En pos de la eternidad

 

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No creo que abunden las tinieblas

sólo para extirpar salud y sonrisas

o matar a Venus y a Afrodita

denostando sus artes fecundos.

No creo que el negro oscuro exista

para borrar de nuestra senda las fuentes del Olimpo.

Por el afán de someter a la claridad

e invocar a los hombres para que le sirvan al ocultismo.

La faz de todo tiene dos vertientes;

luminosos colores  y recovecos sombríos

que al unirse lustran e innovan

escalones y matices distintos.

***

Bien atadas; la vida que late y respira y la que logra traspasar los cuerpos prendiendo el nombre de muerte -ambas se precisan-
Una sin la otra: suerte con cojera que acontece exenta de resultado eficaz o de multiplicación -sexo estéril y falto de placer o una cuenta importante por hacer que queda incompleta-

Es por ello:
Por la esperanza que sostengo
y quiero y manda,
que estoy decidido a amar sendas suertes
y trenzar asiéndolas
los posibles qué de mi destino.

Amo la vida que tengo
y creo en el decir de la muerte…
ambas conjuntas.

Ellas, cuando casadas,
presumen de ser una escalera infinita.
No precisan de restarle ovejas al rebaño,
ni cuentos a la infancia,
ni direcciones a la brújula,
ni pájaros al bosque,
ni números al reloj.
Ambas son el sustento que alimenta
dando pie a la eternidad.

318-omu G.S. (bcn. 2014)

De dos: una voz


Ahora ni una palabra vierte mi boca; dicen mis ojos, te hablan y piden. Descarados; como tramoyistas descorren el telón y abanderan al deseo —auspician el punto justo de lascivia cual es capaz de avivar las lenguas adormecidas—.
Tú aparcas toda vergüenza; la timidez, apocamiento y fragilidad que otros, fruto de su desconocimiento, te suponen, y te preguntas hasta dónde me permitirías… y te respondes «lo que te entregue, quede sólo para ti». Yo rememoro e intuyo —antes ya obtuve tus placeres, los conozco— luego, de seguro, ya encontraré de nuevo tus paisajes sobre la mesa.
Apuesto por ti: sé que apartas de las vías los cedas, los prohibidos y las limitaciones. Sé que te prestarás a darle libertad a mis demandas, que accederás a concederme, en todas sus posibles formas, la savia que salvaguardan tus montañas y tus sanadoras y revitalizantes propiedades marinas. Contigo merece la pena sumergirse y nadar.

 

Escuché: Entre sueños le confesaste a mi vigilia y a tu almohada, cuánta es la perdición que te sabe a gloria dentro del juego, que sólo negárteme sucedía para, invocando al animal, soltar de las cuadras su embiste; liberarle de su espera paciente-impaciente, y que éste, contigo jugueteara presumidamente erguido. Bien conozco, que hay veces que precisas de un vendaval para que, lleno de ímpetu, éste te arrastre con su carácter sorpresivo. Bien sé… que si persistiera por mucho tiempo la brisa suave, quedarías adormecida.
Rememoras días, dándote cuenta que conoces con precisión los enseres, amuletos y planos que protejo dentro de mi cofre humano-sagrado —hace ya algún tiempo que dejaste de jugar a los dados y a la ruleta, que tu ocio y placer no depende de ninguna apuesta que devenga ruinosa o te aporte victorias inciertas.
Mientras le susurras a la noche deleitas mis oídos: me delatas como poseedor de tu fusión predilecta… Repites con ganas, tomas y tomas de mis cócteles: De ese sexo —de dicción lenta— que consigue alzarte de a poco, frente al que se planta, creyéndolo como irrenunciable, cualquiera de tus trozos; el cual te sorbe y, repasando cada centímetro, te lleva en volandas hasta la cúspide donde solamente persiste un eco embriagador.
De ese sexo desmedido que es capaz de aunar sentimientos y así calzar hasta el porte romántico. De ese sexo explícito que te cuenta acerca de tu mucha valía: te hace saber que eres, con su dicción universal ¡insustituiblemente importante!. No una vacua simpleza que se utiliza por interés puntual. No un dibujo hecho con apetitosas curvas y atractivos colores, que aparece y se arruga y se desestima y se rompe. No un naipe, en partida de póker, del cual uno se desentiende en descarte.

