Quién se jactara de noble y considerado, portador de esa nobleza que tanto merece ser escuchada como corresponde que denuncie.
Quién se jactara de pretender hacer aportaciones para mejorar la sociedad, o de proyectar salud para el camino presente y los futuros, mediante lo por él supuesto como virtuoso amor…
… Jamás volvería invisible a ningún peatón aunque fuera desconocido al regalarle la indiferencia; nunca le negaría retornarle su saludo.
(En ocasiones, la hipocresía, engalanada con cultura, suma en algunos individuos como engreimiento, vanidad y prepotencia. Es servida revestida de hermosas y bien posicionadas palabras, pero siempre, la hipocresía, está repleta de abominable indecencia; carga con esa miseria que hiede a mierda).
Creía en nosotros. Juntos éramos combustible; alimentábamos el bosque oliendo a madera. Ahora vencidos, devastada nuestra frescura tras crueles incendios, quedamos siendo hollín que mancha con negros. Quedamos adeudándole a la vida cuatro hojas románticas escritas; una pizca de color.
El tren recorre sus vías; rueda y rueda. Igual efectúa paradas y descubre equipajes itinerantes a los que recoge como deja atrás semblantes variopintos y el trajín de poblaciones.
El tren carga y reparte correspondencia, y también, transporta y despide viajeros, educaciones, conocimientos y culturas, dentro y desde el cubículo de sus vagones.
Entre silbidos que saludan y al tiempo advierten, y un traqueteo que adormilante nos abduce. El tren restaura sus ambientes mientras visita y se empapa de paisajes.
Su movimiento alimenta perímetros marítimos, muestra fotografías de bañistas y cangrejos, e incluso aquellos horizontes que son todavía una ficción, que viven intangibles pero que están por encontrarse. Le sopla secretos a los girasoles que giran como faros, dándole hermosa estampa a extensas planicies, y escucha la charla de las aves, y reverencia, cortésmente, la sublimación de los elementos, cuándo el firmamento al querer besar las cúspides rocosas, le permite a las montañas elevarse.
El tren, si fuera tirado por carbón; mientras sueña raíles tose humo -cualquiera diría que padece de bronquitis, que usa pipa y es un fumador empedernido-
Y ni el aire -como el mismo cielo, al transformar diseños hasta zamparse como golosinas las nubes- no puede sujetar por mucho tiempo las figuras que, del tren, sus humos forman, cuales deleitan e inspiran para que aparezca la imaginación… De la misma luna que lo atiende prestándole su cara noctámbula. O del sol, cuándo majestuoso, doblega a la nocturnidad e invoca para él a la mañana.
Te susurré – mi cielo y mi tierra desean todas tus gotas de lluvia… … y lloviste como amigable sonrisa. Te pregunté – ¿Guardas para mí algo más? Y contestaste – Como no. Yo dispongo, ¡soy mujer!. Te sé tan real y previsible que sostengo tus sueños.
Ya hace tiempo que desgrano los días poseído por una exquisita adicción.
Cuya fuerza de empuje se debe a una mezcla de ingrávida espiritualidad que imanta fantasiosa, a una asalvajada locura que me asalta, impetuosa, y a varios pellizcos de analítica razón. A la suma de una atracción persuasiva, que como dardo certero asocia a los seres, cuales deambulamos siendo probetas; albergando, repletos de química.
Adicción maleada con el roce de las pieles, capaz de colmar de elixires las copas y estructurar las jornadas a base de delirios innombrables y de tentaciones que arrastran por indecorosas. De izar los ideales hasta alcanzar planetas por inventar, y fecundar con tiento libidinoso hasta cubrir con seda el corazón, y darle blando colchón donde plañir, lugar y manjares a la carne, cuándo ésta se alza; hambrienta y sediciosa.
Adicción, también afianzada en aquel diálogo que cursa con oído. Que nos procura; espada ante los ataques y capa y sombrero ante el frío. La que se afianza en uno al recibir la parte noble y comprensiva que precisa, La que va más allá de signos manipuladores, de las castas y roles improductivos.
Adicción alentada por el hacer y los recuerdos que se desentienden del propio individuo y de las polémicas que incendiarias queman -dadas por las tan inevitables como maravillosas diferencias que en todos imperan-
Diferencias que primero unen -al compensar carencias y vacíos ajenos- pero cuales más tarde, cabe separen, al advertirse siendo distancia, si es que la experiencia no emergiera anudando, con una lectura que rebosara suma destreza.
Tants han sigut els dominis configurats envers de la por.
Existeixen pors inherents a l’ésser humà, (vingudes com a fruit de la nostra imperfecta condició), i unes quantes provocades pels interessos, per l’ambició i l’afany de poder.
De pors vull parlar. De pors que bé podríem esborrar:
La por a avergonyir-se d’un mateix, (en aparèixer el càrrec de consciència que suposen alguns fets… o per mancances).
La por a reconèixer a la nostra pròpia bèstia, i en fer-ho, percebre l’animal despietat que duen i pot sortir des de dintre d’alguns habitants d’aquest planeta.
La por a què els altres descobreixin les debilitats que arrosseguem, (aprofitant-les).
