Recuerda. Mi mano aliada de tu mano; honrada, capaz y tendida; hablándote. Representando a mi corazón quiere y te acerca un largo paseo.
Recuerda. Mis ojos sobre tus ojos; difuminándose contigo; penetrados. Nuestros ojos amaneciendo. Ya aconteciera la noche cerrada o enmudeciera la voz del día; presa de fragilidad enfermiza o harta de desencanto.
Recuerda. Mi ser, (ser de hombre), repasa incansable, reverdece al sentirte cerca, tú le arrebatas a mi vida cenizas rojas, causas del llanto.
Por ti, (mi ser), alcanza cimas, culmino antojos, tanto al perfilar tus invisibles detalles como cuando profundiza en tu verdad corpórea. Contigo me pierdo en una pequeña bocacalle y encuentro el éxtasis igual que el reposo.
Juntos. Nuestras dudas de barro son moldeables, su peso es tanto que resulta liviano, su corte tiñe, tiñe mojado. De su presuntuosidad umbría solo dejamos, estancias llenas de espejos pulcros reflejando sinceros, ases de corazones múltiples y deseos alados.
Recuerda. Nunca lo olvides: Posees una luz cristalina que abate fronteras y derroca imperios. Capaz de traspasar distancias que aislan y viajar más allá de insípidos blancos o del contar de los tiempos.
Tan desnuda como una gota de lluvia cuándo pendulando se precipita y besa y muerde la tierra.
Con tanta sensualidad como la mucha que alberga una luna estando llena. Que henchida de sexo, penetra con sus influjos las aguas, y les pide se alcen e hinchen la panza de mares.
Tan completa como aquel abecedario que aúna; palabras, acordes y animalescas onomatopeyas para saciar la sed del lenguaje.
Así de exuberante, de sexual, completa y desnuda, que aún sin pretenderlo, la naturaleza siempre procrea.
» Como agua humedece el cielo, pues nos concede la distancia que enfría los ardores que emergen por su vigor.»
*** ***
Debido a su intocable fulgor y al poder de su incandescencia sólo el sol sabe el verdadero sabor de la soledad. Gracias a su nutritiva energía acariciamos como hombres los días, subidos en una hermosa noria que nunca cesa de voltear.
¡Oh, sol!. Alejado esparces hojas, le das invierno a mi tierra. ¡Oh, sol!. Próximo viertes flores y verano, alientas las estaciones aunque aparentes estar parado. Restas helores que entumecen, le quitas al frío su gusto a sal.
¡Oh, sol!. Rey con fragua: Herrero. Tú: Pulmón que ofrece tanto; tengas a bien para nosotros domar el ímpetu de tus rayos.
Permítenos el don de esta vida con todo lo que aquí hay. Contén tu verborrea incendiaria, la que arropa mediante el fuego, precisa tu fuerza vital. Mide con acierto cada palabra, quiere y respeta este pequeño espacio, que llamado tierra, es nuestro hogar.
Apoyándome. Dentro de este planeta -tierra en donde son reunidos los extremos- Situado en el centro de una inmensa boca; busco el equilibrio sobre el compás imperdonable de un reloj. Midiendo la distancia que separa a los instantes, yo desgrano el porqué de lo querido y de lo que por detestable alejo; hallo la lógica de cada peso bajo un cielo que sé, ama la consistencia parlanchina de la carne igual que aquella ingravidez que sostienen los huesos y el silencio.
Ando atrapado dentro de sesenta minutos por veinticuatro horas que suman días y años cayendo. Alternándose diversas suertes en mi camino me acuerdo de ti sin remisión -te aprieto junto a mi presente-
Advierto que te debo. Te doy las gracias allí donde estés y abrazo todo el aire que respiro -te abrazo y tengo, te abrazo y llevo, te abrazo a ti- dándome cuenta de que…
Tarde. Tan tarde como las horas que nunca llegarán asoma de tu cuerpo, su retorno. Pero pronto se desvanece, la nostalgia que me embarga queda en nada, pues arrecia en mí el consuelo; al saberte un ave que aletea rebasando cimas increíbles, al saberte libre y abanicada por la eternidad.
Dentro de mí, reposa siempre la esencia, yo poseo un amable y romántico gesto, el decir y hacer de un caballero.
Hoy, éste mío destrona al dragón, quiere que luzca evidente su amor cuándo saliera él de paseo.
Reta a la hombría sexista y a sus códigos rudos. Rompe la dura coraza que tanto le pesa y erradica el absurdo temor y la vergüenza paralizante que veta cualquier empresa.
Mi caballero tiene decidido y confiesa -venciendo al rubor- el éxito de su pasión: Cuánto y cuánto de grande es el placer que se encuentra en la dicha de estar enamorado. Delata el qué que guarda adentro, el sí de su ilusión, al entregarle la rosa que sujetan sus dedos a la mujer que ama, mientras susurran sus labios un te quiero que lacra siendo sello, con la voz del hombre imperfecto que tropieza, incluso subida en la estampa de su caballero.
