Corazón, mente y unas manos

ALFARER

«En un principio la nada quiso parirse a si misma: se abrió como senda para  mostrar un sinfín de bifurcaciones.»

Los hombres y su bondad (originaria).
Los hombres y su maldad (arcaica).
Sólo un huevo y la eclosión.

… Y junto a esta dualidad (bondad y maldad), una actualidad repleta de contrapuestos en cual se suceden las combinaciones y alternancias.
Los hombres nos contradecimos, padecemos de una esquizofrenia disfrazada de normalidad; infinidad de inclinaciones cotidianas determinan el desasosiego y la falta de frutos.
La contradicción vive constantemente, nos damos cuenta si el individuo confronta palabras y acciones. Tanta es la contradicción existente, que los hombres caemos en un estado de desequilibrio insalubre (podemos tratar de mentir a los demás, pero nunca escapar a nuestra verdad).
El desequilibrio, a su vez, acarrea la locura que demuestra este sistema mundial que nos rige: construye una sociedad repleta de minorías, llena de barreras inhóspitas y tabus incoherentes e incomprensibles, así como falta de entendimiento, de altruísmo y de cohesión.

Cuándo los hombres hacemos (repletos de soberbia; mirando por encima del hombro al resto de elementos existentes), nos jactamos de disponer de la racionalidad (bendita herramienta), mientras destruímos las porciones más valiosas que dentro de nosotros y a nuestro alrededor vamos encontrando.

¿Qué es miseria?

318-omu G.S. (Bcn. 2014)

Cada uno es fresco renacimiento

 

Cuánto más contundente fue la equivocación

– aquellos actos irrespetuosos

que dañaron a otros –

(tragedia: Incendio. Muerte.

Desastrosa debacle.

Sufrimiento espartano),

más sincero debiera presentarse el perdón.

 

Un perdón es humilde y digna suerte.

Sólo existe de veras

cuando reafirmándose honesto

reconoce su hacer responsable.

 

«Noble es la aceptación

y el reconocimiento

de nuestros propios monstruos.»

 

Cuándo el perdón faena la tierra

las cosechas resultan tan prolíficas

y ofrecen tantos frutos los árboles,

que los repartos son equitativos

logrando al fin castrar;

la desdicha y la muerte,

de los hombres, el hambre.

 

Pedirle a alguien perdón

visto tras una perspectiva de cocina

quizás se asociaría:

con esa mano experta que gira la sartén

sin derramar tan siquiera

ni una pizca de tortilla.

 

Un perdón es capaz

de quitar las difíciles manchas

de sábanas usadas

y de zurcir hasta dejar impecables

apartados y viejos manteles.

318-omu G.S. (Bcn. 2014)

Fronteras invisibles

besant la pau

Traspasé los hitos que delimitan los dominios donde mandan los gases y los líquidos, para convertirme en un compuesto adherido a una masa consistente y homogénea; para llegar a saber lo que se siente, al utilizar tendones y músculos, para así poder fraccionar mis gestos y movimientos al contarlos con un tiempo concreto. Para articularme limitadamente y desplazarme de otra manera que no fuera levitando incorpóreamente, sostenido por la ingravidez, o sinuosamente deslizarme entre un millar de virtuales y, aquí, fantasiosos acueductos.

Para también disponer de un cerebro que razonase así dotándome: De pensamientos y elucubraciones. De dudas que suelen atrapar en su deambular algunos miedos y otros tantos aciertos. De analíticas propuestas que todo lo desglosan, y ensalzan o crucifican, mediando los circunstanciales, a una existencia. E ingeniosas ideas que solventan cuando inventan nuevos diseños para la arquitectura.

Cruce infinidad de fronteras invisibles para afianzarme o crujir sobre unos huesos que definieran nuevas perspectivas, que supieran mantenerme erguido y dispuesto para nuevas andaduras que esperan a mis ansias descubridoras. Rebase las fronteras que delimitan la vida, porque preciso sentirme alumno que, incansable, sigue y prosigue aprendiendo.

Soy un ser que cabalga entre el tacto sólido y el soplo etéreo. Ser, hecho de porciones, de pellizcos que viajan como aire próximo a otros nacimientos; ser en busca de climatologías y nuevas estaciones.

Soy un ser que flotó y flotará siendo polvo de estrella. Que salpica esta u otras galaxias, añadiendo luminosa u oscura energía, según corresponda y dicte la madre naturaleza.

