Icebergs (notas del llanto de Cupido VIII)

19991-1366x768«No es tan difícil conocer a la muerte
aún aupados en esta vida.
Astros que alumbraron juntos
aparecen ahora separados por galaxias
debido a sus naturalezas cambiantes o contrarias.
Es complicado vivir
sin presentir u oler a la muerte.
¿Quién conoce, certeramente, la utilidad de imanes?»

 

Y, hoy, el fuego quema
el fuego habla.
El aire es soga
es cuchillo
es densidad irrespirable.
Pocas brasas y mucha ceniza.
—Corazones grises. Corazones tuertos—.
Demasiado humo y escasez de lumbre:
Mejor mudez que gestos tóxicos,
la mugre disfraza el léxico.
Las estancias son pequeñas
pero rebosan distancia.
Los sabores admirables son pasado
ya marcharon.
Aguardo, paciente
por si cabe error…
Espero y no vuelven.
Aquí sólo quedan
camas serradas y desayunos fríos.
Al abrir mis mañanas
siempre aparece el mismo emoticón.
Recordar el ayer es mi condena.

318-omu G.S. (bcn. 2016)

Posiciones 2

Que fácil resulta llevar a la práctica una política que defiende los intereses del capital. Otra cosa, sumamente difícil y muy distinta, es elaborar unas leyes que defiendan al pueblo llano, dándole lo que le corresponde por esfuerzo, retornándole su dignidad.

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Puñales lanzados desde un estrado. Dosificar contrincantes. Simular enfrentamientos encarnizados, cuando en realidad ciertamente hay: Actuaciones de estatuilla. Consentimiento de manos y espalda. Enemistades televisivas. Copas compartidas en la barra de un bar o comidas copiosas donde son cerrados acuerdos dantescos. Abrazos comedidos y besos amigables entre actos y adjuntos a una frase cordial «saludos a la familia». Sólo hay: Falsedad a raudales.

**
En las entrañas del comercio
¡la política!.
Anida el rutinario bla… bla… bla… ceremónico
que alienta absurdos,
trivialidad,
banalidades humanas
y fijaciones repetitivas.
¡La política!.
Indispensable (según cuentan).
Lamentable (muchos dirían).
Elucubra y provoca
contrariedad social.
Aduce razones a una locura
llamada desigualdad
desde las entrañas mismas de la hipocresía.

Hay que ver cuanta satisfacción y riqueza
se nos muestra ofrecida
tan cercana como imposible;
mezclándose con honda pobreza
que exuda; lamento, dolor y desdicha
cuales resultarían
de moratoria posible.

En las entrañas de occidente
pestañea continuamente la ambición desmesurada
mientras vocean, inútilmente,
los tantos frutos de la ciencia y la tecnología
¡resuenan para unos pocos!.
Política muta en política:
Iglesia de falsos credos revive entre siglas.
Dicta, occidente.
Manda y envía consumismo exacerbado
a sus feligreses abduce y zambulle con causas
y los captura en el gasto volviéndoles adictos.
Desde las entrañas de occidente
un gran desazón ¡el capitalismo!.
Consumo que pesa como pena de tantos congéneres.
Consumo que paso y pasará indecente y sin gloria,
que por desdeñar la virtud del amor, es irreverente.

Consumismo intoxicante
que oprime inclemente,
que manipula y destruye la tierra y el cielo.
Consumismo configurado bajo las ordenes
de la vanidad y el poder,
admitido como el método adecuado
por cada uno de los que están situados
como gobernantes.

En las entrañas de los trabalenguas.
En las entrañas de la corrupción y de las payasadas;
legiones de bufones
escuadrones de parlanchines
diseñadores confeccionando
políticas nefastas.

318-omu G.S. (bcn. 2016)

Asedio (notas del llanto de Cupido VII)

 

Padecí los oídos amurallados
que cero escuchan
y los ojos cercanos
que aunque miren se postran
frente a la ingratitud que nada ve.
Me reconocí asentado sobre la ausencia voraz;
cuándo ésta abre sus fauces y engulle
intempestivamente, un día tras otro,
y un mes
y un año
y un amanecer, y…
lo mejor aportado por los sentidos
-cuándo éstos rechazan a cualquiera de las muertes,
al reunirse con cada una de las chispas y detalles
que conversan con la vida-.

Mi (Tú) Tristeza: Estar apalancado
en una plaza rebosante de vida,
sumido por completo en la inapetencia;
como un zombi, desmotivado e inerme,
que devorando su alma apresada
pierde el instinto y la esencia
y extravía hasta cuales fueran
sus posibles ansias o motivos.
O, como un fantasma desubicado
que olvidó la magia por la que era
al observar que su sábana estaba roída;
y encerrado en las mazmorras de su propio palacio
converge con la desgana
y pierde el encanto ¡llora que llora!,
porque poco que nada asusta.

Fui poseído por un escalón
de dureza inquebrantable,
presumí de la desdicha
Habité (y habitaré -aunque no quisiera-)
dentro de una escalinata repleta
de otros muchos escalones,
anclados e inmutables,
ya perdidos.

Aquí quede constancia
de que conocí la locura provocada
por un corazón encabritado,
no la que concierta manicomio
y resulta estipulada por ciencia alguna.
Sí; como fruto terrenal,
por la inmadurez de mis emociones.
La que, sujetada por las circunstancias,
vuelca incomprensión
y está fuera del temple cierto
y de todo tipo de paciencia.
Sí,
la que delata mi infancia
y denotando tiempo de novicio,
aporta el rol del desconcierto
y adopta la faz de laberinto.

