Hecho de tragos

dintre de la natura (2)Llenar con luz y de rosas
la oscuridad hedionda
que penetro sigilosa
invocando suciedad y cavernas.
Poder —por voluntad—
cambiar el vinagre y la cal
por avena y frutas jugosas
que tornen suaves y dulces
todos los pasos que dieran
estos jugadores y los que vendrán.
Recuperar, del corazón, su pulso partido.
Llamar a la paz, untarla con gestos.
Desterrar la venganza.
Extirpar rencores enfermizos,
todo yugo y al odio.
Erradicar las guerras,
a la violencia y a sus sedientos.
Hasta perecer, si con tal… las manos se brindaran amnésicas
olvidadas de flaquezas y ambiciones.

Porque los hombres avanzaron y crecen
¡evolucionan!
a razón de la entrega y sus esfuerzos
y de un leño llamado credulidad.
Cual aviva las fuerzas
y desmantela lutos y pincela incesante
hasta lograr que el arco iris abandone su voz humilde
y proclame su presencia tangible
así empujando a las ilusiones para no quedaran siendo
sólo ansiados deseos; futuro y sueños.

Porque desear el bien que traspasa
las morales perniciosas y la justificación liberal
dispongo de una claridad que destierra el ateismo
e invoca
e invita a Dios a ser polifacético y políglota.
A ser aceptado y reconocido
como un tu-yo indivisible repartido en porciones.
Lo incita… a ser y hablar como algo nuestro.

Porque poder.
Porque recuperé
degusto cada mota escondida dentro de las zonas invisibles
y valido cualquier lazo terrenal.
Tengo el privilegio de calzar zapatos nuevos.
El horizonte se me muestra ameno y amplio.

No desperdicio segundos deletreando amé; escogí amar.
Y el huerto rejuvenece fértil y el campo luce interminable.
Y reviento grilletes y candados y aprendo a llenar…
al sopesar con un corazón sangre-cielo mis elecciones.

318-omu G.S. (bcn. 2016)

Campanadas

« Con tanta y tanta comida… como para faltarme tenedor y cuchara.»

Cuándo el deseo padece atrapado, se ahoga dentro de un laberinto incapaz de escaparse; tras los días, tras los meses, tras los años. Cuándo… aunque oigo los cánticos quedo siendo Ulises; con ganas, queriendo, pero amarrado al palo mayor, de cintura, pies y manos. Sirenas. Este mundo está repleto de Sirenas.
Cuándo asoman, vociferantes… llamémosles dudas, miedos o demonios: La intemperie inclemente e insalvable agrediendo al hombre. Porque el hambre perdura, aguerrido, nunca se extingue, al contrario, marcha «in crescendo» desentendido de otoños e inviernos, de músculos y canas.
Cuándo su olor se alinea con la sal marina y crecen los ríos y sudan los océanos hasta inundarse el total de mis pasos… Suena mal decir no. Sabe fatal echar la vista atrás y constatar lo que era. Conozco, de veras, la combinación agridulce.
Leo deseo y me agrando, exultante, al sentirme pletóricamente joven. Es entonces que me pregunto qué mensaje pretende esta feria vital. Los por qué de la decadencia y sus pruebas. Me cuestiono, una y otra vez, si acepto la ley de envejecer. Reconozco que, ante tal batalla, no existe cuartel, tengo todas las de perder, resulta estéril la lucha.
El ¡CUÁNTO! siempre prosigue marcando una vida, adhiriéndose a las formas curvas de tu cuerpo y a las fragancias que desprende el carnaval de tu fémina felina… Y todo hombre tendrá hora donde sabrá sobre ruidos y acerca de óxidos. Cualquier máquina, tarde o temprano, renqueará, padecerá de la lentitud y la cojera, escuchará la voz de la obsolescencia. Mientras, mi hombre, sumergido, conversa con el deseo aun afianzado en la filosófica cuestión básica que pregona con mantras el budismo. Y, tú: Señalada. Musa y diva. Tentación. Por llamativa, culpable.