Todavía no soy capaz de describir por completo, mediante el vocabulario que conozco, tu magnitud. Quedo a medias pero sabiéndote…

318-omu G.S. (Bcn. 2014)

Retales humedecidos (I)


Permíteme repasar la lección
contenida dentro del placer
que auspicia tu cuerpo.
Permíteme saciarme
y hasta sentirme vencido;
ser ladrón cometiendo delitos
y robarte los jugos,
mientras escucho como rompes las palabras
invocando a mis acompasados envistes
al significar con gemidos
incluso deleitando a la nada.
Permíteme, de nuevo apreciar el dulce saliveo
que inunda desde mi boca y cada uno de mis extremos,
a mi alma y a mi sangre
y por completo rellena
cualquier vacío cabido
dentro de los espacios de mis entrañas.
Permíteme morder con suavidad medida
la frutal y mortal esencia que hoy tu cofre resguarda;
la que vuelve loca igual que desboca
toda razón que sujeta normas y tiempos
y a mi mente y mi lógica, las seduce y acalla.

318-omu G.S. (Bcn. 2014)

Simple conglomerado

conglomerado

(I)
Siempre estoy obligado
a usar la lógica como herramienta,
a desenvainar de mi mente razones
y que éstas contengan
la elocuencia de un tono eficiente;
razones que golpeen y partan
como hace un contundente machete.
Que desenmarañen el camino
de códigos absurdos y de leyes injustas,
que limpien mis próximos pasos
de los honores inútiles,
de supersticiones incoherentes
y de reglas y leyes obsoletas
que afrentaran el gozo de cualquier vida,
ya fuera, traicionando innegociables valores,
o mancillando inquebrantables promesas.

(II)
Cada uno de los cardinales soplan,
se aploman dentro y sobre mí
mediante las voces de sus vientos;
me hacen saber vivo e insignificante,
pequeño arbusto que busca espacio
dentro de una selva inmensa.

Suelo estar a merced de tantos restos
que mis criterios no cesan de absorber saberes,
son cambiantes en pos de engrandecerse,
y enraizados al conocimiento,
disponiendo de salud, ofrecerse recios.

318-omu G.S. (Bcn. 2014)

Propio presidio

propio presidio

Tres paredes y una reja: mi prisión.
La primera pared la conforma
una angustia extrema.
Otra está levantada
por una honda tristeza
que achica el ánimo dando ceguera.
La tercera se alza derecha y resalta mi encierro,
cuándo surgen sin llamarlos amargos recuerdos,
que implacables me oprimen y asfixian
solapando los claros que enlucían el cielo.

Es mi ánimo ahora, sombra de lo que fue.
Fundida toda luz que cabía en mi mirada,
la oscuridad máxima cubre el sol de mis ventanas.
Hunde su alargada y destructiva opacidad…
Y me roba los frutos.
Y devasta prósperos cultivos.
Y deja seco de agua
el manantial que es mi alma,
igual como aniquila
la escasa virginidad que me quedaba.

Cruel el llanto.
Y sucia está. Y negra es
la prisión que hoy me secuestra;
presume de ser pozo, (pozo vacío).

Desde muy adentro,
suena de fondo, brota un lamento;
como reja queda una canción.
Cuyo estribillo describe
cuánto de amarga resulta una despedida.
Pregunta alto con voz quebrada:
¿Dónde quedó tanta ternura?
¿Por qué murió la comprensión?

Canción: Bolero
contando acerca de un adiós
que rechaza retornar al saludo.
Resalta espacios que estuvieron llenos
y hoy padecen la fiebre de los agujeros.
Relata la fortuna de un condenado
cuya sentencia es un inmenso vacío.
Entona con un deje partido
una triste y vocal misiva:
Como de grande es el hueco
en que un hombre habita.
Como dentro de él
cabe tanto y tanto dolor.

318-omu G.S. (Bcn.2014)

Débil


Aparezco adicto a mi debilidad.
Me entrego fácilmente,
resulto tan primitivo como animal,
por ello; nazco y perezco con el instinto,
secuestrado por el impulso.
El mismo que secuestró
a tantos de mis posibles instantes de gloria.

(Revelación. Contagiado
por una ola genética
repleta de cromosomas,
prosigo siendo un esclavo
de la cadena cósmica).

Pues entonces…
¿Cómo jactarme y de qué?.
¿Pueden acaso considerarse triunfos
todas aquellas victorias que para lograrse,
me obligaron a vender mi cuerpo y yelmo
y hasta mi alma al diablo?.

Al ser débil renuncié,
a luchar imperativamente
por el planeta de mis sueños.

Ya mismo siento
cuánto de pesado es el plomo de mi verdad, (oculta por triste).
Ardo entre lágrimas
mientras resalto con letras
el olor del fracaso
y me rindo al olvido.