318-omu G.S. (Bcn-2014)

Por algo más que razones

Mi fe no queda ridiculizada por un egoísta interés personal, va más allá de perdones salvadores, sacrificios, inocentes o culpables y demandas. No creo en un Dios para que sean disculpadas y lavadas mis equivocaciones, o se me reste trabajo al recorrer cualquier camino o para que se me conceda un billete hasta el edén soñado. Tampoco mi fe acontece alentada por ninguna cultura concreta ni por temor a las llamas del infierno o un padecer construido a base de miedos.

No observé nunca a mi Dios como a lavandera que de rodillas me sirve y quita de los vestidos sus manchas. Ni como a ufano sacerdote que, prepotente, con una de sus manos o mediante su decir hablado crucifica a unos cuantas de las ovejas del rebaño; hinca en sus vidas, astillas, condenándolos lejos del paraíso, igual que en sus mentes, prejuicios, que molestan y pinchan más que agujas punzantes o clavos afilados. Sacerdote que, con la mano que le queda por usar, a un tiempo y mediante gestos, marca signos en el aire que comenta son redención pues aromatizan purificadores y sagrados. Él: vanidoso; creyéndose con la gracia de eximir a sus congéneres de cualquier delito y culpa; conminándolos al arrepentimiento y solicitando el pago, garantizando el perdón tras someternos al rezo, (cuatro padrenuestros y tres avemarías), los cuales se sucederán tras la oscura y morbosa escucha, que espera, sentada y escondida, en una de las cuadriculadas caras de la celosía de un confesionario.

Mi fe ahonda alejada de símbolos y sotanas y de inquebrantables obligaciones; asoma dentro de la memoria del subconsciente, sujeta a razones inexplicables. Insiste e insiste en ser originaria; se aferra a un identitario vínculo fraterno. Rotunda, me hace saber que yo he estado formando parte de una partícula más primitiva que ancestral, de una mota minúscula y parada de nada donde se amasa y fermentaba todo lo que vendría. Partícula, la cual aburrida de su insulso estacionamiento, decidió multiplicarse y convertirse en multitud de «algos»; optó por estallar y expandirse como energía que progresa continua y desconoce lo que significa la vuelta atrás, que elude retornar para vivir sólo bajo un manto de impenetrable invisibilidad.

«… Tomó las maneras de aquella señal; la del caño de agua fresca de un manantial, que hacia el arroyo y más tarde hacia el río y el mar va, cuándo de entre las rocas emana.»

318-omu G.S. (Bcn-2014)

Hilo continuo

Cada uno somos un pequeño planeta con nuestras propias constelaciones y agujeros negros, con nuestras peculiares cometas, estrellas y nebulosas. Albergamos una propuesta expansiva; somos universo. Atravesamos nuestra existencia prolongándonos, confluyendo entre incomprensibles binomios; añadiendo o restando extensiones.

Siempre nos quedará un espacio por visitar, una cita concertada o imprevista que nos aguarda o maneras novedosas que esperan; de seguro que algo comeremos provisto por las manos del destino.

Cuántas caras tendremos qué ocupar y cruzar para llegar a comprender que somos sinónimos. Que para amenizar el cosmos nos servimos variados ante la vida. Que alternamos posiciones para aprender de forma entretenida, dando de lado al gran aburrimiento que suele acontecer con la monotonía.

Aquí y en cualquier lugar, todos y todo, tarde o temprano iremos pasando por los mismos lugares; el futuro labrado nos atrapará con alguna de las posibles formas en algún sitio.

Disponemos de un parejo común denominador dado por el origen; despegamos desde una idéntica raíz identitaria.

Podría resultarnos útil a la hora de comprender y hacer, tener siempre muy a mano este recordatorio.

318-omu G.S. (Bcn-2014)

Pincel sin mano. (Ideas sin actos)

pincel sin mano. (ideas sin actos)
» Para qué tanta ciencia y tantas matemáticas,
si la educada cultura del hacer
aparece dormida en un trastero.
Para qué tantas letras
si estas letras omiten o solapan
a la mejor y más providencial
de todas las posibles interpretaciones.»

***

Es un pasar fugaz,

el aquí añadido a los hombres;

ante tanta amplitud que hay dispuesta en la vida

queda tan solo siendo un corto camino

cual el hombre desaprovecha,

si le diera su espalda a vitales asuntos

y engrandeciera absurdas cuestiones.

Siendo especie terrestre, imperfecta y errante,

erramos, nos delatan nuestras formas,

errar erramos, aún a expensas de disponer

del suficiente aprendizaje,

como para bastarnos el saber

que da la dicha de escoger

lo que deseamos tener por contenido.

