Pocos pelos

POCOS PELOS

Por calvo.
Gano tiempo cada mañana
y ahorro dinero,
no gasto en champú
ni tampoco me peino.
No visito ni pago
por un corte o lavado
a ningún peluquero.

Por calvo.
No recuento, entristecido,
cuantos de menos.
Paso los días despreocupado
por esa caída que comporta
desasosiego
y por la sequedad o la grasa
que da tiricia y segregan
-hormonadamente excitados-
todos los cabellos.

Por calvo
refresco las ideas
cuando me lavo,
disfruto del bautismo del agua
sobre la piel de mi craneo
cayendo directo.

318-omu G.S. (bcn. 2014)

Acerca de tratos en la trastienda

acerca de tratos
… y el banquero cedió al impulso de la confesión. Con una de las manos dentro del bolsillo de su pantalón -hecho a medida por un sastre que tanto cobraba que servía a pocos- y en la boca un enorme cigarro, le comento a su partener, hombre de leyes y a la vez político:
-de los obreros sólo hablen el sudor y sus músculos, acepten lo que se les da ¡ni reclamen! ¡ni piensen!
Agradezcan el pan y ese techo, si es que tuvieran, que les permitimos, el cual les cobija.
El valor de sus vidas viene determinado por su capacidad de esfuerzo y nuestros máximos beneficios.
Los obreros cabe que perezcan habiendo remedios que les salven; ajustemos su número al triunfo de nuestra ambición. Escondámosles los comodines de la baraja amañada que les presentamos como válida y pulcra para jugar la partida.

 

Tratos y tretas.
Guiños a escondidas
                    y manos que se estrechan
                             en los palcos o por los pasillos.
Falsos discursos y trapicheos,
                               bla… bla… blas cargados de hipocresía
                                         que vomitan muerte;

                                         ¡ hacer de trastienda !

Intereses y exorsiones.
Chantajes. Cartas anónimas.
Leyes retocadas según convenga
                        para lograr acuerdos nauseabundos
                                    que hacen persistan

                        el hambre y la enfermerdad
                               junto a la miseria.

Perdones injustos
que acaecen como amnistías absurdas,
                                    son el ejemplo indudable
                                   de que desde las altas esferas
                                    dan el visto bueno y hacen
                                            apología delictiva.

Grandes beneficios clasistas que perduran
estando a la orden del día
demostrando que no ha muerto la picaresca.
                     Hurtos y estafas
            cuales se prolongan en el tiempo

                                aun habiendo claros culpables
                                    que disfrutan de su libertad
                                           sin pagar condena.

 

A un amic / A un amigo

a un amic

Fa temps que volto -per estones-
donant glops de salut
en gaudir de la teva companyia.

Ja fa un bon temps que et reconec
com a un boig que va escollir
recórrer els dies i els carrers
saltant-se les normes
antipàtiques i estúpides;
com un acròbata que es diverteix
fent salts mortals i tombarelles.

Hi tingut sort d’estar vora teu;
home… gens ni mica avorrit,
força extravertit,
d’espatlla ampla
i de mans obertes,
que nedes,
escales,
busseges
i reptes.

Home que va decidir:
fer camí despullat.
Girà el món conegut
per tal de descobrir…
els tons i teixits
de la seva roba interior.

Home i amic
que en reinventar el seu seny
fuig de traïcions
i rebutja amagatalls
per oferir-se al resta;
net i polit
¡TRANSPARENT!
-com cada gota de pluja-

Un amic.
Que es confessa de peu
davant de les muntanyes,
o s’aclareix enfront de la mar.
Home de fe,
que creu en un món millor
seduït per la comprensió
que ja darrera llargues converses.

Ell.
Em fa mirar les muntanyes
i em parla de formes i disfresses;
de fulles acolorides; tendres i seques
-del goig visual i de la curació-
D’insectes cooperatius
i de fustes arrelades i sensitives.
De salts d’aigua que, màgics i potents,
busquen la calma.
Sobre coves i cofres i un tresor
-una fotografia trobada
que confabula amb la felicitat,
doncs ens regala una rialla-

Ell, abans,
caminant damunt tots dos costats,
moltes vegades es va trobar
i altres tantes es va perdre.