La por que dóna, pensar i sentir que els somnis ja assolits poden diluir-se fins desaparèixer, (així guanyant-nos el pols, la desil·lusió).
Els homes estem sotmesos a un munt de pors… I hi ha uns quants altres que, com a harpies, s’aprofiten perquè ho saben.
(castellano)
Tantos han sido los dominios configurados acerca del miedo.
Existen miedos inherentes al ser humano, (venidos como fruto de nuestra imperfecta condición), y unas cuantos provocados por los intereses; por la ambición y el afán de poder.
De miedos quiero hablar. De miedos que bien podríamos borrar:
El miedo a avergonzarse de un mismo, (al aparecer el cargo de conciencia que suponen algunos hechos… o por carencias).
El miedo a reconocer a nuestra propia bestia, y al hacerlo, percibir el animal despiadado que llevan y puede salir desde dentro de algunos habitantes de este planeta.
El miedo a que los otros descubran las debilidades que arrastramos, (aprovechándolas).
El miedo que da, pensar y sentir que los sueños ya logrados pueden diluirse hasta desaparecer, (así ganándonos el pulso, la desilusión).
Los hombres estamos sometidos a un montón de miedos… Y hay unos cuántos otros que, como harpías, se aprovechan porque lo saben.
Redondamente grande, el reloj, marca las seis.
Anota esa verticalidad exacta en que son calzadas las calles de vehículos y transeúntes.
Sobre la barra del bar
-bar repleto de nocturnidad-
desordenadamente en pie,
así diez copas vacías;
como posicionados en dos hileras,
múltiples vasos de tubo;
vasos y copas delatando que hubo trabajo.
(Risas falsas
y cruce de pensamientos carnales con finanzas.
Provocativas curvas y escasa ropa
luciendo dentro de un sórdido escenario).
El filo de copas y vasos
que con voz propia confiesan
la forma y el color con que se vistieron
unos cuantos labios.
-Resultan claras las señas cuándo son vistas
tras los colores llamativos del carmín-
Copas y vasos ya usados,
evidenciando: El guiño interesado de unos ojos.
La sensualidad y provocación que es canjeada por billetes.
El reclamo y la charla,
¡dos bandos!.
La necesidad más primaria sentada sobre taburetes.
La escucha gratificante -aunque pagada-
la que al ser dispensada
propicia lascivia
y puede culminar en un acto
alejado de toda vergüenza.
Dicho y hecho…
Tal vez tras el telón;
sedados quedan los nervios,
se abonan cuentas según fueran las fantasías.
Un juego.
Donde el placer conviene predispuesto
al trueque;
en el que las palabras arrastran demandas
y menos manda un corazón que…
el contacto que sublima,
que los chillidos de la carne.
La peor de las bestias asoma en los anales de la historia con un solo nombre; ella es el hombre.
Si existen «pecados» imperdonables, con todos éstos comulgan los hombres; el sadismo implícito que acontece bajo cualquier pretexto, (sordo ante el dolor ajeno), vocea junto a la tortura. Las violaciones más violentas se suceden, sujetando la manipulación de otros seres, estas violaciones procuran satisfacer al afán insaciable de control y dominio albergado en algunos de nuestra especie.
Traspasados los límites que determina un asesinato, (siempre injustificable), todas las demás barbaries quedan por debajo, por lo tanto, son admisibles para aquellos que son capaces de cometer tal atrocidad; la de matar.
También añadir al saco de los despropósitos demoniacos, la necesidad que tienen una parte de nosotros, los humanos, de someter a nuestros congéneres; así es como llega a tomar cuerpo el tráfico humano y cualquiera de las posibles fórmulas de esclavitud; ya fuera una esclavitud racial, cultural o genérica.
Hay hombres que precisan reafirmarse menospreciando y creyendo inferiores a una parte del resto.
Requerir del poder para sentirse realizados, válidos o completos, solamente deviene cuándo está claramente enraizado, (en la mayoría de ocasiones, inconscientemente), a una ambición desmesurada o a un complejo de inferioridad; cual demanda subyugar y controlar la vida de los demás seres o especies con las que se cohabita.
Los hombres no cejamos de instruirnos de sapiencias útiles, pero resaltamos nuestra necedad al, cerrando los ojos, perder de vista el conocimiento de donde estamos situados dentro del proyecto evolutivo, y al también desaprovechar el paraíso en que nos hallamos ubicados, (resulta de una idiotez dantesca la imagen que ofrecemos si es que alguien, desde algún otro lugar, nos estuviera observando).
No estaría de más… honestamente, con nosotros mismos sincerarnos; perder la vergüenza de reconocernos y al hacerlo procurarnos ese avance capaz de alcanzar una velocidad encomiable.
Para que esperar a las generaciones venideras cuando podría ser ya hoy.
Diario digital que nace con la vocación de informar sobre Jaca, Jacetania, Alto Gállego y los valles de Tena y del Aragón, reflejando con fidelidad y objetividad todo lo que sucede e interesa a sus gentes. Editado por la periodista Rebeca Ruiz
Este blog es únicamente para mayores de edad. Relata la vida de sumisión de una chica que se adentra en el mundo del BDSM casi por casualidad, sin saber muy bien ni qué significan esas letras.