(I)
¡Ay!, justicia. Pereces cuando acaece
la sordera fatal.
Mueres, al ser castrada la visión,
al estar enjaulada
en un pequeño y oscuro portal.
La esclavitud aparece servida
con un ferviente y poco esclarecedor
sustantivo; por el totalitarismo.
Que escueto, tan sólo hurga,
(déspota y vanidoso,
pero a su vez, tan simple como ingenuo),
con uno de los dedos,
cuando se le presenta, y él contempla,
la inmensidad de veinte.
En su bolsillo guarda
un reloj averiado,
con el que lee el tiempo sin contrastar
las sabias conveniencias.