Ell:
Un amic.
Un home,
que senyalant-me la mar em diu
haver vist ballar a un munt de sirenes
mentre cantaven…
que és el pes de la sal
i no les ones braves
el que als homes ofega.

318-omu G.S. (bcn. 2014)
______

(castellano)

Hace tiempo que doy vueltas -por ratos-
dando tragos de salud
al disfrutar de tu compañía.

Ya hace un buen tiempo que te reconozco
como a un loco que escogió
recorrer los días y las calles
saltándose las normas
antipáticas y estúpidas;
como a un acróbata que se divierte
haciendo saltos mortales y volteretas.

He tenido la suerte de estar cerca de ti;
hombre… ni una pizca aburrido,
más que extrovertido,
de espalda ancha
y de manos abiertas.
Que nadas,
escalas,
buceas
y reptas.

Hombre que decidió:
hacer camino desnudo.
Girar el mundo conocido
para descubrir…
los tonos y tejidos
de su ropa interior.

Hombre y amigo
que al reinventar su juicio
huye de traiciones
y rechaza escondrijos
para ofrecerse al resto;
limpio y ordenado
¡TRANSPARENTE!
-como cada gota de lluvia-

Un amigo.
Que se confiesa de pie
delante de las montañas,
o se aclara frente a la mar.
Hombre de fe,
que cree en un mundo mejor
seducido por la comprensión
que hay detrás de largas conversaciones.

Él.
Me hace mirar las montañas
i me habla de formas y disfraces;
de hojas coloreadas; tiernas y secas
-del gozo visual y de la curación-
De insectos cooperativos
y de maderas enraizadas y sensitivas.
De saltos de agua que, mágicos y potentes,
buscan la calma.
Sobre cuevas y cofres y un tesoro
-una fotografía encontrada
que confabula con la felicidad
pues nos regala una sonrisa-

Él, antes,
caminando sobre ambos lados,
muchas veces se encontró
y otras tantas se perdió.

Él:
Un amigo.
Un hombre,
que señalándome el mar me dice
haber visto bailar a un montón de sirenas
mientras cantaban…
que es el peso de la sal
y no las olas bravas
lo que a los hombres ahoga.

318-omu G.S. (bcn. 2014)

Boomerang

boomerang

De vuelta. Ya cansado.
Necesitó marchar. Vagó y volvió
con el alma y los pies endurecidos;
tras andar entre lobos y corderos
y, esquilando a ambos,
con su pelo y lana
hilar y hacer ovillos.
Retornó. Tras exorcizar asfixias
y con paciencia tejer aquel calor
que pudiera darle a él
y luego a otros,
aliento próspero y abrigo.
Se me acercó tras largo tiempo
-le eché en falta-
después de emborracharse repetidamente
y confesar su verdad a un montón de extraños
eludiendo tapar miserias y escondrijos;
en medio de la ciudad
sentado en bancos públicos,
o perdido dentro de antros laberínticos,
contándole a tantos otros hombres
que padecían de su misma sordera;
ociosa o enfermiza,
adictiva, viciosa y etílica,
los porqués de sus circunstancias y cojera.
Antes de hoy -hoy de un él que conversa con voz propia-
hizo hervir, congeló sus sentimientos
y encubrió sus emociones.
Removió alimentos y basuras
y limpió la grasa incrustada
en su vida y utensilios.
Visitó los abismos más profundos
y le hurtó el tridente al mismo diablo.
Aleteó con ganas,
intentó palpar la virginidad
que copulaba con los ángeles,
la que enredada con la creación,
aguardaba doblada en, del firmamento,
uno de sus bolsillos.
Retornó a mí.
Volvió a su hogar con buena vista,
al fin aprendió a ver y leer
lo tanto de simple, cercano e inmenso.
Retornó con el saber de haber vivido,
de llevar, en esa hora a cuestas,
mil libros excelentes aún ni escritos.
Retornó.
Tras despilfarrar y pedir limosna.
Tras malbaratar lo de los demás y lo suyo.
Tras pisar blandiendo la crueldad y el sarcasmo
abanderando al egoísmo.
Tras desplomarse, estando a solas,
ante el cristal delator de algún espejo,
al reconocerse; rufián, traidor y malherido;
una figura geométrica fugitiva del conjunto.
Hoy me encuentro con él
y al observarlo siento,
que esa ausencia que lo retuvo
y mantuvo alejado…
nunca más lo apartará,
ya jamás ha de volver.

