Como…

Puedo sentir como tus gemidos
le cortan el flequillo al mismo firmamento;
como el sudor de tu frente
le gana al cuerpo su transparencia;
como se abren los huecos cerrados desde siempre
al ser descerrajados todos los candados;
como me saludan cada uno de los poros
de tus piernas, de tus brazos y de tu espalda
mientras te conviertes en mi diosa preferida.
Pero, prefiero omitirte
la magnitud de la sentencia
que aquí brindo cual secreto:

«le prometo fidelidad a tus senos,
a tu sexo y a tus labios
(y a esos rasgos
y a esos ojos de princesa
que rogándome más y más
aciertan de pleno cuando aman.»

… creo que a cada instante sonamos sinfónicos;
como sonata y adagio y scherzo y allegro,
pero sepas como importante
que eres mi fuente además de mi fuga.

318-omu G.S. (bcn. 2015)

De frente

De frente.
Te miro y sonrío
mientras te subo la falda
y rompiéndote las medias
aprieto con mis dedos
tu colmo placentero.
Muy cerca y de frente.
Te toco,
te miro y sonrío.
Impregnándome de tu piel
saboreo tu carne;
la punta de mi lengua
recorre lentamente el largo de tu cuello,
y aprovecho este momento
para susurrar donde encontrarnos
y gemirte perdiciones.

(Declaro ser rehén de tus encantos:
candil encendido despuntando deseo).

Mi fuego está
-de visita-
tensado por la temperatura
y dentro.

Te quiero lo mismo que el bandido a su guarida.
Quiero que me aproximes la lumbre.
Quiero verte trotar
y sentir que eres mi leño.
Quiero recordarte como agua
y sin pensarlo ni un instante
incendiarme a tu verita sin dudarlo.

Ahora ¿cómo?
siendo dos sumamos uno.
Sólo juntos somos un mundo preñado
repartiendo tentaciones…
estallamos a la par
y consigo comprenderlo.

318-omu G.S. (bcn. 2015)

Suspiros interiores (R)

Son luciérnagas tus zapatillas;
lumbre vivaz,
llama encendida
indicando que estás.
Recuerdo de pareja.
Proverbio ideal
digno de quedar como estela.
Techo azul. Lago azul.

Luminosas y atrayentes,
me incitan a encontrarte
y a seguirte por un puñado de caminos.
Lucen como entrada y hablan como puerta;
señalan la aventura seductora
y la oportunidad que se deja.

Ya llegó el tiempo de aceitar la llave
y descerrajar el baúl de mis miedos;
timidez y vergüenzas.

Pasé tantas veces por delante.
Paseé rozándote y sin atreverme; acobardado.
Pasé a escondidas queriendo alcanzar con mis manos
lo que solo asía en mis sueños.

Me permito la desnudez
despojado de lastres;
oso pasar,
al fin me atrevo.

Entro, de puntillas, en el refugio
donde toma forma lo mejor de mi imaginación.
Tomo aliento e inspiro un pedazo de futuro,
nacen un sinfín de proyectos al entrar en tu habitación.

Tan cauto como sigiloso
recorro a ciegas tu estancia
y me mimetizo con tu necesidad.
Soy animal.
Soy un zorro.
Soy un perro;
a cuatro patas saboreo
la flora y fauna que ampara tu piel…
retozo satisfecho.

Husmeo tu silueta.
Viajo entre suculentos sentires;
exclusivos, placenteros y tuyos.
Hallo el sortilegio
que incluso despierta el tacto sonámbulo,
al besarte y sorber el vino
vertido sobre tu vientre.

Magnetizas y maceras mi ser.
Dispones del rostro amalgamado
que concede una cita con la tentación
y de la serena suavidad del satén;
de la belleza rosácea y natural
que embriaga hasta a los mismos dioses
que quisieron darte cuerpo.

Siendo un camaleón
me relamo contigo;
eres alada e insecto.
Repaso con mi lengua
sendos dulces de azúcar hallados
en la cúspide de tus senos.

Hay panal en tus entrañas,
desde él rezuma esa savia que ambiciono;
por ello me vuelvo una abeja golosa
recogiendo elixires sólo de una copa,
remedios que salvaguardan del tedio.

Igual desmiembras a mi hombre racional
hasta hacerlo desaparecer,
como invocas al ser visceral e impulsivo
que tiembla y gime mientras embiste.
Posees la sabia de la alquimia;
conviertes hielo en fuego
y la madurez en poca edad.