(Quedamos ante el universo

siendo vanos perdedores que perdieron

el manual de la felicidad).

Nos jactamos de un saber

Mientras deambulamos

entre clavos por nosotros mismos esparcidos.

Tenemos herramientas;

corazón, unas llaves y un martillo,

pero desmemoriados aparecemos

al haber olvidado por completo

cuales debieran ser nuestros principios.

Inconscientes, las nubes golpeamos;

malversamos semillas igual como sellamos

el grato aroma de flores y frutos.

Desmerecemos la sensibilidad

al considerarla debilidad

y los «te quiero» pasan de soslayo,

huidizos ellos, al mediar las burlas

que denotan el sarcasmo enfermizo.

Cuándo los besos saben a frágiles

y las lanzas se clavan en pechos y en costados;

en este tiempo perecemos.

Cuando desaparecen los abrazos, se esconden,

y los puños se ciñen a la ira,

sobre este tiempo vivimos.

Cuando mirando un espejo no buscamos reflejos,

sólo ver revelada nuestra imagen;

imagen vanidosamente ególatra,

altiva, presuntuosa y presumida;

en este tiempo perecemos,

sobre este tiempo vivimos.

Y sabe a puñalada tener que pedir perdón,

cuando su hacer merecería

fuera reconocido como don;

sobre este tiempo vivimos igual que perecemos.

Como soldados rasos; como meros lacayos

marchamos traicionando a nuestra voluntad;

andamos cabizbajos y obedeciendo.

Como soldados rasos somos simples lacayos

de la feroz embestida animal,

que perdura longeva, ¡por nuestra transigencia!.

La impetuosa embestida,

que arremete incapaz de sopesar

ni apreciar ningún valor

y trajina obcecada en sus instintos

con un decir y hacer poco cabal.

Los juicios razonables se extravían

ante una prehistoria visceral,

que prosigue pidiéndole cabida,

(aunque, necio, rugiera el malestar),

al próximo futuro y al presente.

Y el rastro del impulso pervive y aparece

enturbia con sus lodos nuestro Hoy..

Como lastre, pesado es un Ayer

si devino repleto de inconsciencia.

Ayer, inaceptable si fuera irreflexivo.

Yo quiero que Hoy

se hagan los sueños tangibles,

mis sueños que son

sueños del todo posibles.

No tercie más, inclemente,

sobre mis amaneceres,

de entre aquellas fortunas existentes

la que ataviada de perra

se muestra cruelmente impávida.

318-omu G.S. (Bcn-2014)

Bailarines

bailarines-y-coreografos-actuar-espectaculos


(I)

Mientras giren y giren las aspas del molino.

Mientras volteen alentadas por el ímpetu de un viento

que aletea impregnado y esparciendo

la mayor de las desdichas,

la que asociándose al yo pérfido

se afianza en los propios intereses hasta coronar

en la encadenante soledad del individuo.

Mientras un afán desmedido de poder recabe en los hombres

y estos hombres vivan desentendidos del infortunio del resto,

de sus fatalidades y de su terrible desconsuelo.

Mientras… La palabra perdición, demoledora,

recaerá como sobrenombre afeando las virtudes de esta tierra.

Y el sabio decir de cualquier honesta sonrisa

se nublará no obteniendo símil o sinónimo, digna respuesta.

Y el ánimo que acompaña a nuestro paso

se consolidará con un mirar huraño,

ajeno a suertes cercanas serpenteará envenenado,

ceñido al hábito extremo, a un claustro limitado,

ensalzará a la miopía y venerará al fracaso.

Mientras sujetemos al consumo como tabla salvadora,

creyendo que los bienes que se obtienen

representan y sostienen la liberación de deudas propias

y una felicidad sujeta al heroico equilibrio.

Mientras… Seguiremos estando bajo el yugo de un tirano

que reclama nuestro tiempo y nuestra sangre,

con su cruel deambular, tenazmente opresivo.

Ante el ansia inagotable de consumo, (fuga cobarde y esporádico viaje, viaje plagado de banales proyectos y de un corto destino)… Nazco preso y muero pronto, al no reconocer lo que de veras es sentirme vivo.

(II)

Sobre hoy:

Cuando los hombres vivimos olvidados de la importancia de cada segundo.

Cuando desaprovechamos la irrecuperable salud para amasar posesiones.

Cuando, incansables, releemos considerando grandes obras los pasajes que convergen dando el visto bueno a los mayores absurdos.