318-omu G.S. (bcn. 2014)

Hibernar entre pasillos


No confundir la lucidez con el extravío. Nunca darle, al que baraja soluciones y forja y posee sabias respuestas, sustancias que castren su potencial creativo o aneguen su capacidad para destruir muros desafiantes e inútiles que se presentan; gruesos, resistentes y toscos.
Nunca renegar del ingenio ni imposibilitar a aquel hombre que afanoso recaba en lo más fantasioso u hondo, en pos de abatir conjeturas estúpidas e inservibles o desarraigarse de ligazones que bloqueen y paralicen.
Nunca golpearle, siempre ayudarle a proteger su yo sensitivo y maestro; el comodín que para todo sirve y que todo lo puede.
Nunca darle pócimas que le aparten de su vocación y leyenda o minimicen su perspectiva hasta vaciarle de su inusual destreza.
No maniatarle. Dejarle saltar y saltar, que su osada valentía traspase las verjas que blanden en su alto y en sus costados el filo de intimidadoras cuchillas. Verjas y espinos: calvario que respalda la pobreza; las fronteras individuales de que se sirve el severo totalitarismo que desprecia la parte más humana de nosotros, mientras jactándose de tener y ser fiel a la cordura acumula un historial de despropósitos y lanza una horda de salvajes y contractuales e infranqueables mandamientos que sobreviven aun siendo la mayor y más intransigente e indigna de las locuras.
Jamás robarle las plumas o cortarle las alas. Jamás secuestrar el vuelo de aquel ave que planea despierta y libre, intentando alejarse de la insipidez que invade la analfabeta ingenuidad de nuestro mundo con sus pueblos.

***
Corren tiempos donde son sentenciados como locos los seres lúcidos, al igual que son nombradas extravagantes las personas que innovan y se atreven.
Hay quienes tachan de locura el hecho de contrariar e inhibirse de las normas establecidas… Porque todavía existen seres que rehúsan coartar el aleteo de su ave; promulgan la rebeldía frente al conformismo tedioso y el pragmatismo que limita las posibilidades -pragmatismo, de a todas, obsolescente-
( Hasta llegamos a encontrar en muchas leyes recitadas en alguna hora por la ciencia, su fecha de caducidad ).

***
Condenado a la insumisión;
cisne negro. Patito feo.
Condenado a la incomprensión;
padeció de encierro.
Habló por los codos
pero aprendió a callar.
Entre uniformes blancos
que olían a sedación y ansiolíticos,
a euforia descompuesta,
a traumas remolcados que agitaban el pulso
y a depresiones incandescentes.
Forzado a padecer dentro de un envoltorio
junto a correosos remedios, él, contó lo justo.
A su lengua se la comieron
los horarios nada dinámicos,
y a la alegre vitalidad de sus gestos la devoraron
anchos butacones gastados y soporíferos.
Conto lo justo,
pero bien sabía que había hallado
tantos pedazos importantes que estuvieron perdidos.