Ante ti, suena fino mi motor
y se ahuecan, ambiciosos, los poros de mi piel.
Derramas sobre mi desierto
la espuma e impronta del mar,
y entiendo que mis dunas esperaban tu agua
para aprender a flotar.

318-omu G.S. (bcn. 2014)

Sumas seguidas

 

“Doce arcos posee un año,
más de trescientas flechas
le sirven al caballero.
Él porta cuatro estandartes
que con su gracia cambiante
pintan la faz de su reino.

Visto con ojos de hombre,
a esta tierra le agradezco,
igual su tacto políglota
como la voz de los sueños.”

***
Yo soy Sancho: un vulgar escudero;
caminante que indaga y aprende,
tanto del verde que viste los montes
como del áspero sol del desierto.
Como del pan que reparte el diálogo,
y del que esparce, callado, el silencio.

Aquí me encuentro, ¡buscando!
y por conciencia, ¡deseo!
que hundan semillas mis pasos,
y crezcan vastos sembrados
dando fecundos proyectos.
Que se complete mi esencia,
viendo a sus dos hemisferios;
el uno, etéreo, mi espíritu,
sólido, el otro, mi cuerpo.

Pido perezcan mis deudas,
pido belleza por dentro,
pues es la imagen caduca
y vive perenne aquello,
que es impagable y perdura
valiendo el decir eterno.

Si religiones lastraran,
reniego de cualquier credo,
avance busco y no lastre
que reste vigor a mi vuelo.
Que sea remo el pasado,
y no plomo, un duro peso,
cual confunde y resta brío
cuando se cubre el trayecto.
Reconozco tantos símiles,
que a tocar tengo lo ajeno,
las distancias son caducas
al beber del mismo seno.

Ando y persigo a mi sombra,
siempre es más rauda que yo.
Debo encontrarme a mí mismo
leyendo allá donde voy,
apuntes que me describen
y cabe mejoren mi hoy.

318-omu G.S. (bcn. 2014)

Preludio

mujer desnuda recostada con las piernas dobladas
Frente a ella. La miro y recorro su exuberancia. Contemplo esas curvas que son delineadas por la carne precisa, la que le procura ser imán, al concederle una fragante atracción que asoma con piel y cuerpo perfecto.
Me atornillo al suelo que piso, retengo mis impulsos; no quiero soltar mis riendas, no quiero abalanzarme. Quiero gozar retenido, controlando -sólo por ahora- a estas ganas que vendrán después incrementadas, siendo irrefrenables.

Su vestido, blanco de fondo y estampado con diminutos motivos florales de tonos cálidos, permite casi perfectamente mostrarme el largo de sus piernas ya bronceadas; esbeltas y seductoras.
Observo el final de su vestido a un palmo por debajo de su pubis, alcanzo a percibir hasta los detalles imaginativos con que adorno su sexo al depilarse, ¡sé de su creatividad!.
Puedo leerla y saber los pensamientos obscénicamente puros que alberga, que protege creyéndolos secreto -son deliciosas sus fantasías-

(Ella dispone de una llave maestra que abre mis deseos)

Ella me mira fijamente -grandes pero algo oblicuos sus ojos- sus ojos cuentan sobre la insinuación. Sostienen el abecedario completo de dos bocas, cuatro manos y dos sexos alineándose en cualquier lado, comúnmente y por defecto en una cama.
Si tuviera que apostar, diría que al mirarme me desviste, palpa y araña mi único reino con la imaginación. Sonríe solicitándome complicidad, y… caigo irremediablemente en la trampa; sucumbo a la tentación de poseerla y entregarme.

Ahora SÍ. Me arrodillo ante ella y levanto del suelo su pie derecho. Desabrocho la pequeña hebilla que asoma en uno de los laterales de su zapato -zapatos negros y extremados, cuales alzan todavía más su sensualidad y hermosura al levantarla sobre un fino y estirado tacón- y acercando mi boca, perdiendo el recato, le muerdo con suavidad medida el último dedo y siento como se estremece y se recortan los espacios…

Seguro que poco más tarde ya estaré de pleno pegado en su red -inevitablemente- disfrutando y lamentándome del tiempo que he tardado en encontrarla.

318-omu G.S. (Bcn. 2014)

Intercambios

Redondamente grande, el reloj, marca las seis.
Anota esa verticalidad exacta en que son calzadas las calles de vehículos y transeúntes.