Ya hace tiempo que desgrano los días poseído por una exquisita adicción.
Cuya fuerza de empuje se debe a una mezcla de ingrávida espiritualidad que imanta fantasiosa, a una asalvajada locura que me asalta, impetuosa, y a varios pellizcos de analítica razón. A la suma de una atracción persuasiva, que como dardo certero asocia a los seres, cuales deambulamos siendo probetas; albergando, repletos de química.
Adicción maleada con el roce de las pieles, capaz de colmar de elixires las copas y estructurar las jornadas a base de delirios innombrables y de tentaciones que arrastran por indecorosas. De izar los ideales hasta alcanzar planetas por inventar, y fecundar con tiento libidinoso hasta cubrir con seda el corazón, y darle blando colchón donde plañir, lugar y manjares a la carne, cuándo ésta se alza; hambrienta y sediciosa.
Adicción, también afianzada en aquel diálogo que cursa con oído. Que nos procura; espada ante los ataques y capa y sombrero ante el frío. La que se afianza en uno al recibir la parte noble y comprensiva que precisa, La que va más allá de signos manipuladores, de las castas y roles improductivos.
Adicción alentada por el hacer y los recuerdos que se desentienden del propio individuo y de las polémicas que incendiarias queman -dadas por las tan inevitables como maravillosas diferencias que en todos imperan-
Diferencias que primero unen -al compensar carencias y vacíos ajenos- pero cuales más tarde, cabe separen, al advertirse siendo distancia, si es que la experiencia no emergiera anudando, con una lectura que rebosara suma destreza.
Tan deprisa pasó y maravilloso fue … que opté por acordarme de ese tiempo. Lo así a mí, pretendí hacerlo eterno; para que fuera voz amigable, vela, remo y empuje, el aliento indispensable que forja la salud en otros presentes.
Aunque, hoy, ese tiempo ondeara rebosante de onirismo, viviendo dispuesto -lejos de fallecer- en tantísimos recuerdos que por agradables perduran.
Los infinitos existen. El infinito usa bolillos, persiste en hilar recuerdos.
Debajo del asfalto; la hierba recuerda enormes castillos de roca, el sabor del cielo y el aire, rememora el paso de las nubes, sus colores y formas cambiantes, e insiste en componer y recitar poesía. La cual como una dulce plegaria logra acallar el chillido de aberrantes motores, y revienta las caras del hormigón y el asfalto, que a su inocente verdor, aprisionando solapa.
Atentos, posan su oído, (de agudo vuelo), escuchan la poética encubierta, los sobrevivientes: unos pocos árboles que mantienen su alza alineadamente esparcidos. Sus hojas vibran sumándose al concierto. Sus ramas reman respiros, reman y aplauden; azotan ruidos áridos, ruidos ruines, peores que aquella negación albergada en tantos silencios; y son avivadas; crecen, se extienden, las suyas raíces reclaman se les devuelva su espacio.
La hierba, (poética). La hierba, (primaria). Aunque apresada, no pierde su dicción musical. Su naturaleza brinda notas, no se amedrenta ni es esclava.
(Sus tallos, pacientes esperan. Su simientes, fornida, se asemeja a los aborígenes que resisten, que desconocen leyes innecesarias y los poderes dados por sellos, por banderas, registros o firmas. Su pesca y siembra, su lluvia y su caza no se detienen para aprender asuntos burocráticos).
La hierba, poderosa, desde los tiempos se reserva semillas que persisten en la búsqueda de un pedazo donde asirse; insistente, nunca ceja en su labor de procrear con la tierra. Sus semillas resguardan la casta, saben tanto, que callan maldiciones e improperios, pero cuando hablan, hablan esperanto.
(II) El arte resquebraja paredes que aprisionan; aquella química rebuscada hecha con mezclas minuciosas y concretas. El arte exilia a la indiferencia y hasta ablanda a la más resistente de las durezas … es como el agua. Docto y polifacético, cualquier arte; afina instrumentos y repara herramientas estropeadas, ¡eleva la sensibilidad!. Ajusta violines, guitarras y pianos, brinda tintes, letras y pinceles, hojas en blanco, cinceles, saxofones y trompetas.
Diario digital que nace con la vocación de informar sobre Jaca, Jacetania, Alto Gállego y los valles de Tena y del Aragón, reflejando con fidelidad y objetividad todo lo que sucede e interesa a sus gentes. Editado por la periodista Rebeca Ruiz
Este blog es únicamente para mayores de edad. Relata la vida de sumisión de una chica que se adentra en el mundo del BDSM casi por casualidad, sin saber muy bien ni qué significan esas letras.