Se ajusto a decir ante la comisión que convenía en reunirse para efectuarle análisis y estudio…

-No llegan ustedes, en este su hoy, a leer e interpretar la magia de los signos que muestra claramente donde está varado nuestro cielo.
No alcanzan a observar con cuanta facilidad podríamos asir el mejor de los futuros, ni pueden reconocer su propia verdad al comprender grandes dosis de mentira, siendo objetivos.
Son incapaces de prescindir, loan las leyes. Cuantifican tantos por ciento y diagnostican presuntuosamente con nombres pretérritos. Ustedes alaban las ecuaciones complicadas que solo entienden unos pocos y aberrantes logaritmos que confunden; son sumisos de las leyes exactas. No padezcan, doctores, del cruel absolutismo pues es la mayor causa de ceguera. Eludan sentenciar al cuerdo como loco y a ese loco al encierro indigno que lo ha de perseguir, con la tinta burocrática y siendo longevo; lo mismo que un grito persigue siempre al ser histérico.

318-omu G.S. (Bcn. 2014)

 

De dos: una voz


Ahora ni una palabra vierte mi boca; dicen mis ojos, te hablan y piden. Descarados; como tramoyistas descorren el telón y abanderan al deseo —auspician el punto justo de lascivia cual es capaz de avivar las lenguas adormecidas—.
Tú aparcas toda vergüenza; la timidez, apocamiento y fragilidad que otros, fruto de su desconocimiento, te suponen, y te preguntas hasta dónde me permitirías… y te respondes «lo que te entregue, quede sólo para ti». Yo rememoro e intuyo —antes ya obtuve tus placeres, los conozco— luego, de seguro, ya encontraré de nuevo tus paisajes sobre la mesa.
Apuesto por ti: sé que apartas de las vías los cedas, los prohibidos y las limitaciones. Sé que te prestarás a darle libertad a mis demandas, que accederás a concederme, en todas sus posibles formas, la savia que salvaguardan tus montañas y tus sanadoras y revitalizantes propiedades marinas. Contigo merece la pena sumergirse y nadar.

 

Escuché: Entre sueños le confesaste a mi vigilia y a tu almohada, cuánta es la perdición que te sabe a gloria dentro del juego, que sólo negárteme sucedía para, invocando al animal, soltar de las cuadras su embiste; liberarle de su espera paciente-impaciente, y que éste, contigo jugueteara presumidamente erguido. Bien conozco, que hay veces que precisas de un vendaval para que, lleno de ímpetu, éste te arrastre con su carácter sorpresivo. Bien sé… que si persistiera por mucho tiempo la brisa suave, quedarías adormecida.
Rememoras días, dándote cuenta que conoces con precisión los enseres, amuletos y planos que protejo dentro de mi cofre humano-sagrado —hace ya algún tiempo que dejaste de jugar a los dados y a la ruleta, que tu ocio y placer no depende de ninguna apuesta que devenga ruinosa o te aporte victorias inciertas.
Mientras le susurras a la noche deleitas mis oídos: me delatas como poseedor de tu fusión predilecta… Repites con ganas, tomas y tomas de mis cócteles: De ese sexo —de dicción lenta— que consigue alzarte de a poco, frente al que se planta, creyéndolo como irrenunciable, cualquiera de tus trozos; el cual te sorbe y, repasando cada centímetro, te lleva en volandas hasta la cúspide donde solamente persiste un eco embriagador.
De ese sexo desmedido que es capaz de aunar sentimientos y así calzar hasta el porte romántico. De ese sexo explícito que te cuenta acerca de tu mucha valía: te hace saber que eres, con su dicción universal ¡insustituiblemente importante!. No una vacua simpleza que se utiliza por interés puntual. No un dibujo hecho con apetitosas curvas y atractivos colores, que aparece y se arruga y se desestima y se rompe. No un naipe, en partida de póker, del cual uno se desentiende en descarte.