Sobre la barra del bar
-bar repleto de nocturnidad-
desordenadamente en pie,
así diez copas vacías;
como posicionados en dos hileras,
múltiples vasos de tubo;
vasos y copas delatando que hubo trabajo.
(Risas falsas
y cruce de pensamientos carnales con finanzas.
Provocativas curvas y escasa ropa
luciendo dentro de un sórdido escenario).

El filo de copas y vasos
que con voz propia confiesan
la forma y el color con que se vistieron
unos cuantos labios.
-Resultan claras las señas cuándo son vistas
tras los colores llamativos del carmín-

Copas y vasos ya usados,
evidenciando: El guiño interesado de unos ojos.
La sensualidad y provocación que es canjeada por billetes.
El reclamo y la charla,
¡dos bandos!.
La necesidad más primaria sentada sobre taburetes.
La escucha gratificante -aunque pagada-
la que al ser dispensada
propicia lascivia
y puede culminar en un acto
alejado de toda vergüenza.

Dicho y hecho…
Tal vez tras el telón;
sedados quedan los nervios,
se abonan cuentas según fueran las fantasías.
Un juego.
Donde el placer conviene predispuesto
al trueque;
en el que las palabras arrastran demandas
y menos manda un corazón que…
el contacto que sublima,
que los chillidos de la carne.

318-omu G.S. (Bcn. 2014)

 

Tan cerca como dentro

 

Helor de invierno.

Un edredón me cubre abrigando,

es como el servil leño cuando arde,

sirve de fuego;

cuando viajo durante el reposo

sobre la rectilínea alfombra

que es mi cama.

 

Se extravían los límites

al descansar tendido sobre ella.

Mi mente se prolonga hasta lo indecible;

desinhibida y fantasiosa

desanuda sueños.

Cuales tijeretean con firmeza invisible

la coherencia de las fronteras.

 

Medio dormido.

Medio despierto.

Convengo con la panza arriba,

o boca abajo o ladeado;

me doy descanso.

Al cambio de costado mis dos manos tropiezan

con esa piel impresa de finura,

que asoma incitadora reclamando el tacto.

Donde terminando tu espalda

se achica dando cintura,

mis manos tropezaron y ahora se deslizan

por tus tentadoras nalgas.

 

Ya logro percibir

los olfativos elixires afrutados.

Consigo masticar los minerales

que la espléndida copa que es tu cuerpo,

derrama, siempre tiene.

 

Opto por reducir a nada la distancia

que a ambos nos separa.

Eres imán. Me arrastras hacia ti,

diría que levito posesamente atraído;

como haría cualquier férreo metal.

 

Sucumbo ante el embrujo

que, siendo domador,

toda razón aparta.

Le permito a mi hombre

que suelte al animal;

para, tanto salvajemente entregarse

como gratamente gozar y perderse

alentado por sus instintos.

 

Próximo al hueco de nuestro placer

llamo al genio a quién me sé leal,

¡froto la lámpara!.

Grito invocando la magia de ¡SÉSAMO!,

quiero que sin demora pueda abrirse la puerta;

contemplar los tesoros que proteges

aún careciendo de candados o de altas verjas.

 

Y al descubrir

el arte carnal que tu resguardas;

te entrego a mi ser prendido de complicidad

y baño tus adentros con pródigas semillas.

 

Es a tu lado

que a sueño saben mis realidades,

es a tu lado que ¡nazco de nuevo!.

Claramente evidenciando…

cuánto de poco se gana

cuando olvidamos amar,

y nuestro tiempo pasa

atendiendo a batallas.

318-omu G.S. (Bcn.2014)

Terreno de juego

Me gusta beberme la fiebre de tus ojos mientras complacemos nuestros cuerpos. Untarme de tu miel, a ti pegarme; me encanta perderme y encontrarme al deleitarme en tus adentros.

Me place tanto y tanto empaparme de tus ganas dejándome llevar; lo mismo que hace al danzar un velero sobre la anchura del mar, al clamar sobre él, el viento, regalándole recorrer muchas millas; el avance y su movimiento.

Me excitan tus locuaces medidas, la dulce sal de tu sudor y tus formas tentadoras y curvilíneas, pero afirmo que más, los geniales impulsos que delatan tus amables sentimientos.