Y la coz y ladrido y arañazos y rivales, con y cuándo mi yo de animal. Animal impulsivo e instintivo que se inclina a olfatear y seguir los rastros ancestrales, cual reclama gozo y más gozo, cubrirse de placeres desentendiéndose de lógica y razón.

Cuándo los Cuanto quedan relegados a ser sin conquistar la consistencia.
Cuándo reconozco vivir en una zona abierta donde domina el deseo.
Temo esa hora que vendrá. Donde, aunque sentiré haber hallado nuevos saberes, se me cerrarán las ventanas que ahora me ofrecen paisajes exentos de puertas: Edén terrenal. Aleteo y Libertad. Extremos y término medio. Movimiento y pausa junto a la relajación y el éxtasis. Nirvana aliado a la eclosión de los sentidos. Temo tanto a la impotencia que comporta frustración, como a la pasividad que omite o contradice a la energía renovadora. Temo apreciarme deseoso y reconocerme castrado. Hallarme frente a la imposibilidad de emprender, estos de ahora, sencillos pero maravillosos viajes. Temo lucir destartalado cuándo me llames. No poder acudir con mi mejor traje a la cita. Temo querer y que mi cuerpo se encuentre resentido, demasiado fatigado para el baile.
Sé, de cierto, que tal verdad cabrá en mi tiempo-espacio.

Solo y adentro (R)

« Una escalera debe mantener su estructura.
Si pretendiera erguirse eficiente
no debiera perder ninguno de sus peldaños.»

Es frágil un minúsculo “yo”.
Secunda al poder de la propiedad,
errado, cree ser su propio dueño.
Emigra de la conjunción de los astros
mientras infravalora al resto.
Elude la importancia del conjunto plural
que resulta jinete indestructible
y sabe acerca de lo eterno.

(Seguro que cualquier tarde le hablará el destino
y quitándole su máscara primitiva
resituará sus laberínticas curvaturas
donándole comprensión mayúscula a su vida;
un camino extenso ¡interminable!
el sentido inagotable,
de su encierro ¡la salida!).

Tan insignificante es mi “yo”,
que aún siendo imberbe
o habiendo envejecido -sea cual fuera su edad-
nula o poca es su luz -soledad de mundo-
observa sólo las latitudes,
los grados o la dirección,
la plana y limitada extensión
de un hemisferio de entre los muchos.

Este “yo”, encajonado,
aferrándose a un único
y específico proyecto,
sumido en si mismo
y apartado del resto;
alejado de crecer.
Débil y minúsculo.
Desposeído de iguales.
Mortal e insignificante,
porque danza en el centro de un castillo,
coronándose y con cetro
hasta caerse del mareo.

Mortal e insignificante…solo y adentro
…de un golpe,
con un soplo de escasos años;
deja de existir, se desvanece.

Desaparece (por escueto y repetitivo),
dentro de una razón de tiempo
que alberga y mide y sentencia
a base de fechas determinadas.
Queda reducido a ser una voz hueca
pereciendo fácilmente
dentro de un recipiente
sin aire y apenas luz,
sin ventanas ni puerta alguna.

318-omu G.S. (Bcn-2013)

El poder de la decisión

baños de Panticosa (Huesca)

baños de Panticosa (Huesca)

