó atado mi propio hombre.
¡ Jaque a la vida !
una puerta de salida regalándome la escapatoria y…
¡ Deseo concedido !
perecen los monótonos y cansinos tic-tac.

Ya resulté absorbido
por reflejos que comulgan con la sed de los azules.
Permitiendo que me lleven las burbujas amplias
y los trazos espontáneos de unas pinceladas
logro hallar fantasías que resultan ser más consistentes
que esta caduca y catatónica realidad.
Floto desleído
porque ya le perdí el miedo a los cuentos de brujas
y a la ignorancia que era servida con demonios
que mordían y devoraban las posibilidades venideras
con dientes afilados que les hurtaron con engaños
a bondadosos tigres y serpientes y tiburones.

Por ti: Autor que voceas arte,
ahora renuncio a la vergüenza de los prohibidos
vertidos por los encasillamientos.
Marcho adosado a los « tequiero » inexplicables y expresivos
que optan por realizar acrobacias y hacerme cosquillas.

Ya degusto
incluso las porciones que juguetean escondidas en la inmensidad;
al fin puedo disfrutar de los óleos,
la luz esquiva de la noche
y la que el carbón amamanta para que tengan valor
la multitud de cromáticos resguardados por las acuarelas.
Consigo oír silbar a los abetos —aún sin verlos. Sabiéndolos—
quedando derretido como miel sobre el asfalto y la polución
y cubriendo los insípidos grisáceos adoquines de las aceras.

Algunas veces, mis pies y mis manos,
me abducen para recordarme a mi yo de hormiga
y es entonces que recupero por completo mis sentidos.
¡ Dentro de este Aquí, inextinguible, que anda esparcido !
donde las acciones se fusionan
para alcanzar un sinfín de compases creativos.

Por ti, Autor,
que zarandeas mi aburrimiento con vigor
y de cualquier resta sacas suma.

318-omu G.S. (bcn. 2015)

Presentimiento

atardecer en cantabria (8)
Prométeme que durante todo tu largo te desentenderás de repartir vinagre dentro del chillido de ciudades y que jamás lo esparcirás desacreditando el trino de los pueblos. Que sabrás utilizar el fruto de las vides y elaborarás el más saludable de los vinos; para así honrar a esta vida y, aliándote, brindar tras ofrecerlo… Fuera la que fuera, la tierra; roja pañuelo y entumecida, o esponjosa y húmeda como un vientre fecundo, o amarillenta y resacosa debido al azufre, o tan blanca; como la cal que enluce, o presa de negrura vasta; como la ceguera. O estuviera, la bonanza, calma-lectura o furiosa-celotipia, cuándo animara las cosechas.

Porque tu mirada reza credulidad, voceas eco ¡ Trébol. Trébol. Trébol !.
Y siempre tienes los brazos extendidos y las manos abiertas, de par en par.
Y sostienes el dialogo, sin abandonarlo, entre los hilos con los que se borda el mejor de los tiempos.

Prométeme que elegiras que sean canto y prevalezcan los valores: Corazón-cielo, Corazón-sangre, en cada uno de tus impulsos y locuras, y en emociones y actos y razones.

Porque tú serás musical, tacto tras palabra; al resonar «siembra» junto a cualquier llamada y después del repaso hecho por el filo locuaz de la guadaña. Tú has de ser ¡ pan y riego. Flor y semilla !. Presiento que le girarás el rostro austero y la expresión de declive a la misma muerte, si es que apareciera como muerte desmedida. La habrás de agotar. Acercándote hasta los límites terrenales con una saca repleta de dientes que perduran afilados, de lenguas quejosas y huesos mal posicionados e ideas desatinadas y proyectos vacuos; vaciarás dolor.

A un segundo de los árboles

atreverme...Atreverme.
A flotar y a caer.
A besar y morder
el universo que me vela.
Atreverme.
A ajustar mis impulsos y a reconocerme ante los espejos.
A cargar con el peso tanto de los sentimientos.
A empujar el enorme carromato
que saciado hasta los topes es la vida
— brillante y opaca,
oscura y multicolor,
asalvajada y adornada,
alentadora y variopinta —.
Atreverme.
A soltar o sujetar
los actos que portan aciertos
y los hechos dantescos e inoportunos.
A ser un dardo que viaja hasta que impacta
o una diana claramente delimitada pidiendo una cita.
A palpar la ingravidez inconsistente de los sueños
y a despreciar la solidez inquietante de las esferas.
Atreverme — asociado con el gesto sincero —
a mirarte a los ojos
y decirte cuánto te amo o cuánto te odio.
A saberte distante y desearte hasta la ternura.
A clavarte mil estacas puntiagudas por reconocerte demonio.
Atreverme a ser acorde falto de voluntad,
a dejarme guiar y asir por otros.
¡ Atreverme a confiar y a ser locura !.
A volver a mi animal y abandonar razón…
para encontrar un vergel donde manden fuentes.
Atreverme a desguazar las previsiones y la cautela.
Atreverme a soplar las velas cada año
y que siempre asomen éstos, como, pocos, pocos, pocos.
Atreverme a ser, joven, joven, joven,
mitad realidad, mitad cuento;
intempestivamente joven,
eternamente joven;
una pieza restaurada,
una innovación que jamás pronuncia «viejo»:
Aunque el asunto se me levante menos veces
y mis cabellos ambicionen marchar cayendo como hojarasca
y las articulaciones crujan, torpes, delatando estar desengrasadas.
Atreverme — así de frágil —
a lidiar con derrotas corpulentas;
como un copo que cayó y, al presentir su fugacidad,
animado degusta cada uno de los misterios
y conversa con todos los elementos de la tierra.
Atreverme — así de casual. ¡ Persistente ! —.
Hasta decir adiós frente al sol,
ante una primavera cardinal
o la fogosidad febril del verano
o la serenidad otoñal
o los mimos acuosos de un invierno.
Atreverme a creer en el «hasta luego»
a denunciar la estanqueidad y a renunciar al yo mortuorio.
Atreverme.
Al ritual clandestino
y al imprevisto colosal que lo gira todo.
Al jolgorio que invoca a los amantes a romper las partituras.
A padecer la certeza del hallazgo
y quedarme embelesado con la duda.
A venerar la itinerancia y las transformaciones
a que me somete cualquier fuga.
Atreverme a apostar mi palabra y mi silencio a una sola carta.
A proseguir adentrado en la corriente
y alimentar a mi nada insignificante
haciéndola mayor.

318-omu G.S. (bcn. 2015)