Cuándo tus actos bordan manteles y mantillas; el trigo y el centeno inunda los campos, el calor retorna a la mesa y, atenta, la salud visita al enfermo.

La libertad sabes devolverle al esclavo de monotonías. Elevas hasta la realeza al que permaneció creyéndose tener que ser sumiso; preso condenado a un duro destino, siervo deslomado por el duro esfuerzo.

Desbancas aquella mala suerte que tercia y, escondiendo riquezas, flagela como irascible amo, o como hace el tiempo asfixiando al hombre hasta negarle el respiro.

Me apetece siempre tomar la nutritiva savia de tu árbol, anidar sobre tus ramas y descansar bajo tu sombra fresca, pues supe reconocer que tu dispensas buen cobijo.

Me apetece, contigo, mimoso acurrucarme dentro de un lecho lleno de abrazos, de sexo y confesiones, de nudos deshechos entre parras y olivos, y ofrecerte un brebaje que nos alivie de pesares y dolencias, que averíe todos los relojes, cuales marcan un fin o señalan un pasado o el principio.

Quiero que juntos contemplemos un hoy perenne y, observando la luz, hacer camino.

Quiero que me permitas destapar mi lado salvaje, degollar a la oscuridad sin mediar cuchillos, sólo con onomatopeyas… y hasta faltos de palabras, conocer los gratos golpes que gozando da tu cuerpo. Quiero que queden las huellas de tal placer, que queden tatuados diez moratones sobre el moreno de mi piel. Quiero deleitarme con tu esencia y saber cuánto de blandos son tus huesos.

Quiero reconocer y, a un tiempo, ausentarme de mis alas; ¡quiero volar!. Saciar de alegría las estancias del hogar, la tierra y la hierba y cada baldosa pisada. Mancharme de barro y gritar, equivocarme y tropezar, ser imperfecto y cometer mil pecados no esperando una propuesta de redención… pero que, por favor, sea a tu lado.

Quiero ser un hombre que, amándote, consigue apresar tanto que hay, tanto terrenal y celestial, tanto que es humanamente divino. Y, mientras lo hacemos… descubrir que es una ficción más este pasaje mortal, un ineludible sueño, un pasillo y un portal, una parte del recorrido.

Porque al unirnos nos reconocemos como ángeles que olvidaron su nombre. Que aburridos del blanco, colgaron sus alas en el guardarropías del universo, así optando por ser ángeles caídos.

318-omu G.S. (Bcn. 2014)

La voz de un hoy pedigüeño

 el parrizal

Permíteme recorrer los pasillos de tu laberinto.

Cruzar el portal que separa tu imagen pasajera

de ese interior, aparentemente insondable,

con sus desniveles y recovecos.

 

Permíteme seguir paseando a tu lado

para descubrir los secretos que resguardas

en el cofre de tus adentros.

 

Permíteme deleitarme

con el arte polifacético de tus decorados

y observar que tu mundo crece y se abre,

como en Mayo, de la flor sus pétalos.

 

Concédeme un baile y envuélveme con tus hechizos.

Al subir las escaleras de tu campanario

o trepar por tus trenzadas enredaderas

consigo ver llanos hasta los precipicios.

 

Escúchame confesar

que tu melodía me lleva en volandas

hasta una panorámica que quita mi hipo.

Que desde tus ventanales no contemplo la edad

y asomándome en cualquiera de tus balcones

sólo se sumarle belleza a este mundo.

 

Invítame a descorrer

los visillos y cortinajes de tus salones,

para que así reluzcan con todo su brillo

también para los demás,

los tantos colores que por mi amor avisto.

 

Permítele a tu egoísta soledad

que se reúna con la mía propia,

que acepte compartir su habla y silencios,

sus personales certezas

y sus desequilibrantes dudas…

y hasta aquellos miedos

que cuándo nos agarran y atrapan,

no queriéndonos soltar, causan penumbra.

 

318-omu G.S. (Bcn-2013)

Una baqueta per al timbal / Una baqueta para el timbal

adn_metilacion[1]

 

El meu pit s’infla immens.

Dins d’ell es recull un tresor

que enlluerna arreu, aquí, amb batecs;

més enllà de la sang que canvia i els pulmons,

més enllà del respir o del dol,

més enllà d’aquesta terra esmicolada i efímera

o de prenyar-se d’inútils vergonyes

o sentir por en veure de prop a la mort,

no tan sols contemplant-la per una finestra.