Qué razón convierte a los hombres terrenos en seres que deambulan sin sopesar acertadamente el peso de cada una de sus pisadas.
Qué razón, prospera y penetra y nos mancha, convirtiéndonos en desalmados que escogen ligarse a un dogma, rey de los absurdos, sórdido, casual y perentorio -a la misma huella que, luego, si conviniera, tacharemos de indeseada-
Razón que pierde todo su significado como tal, ¡pues es clara locura que no atina a construir, que nos arrastra hacia convicciones auto-destructivas!. Nos conduce hasta el asesinato indiscriminado de inocentes (grandes y pequeños, sanos y enfermos, fuertes y débiles), de otros congéneres y de otras especies: de elefantes por un marfil que lucirá tallado encima del último estante que nadie mirará, pero, lucirá… impregnado de polvo y telarañas. De ballenas por su carne, por su grasa y por su semen… hasta su exterminio. De delfines al quitarnos beneficios marítimos. De felinos, por la valía monetaria de sus pieles y de rinocerontes por el valor de ese cuerno que, convertido en polvo, saciará supersticiones.
Serpentea la incoherencia debido a la ambición desmesurada, palabrea la indecencia dentro de este sistema actual de supuestos valores que quedan siendo patrañas que le sirven de escondrijo al mismo demonio. Mientras, los valores valiosos quedan extraviados, relegados a esperar olvidados en nuestra trastienda personal; nos han ido domesticando de tal manera, que en buena parte nosotros vivimos sujetos al autoengaño; incapaces de reconocer la verdad miserable que comportamos.
Nadie muestra su verdadero rostro, se trafica y comercia y malvende lo invendible -hasta a un hermano o a una madre, o un pedazo de tierra que no pertenece a nadie, o la energía que recogemos del sol y del agua- Por ambición se sacrifican piezas insustituibles e intoxicamos el planeta con residuos que jamás podrán del todo ser eliminados; quebramos el equilibrio imprescindible en pos de adquirir posesiones que solamente nos reportan satisfacciones superfluas, algún pellizquito de una aparente felicidad que, rápido, al ser espejismo, se evapora ridiculizando un trocito más del anhelado paraíso.

Cuándo… cuándo las gentes comprenderemos que somos oxígeno, que este planeta demanda que se conjugue la lógica con la participación. Precisamos de proveernos de una conciencia de respeto que nos proporcione una meta valida donde anida la victoria; cada uno de nosotros debemos ser el pilar, el fundamento del cambio, piezas que reconocemos fabricar desgracia, desolación y muerte y, que al darnos cuenta de la destrucción que provocamos, optamos por convertirnos en oxígeno y contribuir de veras a fomentar el cambio próspero que revertirá en generaciones venideras.
Apostemos por dejar mayor salud, aquí en este planeta como huella.

Gente

gents.

“Guillem Mudoy”

Altos y bajos. Gordos y delgados. Morenos, castaños, pelirrojos y rubios. Jóvenes y ancianos. Simpáticos y antipáticos. Ateos y creyentes. Egoístas y altruistas. Hombres y mujeres. Gente, cargadas de proyectos, de anhelos y de pocas o muchas experiencias. Gente que comparte un planeta, que lo comparte escondiendo sus mayores verdades, omitiendo su esperanza, entre alegrías y risas y el llanto que apenado remarca la tristeza.
Gente que, como iguales, sienten dolor ante un pisotón o placer ante el orgasmo; gentes, iguales ante lo primordial, sin diferencias. Gente, que frente al frío tiritan o sudan sometidos al calor. Multitud de gente, hombro con hombro y codo con codo, de paseo por la vida y con una bocanada de aire aún por respirar. Sigue leyendo

Por la gracia del pulso

Quién se sintiera seguro de si mismo, nunca precisará de trono ni latigo ni de ninguna vara de mando, de esa esclavitud que comporta, a un lado los siervos y al otro los amos. No necesitará utilizar ningún uniforme, la fama que encumbrando añade vileza, la mención que enorgullece hasta corroborar dentro de nosotros el desprecio, o un rango o cargo diplomático que, abriéndole las puertas, a otros seres les suponga, subyugación.
Él apartará de su vida el distintivo de una orden o bandera que pudiera ampararle ante sus posibles delitos; como así mismo la fuerza implícita que le otorgó la naturaleza como género, y que por defecto y desde los tiempos se acostumbro a someter y violar al otro, mientras infravalorando sus capacidades y su sabiduría, desahuciaba su tanto esfuerzo y su mucha razón. Sigue leyendo

Reflexión sin disfraz

Suele pasar que los humanos sufrimos de una extraña idiotez intelectual, por el mero hecho de cerrarse una cita, un ensayo o un poema con un nombre determinado de fama consagrada, los lectores acogen dichas letras con un “fenomenal ¡¡¡ole!!!”. Llevo ya unos buenos cuantos años leyendo y disfrutando del hacer de escritores, en principio, noveles, y encontrando verdaderas obras de arte en la red, obras cuales, parece ser, no merecen la atención con apreciación de los tantos que, jactándose de entendidos, corretean por las paginas y, eso sí, esbozan críticas cuando les apetece. Sigue leyendo

Promesa soluble

” Soy uno más del coro
resumido como nota
cuando escucho
y mientras sueno.
Sueno mucho mejor
cerca de ti.”