Sobre un hoy:

Donde la paciencia sufrió la obsolescencia y cualquier rechazo, aún sin razón de peso, gritando violento se consolida… es idolatrado, al sufrir de la hipnosis provocada por unas palabras bien escogidas que surgen de las bocas de unos individuos con retocados rostros cuales respaldan hipócritas propuestas escudándose tras siglas engañosas que varan en el falso significado.

(III)

Y queda hecha añicos la confianza.

Y ya resultan mofa del ciudadano cada una de las palabras

que recitan pronta bonanza,

que resuenan por la boca de diputados

sobre el estrado del congreso.

Palabras sometidas a la hábil argucia.

Citas que esconden enorme sarcasmo,

junto a ironía y felonía e hirientes falacias.

Argumentos que dicen defender los intereses

de un pueblo ya suficientemente malbaratado

por ese mismo conjunto que, comodamente

apoltronado, implanta las leyes.

(IV)

Sobre la irresponsabilidad, la deshumanización y la falta de conciencia:

Cuándo machacamos la piedra solvente y filosofal hasta llevarla al polvo más insalubre, estéril e insolvente y adusto.

Cuándo desaprovechamos o enrevesamos el pasar corto, nuestro o de otros, de esta vida, dejando a la felicidad tristemente asociada al lucro, al gasto innecesario que se atisba en el excesivo consumo.

Así y aquí: siglo veintiuno.

Intoxicados por esporádicos e insatisfactorios orgasmos

seguimos incompletos, podridamente perdidos,

acarreando la lepra de nuevas y fútiles tendencias,

masacrados por inútiles dependencias y fatales vicios.

(V)

Mientras tanto el molino trille cereales

sin separar la cáscara de la simiente.

Mientras el infortunio se alimente

de la frágil voluntad de nuestro ser

y, abatiendo su cuerpo y alineando su mente,

deslome hasta llevar a un imposible

un futuro lleno de pródigos proyectos

que exclaman esperanza;

o inclusive nos aprese el infortunio

por, al deambular adormecidos,

banalizar hasta vetarle,

tanto a la senda como al horizonte,

los joyosos valores que resguardan bonanza.

(VI)

Un látigo sigilosamente zigzaguea,

sisea encantadoramente,

hipnotiza y nos atiza,

nos flagela sin contemplaciones,

cuentan sus notas sobre la esclavitud,

delata que hay amos y presidio.

» La justicia en la tierra nunca nació,

todavía resulta nonata, por ello hoy me veis vistiendo de luto.»

(VII)

Abundan los cortinajes,

espesa es la bruma,

ceguera causa la niebla.

Tercos se afianzan ¡cambiantes!

amplios y sutiles se muestran los términos

que dan pie al esclavizaje;

más tercos que una mancha de aceite

o el óxido de hierro impregnado en la ropa

¡acerada se presenta esta esclavitud!

inconsistente e irreal, es esta nuestra democracia.

Tan inolvidable por indecente

como hipócrita por continuamente versar mentiras.

Es tan increíblemente genuina que

a la perfección disimula sus fundamentos

hasta padecer de invisibilidad.

Disfrazada de urnas y papeletas,

la democracia se convierte en autocracia,

un símil de la dictadura

cuando, debido a la suma de votos,

conviene siendo absoluta.

¡Una burda farsa!,

porque un sinfín de propuestas

cabidas en el electo programa

se difuminan y quedan menos que en nada…

como hojas rotas de periódico,

siendo papel higiénico en sucio retrete público.

(VIII)

Por más que duelan prosiguen,

suenan simulando ser cantos angelicales tantas promesas.

Suenan y resuenan

retransmitidas entre discursos de tono elegantemente sobrio,

mediando, como publicistas,

los abyectos y diversos medios de comunicación.

Y aquellas verdades que resultan desgracias cotidianas

en buena cantidad de hogares

arrecian maquilladas, a medias o restringidas,

según sea el rostro y la corpulencia de los medios que las relatan.

(Hay días de fiesta en que alardea el teatro.

Es grande el teatro que invade los corrales y palacios.

Y fallece la decencia junto a los inocentes.

Y los farfulladores histriónicos consiguen enmarcar sus rostros,

convenientemente afables e interpretativos

y falsamente solidarios, por todas partes).

(IX)

Ya hace unas cuantas décadas que apareció, implantándose,

un nuevo método de baile

cual repetimos, insolentemente, una y otra vez,

aún faltando el permiso de muchos,

siguiendo los desgraciados y desagradecidos compases

de una danza macabra.