318-omu G.S. (bcn. 2015)

Ayer…

Labyrinth

Labyrinth “Leonora Carrington (1917-2011)”

Ayer fue fecha de disgusto,
se cruzaron nuestras miradas
pero no me viste;
degusté la peor de las cegueras.
De la ciudad, sus farolas aparecieron borrachas
y las definiciones borrosas; cojas de luz.
Comprobé las contradicciones que se columpian en la luna
y la castración vergonzosa que algunas veces sufre el sol.

Fueron tantas las trabas, ayer,
que enrevesándose las calles
y multiplicándose las aristas
olvidamos reconocernos.

Ayer.
Con “R” de retraso.
Con “R” de chirrido.
Pesó más la elucubración
cual es laberinto que desgasta
que la vitalidad que se alinea con la sonrisa.
Supe que guardas un enigma bajo tus ropajes
y acerca de la evasión que precipitas
antes de optar por un te quiero.

Ayer -por suerte-
tiempo fallecido,
tiempo pasajero;
este ayer quede siendo ayer:
pañuelo que añora el bolsillo
mientras ondea sobre el viento.
Tierra ajada que será reconvertida
al reposar con su barbecho.

Escogo mantenerme ausente
de los horarios que anquilosan siendo antiguos,
porque tengo del todo decidido
vivir el hoy cabiendo en el placer,
dejando para aquel que los quisiera…
los nudos rotos y las pesadillas

318-omu G.S. (bcn. 2015)

Como valioso suicidio (el consuelo)

Siempreviva 1Morir
porque un puñal se me clavó en el corazón.
No morir de otro modo;
ni por enfermedad
ni por el desgaste que sucede por la edad.
Ser sabor de amor que tozudo perdura,
aun soportando el regusto a pérdida,
a vacío y a cambio
junto a la consiguiente nostalgia
que aprieta como nudo la garganta.
Morir por desamor,
con un puñal clavado en mi corazón.
Morir así; como un simple pretendiente del edén
que sabe acerca de las posibilidades torcidas
y el filo y punta de un puñal.
Morir tal cual,
para resucitar
como una amarillenta y pequeña siempreviva
y desprender eternamente
la fragancia del amor.

318-omu G.S. (bcn. 2015)

Con humor de semilla

Por siempre asido
al cordón umbilical
que dándome nacimiento,
me orienta frente al camino
y le regala sentido a mis recuerdos.

Derritiéndose sobre mis vivencias:
aquel mirar
de amor sin cambio; de polen y pétalos;
la claridad de tus caramelo
¡dulzura almendrada la de tus ojos!
la cual puedo preservar de la lejanía y del envejecimiento…
hasta que empuñe sólo a mi alma como herramienta
y seamos nuevamente uno. Uno. Uno. Uno;
atrapando la verdadera dicha de aquel nacer
que se desentendió del morir por completo.

Jamás -de neonato o de dejar de existir-
fallecerán tus guiños cordiales;
los días pasan duplicando crepúsculos
e imparables se mueven tus pestañas.
Tantos consejos surgidos desde la bienaventuranza,
por tu ternura -hoy pletóricos y vigentes-
lograron perpetuarse como potente lumbre;
afrontan la reconversión de las galaxias
y el ruidoso trajín de las centurias -chasquido de dedos-
desligándose de los fatales y la opresión de la materia
y de las lecturas depresivas
que, deambulando cercanas al finito irresoluble,
hablan del adiós definitivo,
adjuntando como firma tétrica, la fachada de la muerte.

Confieso que… al contemplar el cielo,
consigo verte dentro de un gran rebaño luminiscente.

Todavía oigo tu voz.
Sé que nunca te fuiste.

318-omu G.S. (bcn. 2015)

talla del llanto de cupido

-Talla en madera del holandés “Hendrick de Keyser” realizada en torno al año 1645-

Que bien te posicionas contrariando antiguos te quieros -al fin forzaste un eco detestable que causa cicatrices mientras rebota y rebota-
Hallaste la fórmula perfecta para voltear un corazón así dándole antónimo a Cupido. Tus actos indican como un dedo, un futuro muy lejos de mí.
… y yo, aquí todavía, con un millar de dulces flechas clavadas y ni una sola gota de sangre; helado a base de golpes, busco mi pulso perdido y golpeo mi cabeza queriendo despertar.
Siempre me queda el consuelo de saber que un día sólo tiene veinticuatro horas y que mañana de nuevo saldrá el sol.

Notas del llanto de Cupido (V)

Por más dedos que una mano


Presiento que giraré la esquina y volveré a encontrarte… como siempre te quise, de nuevo repleta de frescura y sonriendo. Cuando sé, lo sé y lo sé -porque tengo la certeza de que hay tiempos que nunca se repiten- sé, que jamás has de volver como te tuve.
Aun reconociendo el trajín despiadado de esta realidad irresoluble, todavía nos quedan, juntos, dos cervezas por tomar y otros muchos hasta luego por decirnos -quede el adiós para aquellos que creen en una perpetuidad siniestra y no en la prolongación evolutiva-
Existen quereres que cambian, cuales no quieren danzar cuando se les llama para que acudan al baile de difuntos; así de perseverante es el nuestro; locuaz y didáctico allá donde esté.