***
Recorro tu ser
y apuesto a confiar.
Sólo cabe esa manera si pretendo
conocerte y conocerme;
descubrir, componer y completarme,
perfeccionar el engranaje
dentro del círculo.
Acepto mi fe: recibo el bautismo
con cada uno de los aceites que desprendes.
Sin buscar encuentro;
de tus poros brota el agua
que difumina contratiempos,
silencia estribillos repetitivos
y anulando vocablos complicados
aproxima hasta enlazar
lo extraño con lo común,
aparentes contrincantes
que sólo por mera imagen -pasajera-
eran opuestos.

(El Om, la Luna y la Cruz,
junto a otros magníficos y prósperos signos
aunándose nos alumbran,
pues más raíz que diferencias
todos ellos auspician ¡ CONSTRUCCIÓN !).

No sufro de ceguera:
Me sumerjo
para reconocer las profundidades
humanas y celestiales que cobijas…
Sé como inevitable,
tropezar con el vértice acusado
de alguna de tus espinas;
deseo la prolongación de sangrar;
pacto contigo contando las estrellas
mientras nos bebemos el sudor
que significa aprovechar todas las partes.

(El oráculo habló:
Contó que también nací
para ejercer de curandero;
no conozco dentro de esta vida terrenal
ninguna alegría que trascendiera
sin antes haber recogido
instantes de llanto).

Quiero conocer
tanto el paraíso que sujetas
como la prisión que soportas.
El auxilio de tus oídos,
de tus manos y de tu boca.
Los alimentos que precisas
para clamar bien alto
“viva la madre victoriosa
que esparce existencia”
y ser sabedor
de tus remedios predilectos
y de tus heridas.
Deseo comprender,
el porque
de la ausencia que te cubre en ocasiones
dándote fuga, evasión o exilio.

Sonrío
al deslizarme por tu ser.
Cuando tengo que descender
a tus abismos personales,
aprovecho el carbón que encuentro
para dibujar planos y escribir mensajes
que te faciliten enviar a tus fantasmas,
a tus bestias o demonios
a un largo viaje…
… hacia el olvido.

Me adentro.
Reclamas que mi yo aventurero
indague tus necesidades,
te brinde soluciones y posea.
Me adentro para comprender
la mecánica natural
que te hace atrayentemente irresistible.
Para hallar e instruirme
sobre los huecos del alma
y la dicción del placer;
resigo tu estela,
releo tus curvas…
descifro la clave que muestra
la diagonal precisa
que me aproxima hasta la oración
¡gracias a la vida!

318-omu G.S. (bcn. 2015)

Saliva


Tu saliva me sabe a diente de ajo;
retumba energética dándole brío a mi corazón;
reporta aquel salitre divino
que condimenta alimentos insulsos
e invita a nuevos tragos.

Ella me sabe a aceitunas y a sol,
a romero fresco desatando su flor,
a lavanda, melisa, tomillo y laurel,
sabe a esperanza y huele a excitación,
su verde es el de la hierbabuena.
Tu saliva adereza nutritiva
y complementa cada uno de mis días,
le resta aburrimiento y sosedad
a la comida de mis platos.

Tu saliva limpia al mojar;
como suele hacer el agua fresca
cuando rebosa por las riberas de un río
en el mes de Mayo.

Es una senda vital;
ara y siembra y trasiega
las proporciones de mi campo;
ella sostiene el abono que da…
la mejor de las naturalezas.

Dispone de aquel oleaje carnal
que multiinstrumental orquesta;
sin dejar olvidada nota en el atril,
ni arañarme con saña ni revancha la piel,
desdeñando la vorágine de aquel tiempo
de recita desdichas y canta ausencias.

318-omu G.S. (Bcn.2014)