(Esquivas batutas marcan las directrices…

Y enferman en un rápido tránsito,

innecesaria y remediablemente,

enferman hasta la muerte,

débiles peatones, frágiles y aún imberbes.

Y estallan guerras donde la paz sería

la mejor herramienta para el avance,

la mejor propuesta; el corcho que flota y que salva).

En este baile, baile de máscaras,

la libre elección hizo acto de presencia

pero se quedó adormecida…

espera envuelta entre cortinajes.

318-omu G.S. (Bcn-2013)

Prisioneros de paisajes

prisionero de paisajes 

Antes: un lápiz o una pluma delatora

cuales descorren pensares o vivencias,

o sentimientos que adueñándose de uno

conceden precipicio u otorgan gozo.

 

Antes resultaban frecuentes

millones de mensajes escritos a mano;

odio y esperanza,

la ayuda deletreada,

viajes, proyectos y amor;

una carta que fue metida dentro de una saca

tras ser comida por la boca de un famélico buzón.

 

Antes transcurría un tiempo,

existía un remite igual que una esperada respuesta

con la consiguiente espera.

 

(Envío cartas y aguardo respuesta;

vengan dentro de un sobre; saludos y abrazos,

noticias y ánimos,

imágenes y recuerdos;

en un simple y bien doblado papel

el contenido de un inmenso arcón).

 

Ahora: Una pantalla habla al instante

mediante las alineadas teclas

de un teléfono móvil o de un ordenador.

Asoman cortas las distancias

y primitivos quedan los tiempos de espera.

 

(Confieso que añoro

los triangulares pliegues de los sobres.

Lo mismo que echo mucho en falta

aquellas manchas de tinta

que reseñaban las huellas de mis dedos).

 

« El progreso jamás olvide

que la nostalgia forma parte de mi condición.»

 

Antes: Multitud de piernas haciendo camino

y carromatos tirados por caballos y burros

que cargando los víveres recolectados

los repartían por ciudades y pueblos.

Antes; mil kilómetros: Lejanía.

Un verano y sillas en los portales.

Botijos y porrones amanerando

largas y amenas tertulias.

 

Ahora: Transcurridas nueve horas

cruzamos vastos océanos

recorriendo tres mil millas.

(Café en Marraquech

y cena en Alejandría).

Ahora los vecinos de puerta ni se saludan

y los transgénicos, disfrazados de salud,

irrumpen en los estómagos, invaden nuestras cocinas.

 

Ya pasó el tiempo de las gruesas cuerdas de esparto.

Las manos olvidaron las trenzas y el mimbre,

cual, triste y lloroso, quedó arrinconado.

Ya convino el hombre en una resistente alianza

con las herramientas eléctricas,

con los monótonos moldes y el plástico.

 

« ¡Madre!, vísteme con algodón.

¡Madre!, bríndame el roce del hilo,

que es mi piel tan fina como delicada

y cualquier áspero roce le causa quemazones.»

 

Hoy la velocidad le ha ganado la partida

al sosiego y a la pausa,

estropeados chirrían los frenos,

detenerse suena a imposible

y hacerle un quiebro al reloj

aduce como irrisorio;

sería como convertir en apuesto príncipe

al rechoncho sapo de un estanque

con el beso de una endiosada princesa

que solamente sabe de espejos e imágenes

cuando la belleza del mundo compara.

 

( Libérense los domingos de relojes y alarmas.

Protéjase el reposo que contiene un buen respiro

para, al menos, alguno de los días de la semana).

 

Antes; arbolados valles, hablando cercanos,

vertían sus gracias;

a dos pasos y frecuentes resonaban los trinos,

las estridencias sonoras desafinaban lejanas.

 

El ajetreo de ciudades resoplaba extrañamente,

sus calles, todavía de tierra fértil,

admitían ser sembradas,

y los hombres, alejados del inútil consumo,

con un indispensable poco se conformaban.

 

Ahora; la tala indiscriminada

es una evidente fatalidad que extravía el oxígeno.

Es ladrona devorando los bosques.

 

Asesina es la ambición,

por desproporcionada acuchilla al imprescindible equilibrio.

Perdidas quedan las palabras gracias y perdón

cuando por la ciudad, (deshumanizado hormiguero),

agudizando mis sentidos transito.

 

En estos ahoras perece la confianza,

todo recaba inundado por el miedo.