 

El meu pit i el seu tresor, (en moltes ocasions),

es mostra tan tovament confortable com un coixí.

 

El meu pit gaudeix guarnit

amb la resposta honesta.

Dins d’ell es troba la veu sincera;

com així mateix, la clau que m’obre el món.

 

Per aquesta joia.

Per aquest motor.

Per tots aquests batecs

i aquesta voluntat que ve agafada al millor esperit…

el meu pit es presta com ajuda

i dóna suport al cap cansat

dels éssers estimats i fins i tot dels estranys;

fa batuts, regala vitamines; (reconstituents i naturals)

a les ànimes, avui, febles.

 

També s’ofereix com a pont

per arribar d’una a l’altra riba;

davant les inclemències,

quan plovent a bots i barrals creix el riu

i es fa difícil escoltar…

i és suïcidi, nadar…

i la quietud asfixiant es propera.

 

Algunes vegades el meu pit es contrau

i em sento tan lliure com un esclau.

Al saber-me envaït pel costat invers

a on la impassivitat es desfà en un monòleg,

i el neguit, l’angoixa i el rebuig

assoleixen tot el territori

tallant qualsevol conversa.

 

A força de donar tombs i rebre cops,

el meu pit guarnit es torna fred i acer,

mastega menjars passats

i sentint-se indisposat esdevé endurit.

 

Trist, el tresor: un cor sencer,

si s’aferrés al pas inexorable del calendari.

Si obsessionat i oblidat del present,

mires córrer les manetes del rellotge

just veient la pols de l’armari.

 

El meu pit i el seu tresor;

recolzen la pau,

ofereixen alè al decaigut,

així com ànims i empentes

als esgotats vianants

que vénen o fugen descoratjats.

 

Tots dos demanen flors

mentre fent de tisores

poden tantes males herbes.

Tots dos conrreen el bon temps,

confien en qué aviat apareguin;

fruiters paisatges, noves primaveres.

 

318-omu G.S. (B    cn-2013)

 

***   ***   ***

(castellano)

 

 

Mi pecho se hincha inmenso.

Dentro de él se recoge un tesoro

que deslumbra por todas partes, aquí, con latidos;

más allá de la sangre que cambia y los pulmones,

más allá del respiro o del luto,

más allá de esta tierra desmenuzada y efímera

o de preñarse de inútiles vergüenzas

o sentir miedo al ver de cerca a la muerte,

no tan sólo contemplándola por una ventana.

 

Mi pecho y su tesoro, (en muchas ocasiones),

se muestran tan blandamente confortables como una almohada.

 

Mi pecho disfruta guarnido

con la respuesta honesta.

Dentro de él se encuentra la voz sincera;

cómo así mismo, la llave que me abre el mundo.

 

Por esta joya.

Por este motor.

Por todos estos latidos

y esta voluntad que viene cogida al mejor espíritu…

mi pecho se presta como ayuda

y da apoyo a la cabeza cansada

de los seres queridos e incluso de los extraños,

hace batidos, regala vitaminas; (reconstituyentes y naturales)

a las almas, hoy, débiles.

 

También se ofrece como puente

para llegar de una a la otra orilla;

ante las inclemencias,

cuando lloviendo a cántaros crece el río

y se hace difícil escuchar…

y es suicidio, nadar…

y la quietud asfixiante es cercana.

 

Algunas veces mi pecho se contrae

y me siento tan libre como un esclavo.

Al saberme invadido por el lado inverso

donde la impasividad se deshace en un monólogo,

y la desazón, la angustia y el rechazo

logran todo el territorio

cortando cualquier conversación.

 

A base de dar tumbos y recibir golpes,

mi pecho guarnido se vuelve frío y acero,

mastica comidas pasadas

y sintiéndose indispuesto acontece endurecido.

 

Triste, el tesoro: un corazón entero,

si se aferrara al paso inexorable del calendario.

Si obsesionado y olvidado del presente,

mirara correr las manecillas del reloj

justo viendo el polvo del armario.

 

Mi pecho y su tesoro;

apoyan la paz,

ofrecen aliento al decaído,

así como ánimos y empujones

a los agotados peatones

que vienen o huyen desalentados.

 

Los dos piden flores

mientras haciendo de tijeras

podan tantas malas hierbas.

Los dos cultivan el buen tiempo,

confían en que pronto aparezcan;

frutales paisajes, nuevas primaveras.

 

318-omu G.S. (Bcn-2013)