318-omu G.S. (Bcn. 2014)

Credulidad

 

Creo en el aliento que da

cualquier grito amoroso,

ya se vistiera de mujer y compañera,

de inseparable y leal amigo,

de vecino atento y solidario,

o con la sangre y el símil

que evidencia la presencia

de un ser hermano.

 

Creo en los abrazos y en los besos

y en la complicidad de un guiño.

En un Dios compuesto por minúsculos detalles

que ante los ojos poco observadores

asoman insignificantes.

En un Dios que no pretende personalizarse

bajo una imagen concreta

ni aferrarse a ningún nombre que le ate.

Creo en uno tolerante, poco intransigente,

que no impone ni relata reglas estrictas.

Ni tampoco necesita sacrificar

a nada ni nadie

porque apareciera con una forma determinada

o por ser imperfecto y tropezar infinitamente

o continuamente equivocarse.

 

318-omu G.S. (Bcn. 2014)

Horarios paralelos

Traición de carne: Fácil engaño,

pues tapados están los ojos del cónyuge

por la venda del amor.

 

Traición de carne: Sexo adultero;

carne lasciva y orgasmos apetitosos

que adoptan la verdad a medias

al desentenderse de fracasos.

 

Cigarrillos apagados

dentro de enormes colmenas.

Despedidas furtivas

que dejan una pregunta flotando en el aire

… ¿hasta cuándo?.

 

Carne puntual

evadida de responsabilidades

y del mal aliento matinal.

Compromiso consensuado

que puede trepar y saltarse cualquier regla.

 

Traición de carne:

Mordisco que hiela empequeñeciendo el corazón.

Afecto desleal.

Debilidad humana que solicita el sacrificio

y quiebra la unión edificadora

con su impronta.

Al ser hacha de doble filo que degüella;

ruda firma que sentencia

abortando la confianza y los te quiero.

Maleficio ronco causante de dolor.

 

Traición de carne

mientras los niños le echan prisas a una madre

pidiéndole la cena,

y ésta, prepara la mesa,

creyendo que la familia es su vida,

su motor y su razón.

318-omu G.S. (Bcn. 2014)

Decir de muertes

 

Entre rendijas asoma la muerte.

Tantas veces acude

al repetirse hasta sobrar los silencios

o negársele el amor a una vida.

 

La muerte, en ocasiones,

adopta como sobrenombre

aquel austero decir de soledad;

a ella le rinde pleito la burbuja

y una insignificante cuadrícula.

 

La muerte en vida

es agrio pasar sin compartir;

palabras, juegos y risas,

llantos, lugares y aullidos;

pasar siendo un lobo

que nunca tuvo ni tiene,

manada, loba ni crías.

318-omu G.S. (Bcn-2014)

De seis a ocho

 

Dentro de la cama

-todavía los ojos latiéndonos cerrados-

nuestros pechos acometen cercanos;

se besan mientras se aplastan.

Ambos sexos, hambrientos, se buscan,

pasionalmente nuestras ganas se entrelazan.

 

Pretendemos rescatar del onirismo puntual

aquellos números que anudan

pero son liberadores;

deseamos acercarlos hasta el son tangible.

Queremos que se abran los poros

y completar el círculo -deleitarnos con tal eternidad-

para multiplicar y acentuar nuestros sentidos.

 

(Antes, tantas veces me dijiste que te encanta

desplazar los cojines de su sitio,

a mi lado enmarañar y humedecer las sábanas.

 

Nuestro sudor exclama alto,

ya despertó con sus gemidos

a los gallos dormidos así como al alba).

 

Renovados tras el juego y el descanso

ya renacen nuestros cuerpos;

resucitan al ser mojados; por la claridad del agua.

 

(Dentro de tu mirar, complacida,

danza y danza la alegría;

al paso tuyo toda la gente se contagie de ella;

padezcan de vitalidad

y manden en sus días las sonrisas,

al cruzarse contigo, en cada una de sus jornadas).

 

Juntos descorremos las cortinas

y subimos las persianas,

todas las estancias de la casa

bien reciben a la mañana.

Y el salón que callaba, oscuro,

es vestido de azulados y calabazas.

-Nuestros oídos oyen…

solamente es la luz la que les habla-

 

(Descolgamos de las nubes tantos sueños

que el reverso del infierno

decide al fin tomar la palabra).

 

Al tiempo que en la cocina

nuestras manos atienden a los cuchillos,

cuando partimos con su filo serrado,

en dos mitades, las naranjas.

 

Ahora sorbo el zumo preparado…

antes también sorbí.

Permitirme que aquí omita el deciros

cuál es el néctar que más me complace.

 

318-omu G.S. (Bcn. 2014)