Cual insta a que sean multiplicadas las cerraduras,

y a que el helor penetrante de verjas y candados

envuelva y precinte la lumbre de hogares

que por tantos siglos estuvo,

sin remilgos ni renuncias, para otros dispuesta.

 

Insaciable y voraz: El tejido asfáltico recubre

la frondosa hierba, engulle gratos aromas.

Conforma aburridos paisajes,

asemejando ser sus cárceles grises

un insulso laberinto.

Y su inseparable pareja, el musculoso hormigón,

se presenta alzándose

con su apariencia omnipotente

escondiendo su verdad babilónica.

 

318-omu G.S. (Bcn-2013)

A un sí de ángeles o demonios

A UN SÍ DE ÁNGELES O DEMONIOS

» De la nada inventamos figuras inexistentes

y las magnificamos dando poderes

hasta que sea solvente cada invención.

Somos capaces, de forma insolente,

de equiparar a un buen montón de patrañas

con la savia de la creación. «

***   ***

Nos escondemos tras bulos inventados.

Nos exculpamos señalando a personajes detestables

que tan sólo son ficción garabateada

cabalgando entre las páginas de tantos libros;

libros paganos y libros sagrados.

 

Personajes que simulan ser reales,

cuales fueron impuestos en la mente de muchos,

entre hogueras que exorcizaban y apretados grilletes,

grabados a base de latigazos y hierro candente.

Personajes que, con maneras sentenciables,

ayudan a disimular la destrucción

que el hombre sobre la tierra implanta;

el tremendo e innecesario extravío

en que desde los tiempos vivimos.

 

Huimos, ¡somos cobardes!.

Huimos de las consistentes y personales verdades

que relatan nuestros actos.

Actos sujetos al desatino,

verdades que citan al hombre como a cual bestia.

Copulamos con la farsa para resultar exculpados

de crudas sentencias y arduos castigos.

Anulamos los verbos amargos,

falsamente poetizamos sobre nuestro hacer y nuestra vida,

eludimos darnos cuenta que somos la máxima expresión

de un nulo espécimen de gesto desleal.

Sentimos la asfixia del yugo,

la carga es dura, y además…

es carga innecesaria la que nos imponemos.

Y es al reconocernos,

que una honda pena nos embarga

siendo la mayor y más ineludible de las condenas.

 

Irresponsablemente y a diario

salpicamos con motas de infierno

la mansa paz de nuestro cielo.

Por añadido, vanidosamente ostentando,

la hipócrita virtud de creernos, salvadores que están,

lejos de maullar, de rugir o de ladrar,

con la racionalidad bendecidos.

 

Prófugos desarraigados del origen;

aquí vagamos, aquí yacemos.

Moldeamos a nuestro antojo;

santos y vírgenes, mártires y milagros.

dioses y demonios, báculos y maleficios,

credos y conjuros, todo con tal…

para desentendernos y aligerarnos

de muchos y propios,

de grandes y evitables errores.

Admitimos estar subyugados a fuerzas extrañas

y a males insondables y ajenos,

así dándole la espalda al avance.

 

Caminamos faltos de agallas.

Caminamos renqueando

con esa parte primitiva e inherente

que estériles nos convierte a los hombres.

Con esa misma que destruye el paraíso,

aborrece el arte de amar

y desmerece a una flor como joya.

La que, ciega e impasible,

añade el frío más austero sobre el cálido hogar

y recubre con un intenso desasosiego

la paciencia impresa en grandes templos.

 

Hay ficciones.

Del hombre: bulos, farsas y ficciones,

cuales elaboradas con matemática horma

aparecen casi quedando perfectas;

que disimulan al mirar

la fealdad reflejada en el espejo:

Esos errores irresponsables,

esos humanos defectos,

sitúan horribles horrores que acontecen,

junto al polvo, bajo el felpudo.

Ayudan a expropiar al estomago

de la digestión de tantas culpas.

 

No existen demonios.

No hay ningún diablo que secuestre nuestras almas.

Sí que hay pies que visten largas pezuñas.

Sí que hay calor cual quema y cuece.

Pero es el hombre y sus intereses,

el que cobarde no admite su nefasto hacer,

el que mal usa el fuego

y el leño corta y la salud prende.

El hombre inventó para sí;

los tridentes punzantes,

la tentación como prueba divina,

y otro, siendo de él,

por propietario del infierno.

 

Es mecenas y mentor del diablo el propio hombre,

al no ser capaz de ordenar correctamente

la multiplicación de sus vivencias,

al ser incapaz de gestionar como debiera

sus saberes y emociones.

318-omu G.S. (Bcn-2013)