Todavía no soy capaz de describir por completo, mediante el vocabulario que conozco, tu magnitud. Quedo a medias pero sabiéndote…

318-omu G.S. (Bcn. 2014)

Amigo y enemigo

"des de l'ull d'un castell (sta. Coloma de Farners)"

«des de l’ull d’un castell (sta. Coloma de Farners)»

Amigo del hielo, de la lluvia, de la niebla, del rocío y de la escarcha; cómo no, amigo del agua… Sumo gotas y formas allí donde me encontrara.
Escucho igual a las campanas que a los tambores o a los cencerros, lo mismo oigo el aire cuándo pasa y sale desde dentro de trompetas o de flautas que a las cuerdas que saltan dando vías sonoras a una guitarra o a las que el cosmos insiste en hacer vibrar.

Amigo y compañero de los gallos y del alba, de los crepúsculos visionarios, del aroma y gusto amargo e intenso del café, adicto y amigo de las letras, de los buenos postres, de la energía que se adereza con algún pellizco de calma. Amigo de equivocarme con mis actos o con el habla, dañando o confundiendo, aún sin querer, a otros pasajeros que en este viaje también me acompañan. Amigo del trazo imperfecto que avisa al ser que le queda trabajo y que el esfuerzo reclama.

Enemigo del sofá y de la cama que lastraran inundándome de pereza, del tic-tac monótono que causa arrugas; del tono que envejece al contar las horas apoyándose en un reloj, de cretinos que creen que lo saben todo, de cotilleos que enferman familias y vecindarios, de utilizar el pensamiento cuándo danzo o de escupirle a quién me advirtiera o aconsejara.

Amigo y enemigo de todo lo que existe o está por descubrir; no abandono el entretenimiento; juego a tener supersticiones ancestrales para lograr saber donde está enraizado mi hombre, si el siglo veintiuno que piso me corresponde.

318-omu G.S. (Bcn. 2014)

" monestir de Montserrat "

» monestir de Montserrat «

¿ Bestias racionales ?

bestias racionales

 

La peor de las bestias asoma en los anales de la historia con un solo nombre; ella es el hombre.

Si existen «pecados» imperdonables, con todos éstos comulgan los hombres; el sadismo implícito que acontece bajo cualquier pretexto, (sordo ante el dolor ajeno), vocea junto a la tortura. Las violaciones más violentas se suceden, sujetando la manipulación de otros seres, estas violaciones procuran satisfacer al afán insaciable de control y dominio albergado en algunos de nuestra especie.

Traspasados los límites que determina un asesinato, (siempre injustificable), todas las demás barbaries quedan por debajo, por lo tanto, son admisibles para aquellos que son capaces de cometer tal atrocidad; la de matar.

También añadir al saco de los despropósitos demoniacos, la necesidad que tienen una parte de nosotros, los humanos, de someter a nuestros congéneres; así es como llega a tomar cuerpo el tráfico humano y cualquiera de las posibles fórmulas de esclavitud; ya fuera una esclavitud racial, cultural o genérica.

Hay hombres que precisan reafirmarse menospreciando y creyendo inferiores a una parte del resto.

Requerir del poder para sentirse realizados, válidos o completos, solamente deviene cuándo está claramente enraizado, (en la mayoría de ocasiones, inconscientemente), a una ambición desmesurada o a un complejo de inferioridad; cual demanda subyugar y controlar la vida de los demás seres o especies con las que se cohabita.

Los hombres no cejamos de instruirnos de sapiencias útiles, pero resaltamos nuestra necedad al, cerrando los ojos, perder de vista el conocimiento de donde estamos situados dentro del proyecto evolutivo, y al también desaprovechar el paraíso en que nos hallamos ubicados, (resulta de una idiotez dantesca la imagen que ofrecemos si es que alguien, desde algún otro lugar, nos estuviera observando).

No estaría de más… honestamente, con nosotros mismos sincerarnos; perder la vergüenza de reconocernos y al hacerlo procurarnos ese avance capaz de alcanzar una velocidad encomiable.

Para que esperar a las generaciones venideras cuando podría ser ya hoy.

Distancia


(I)
Distancia.
Camas separadas,
pocas coincidencias.
Sábanas dormidas
que no son revueltas.
La cafetera humeando vacía al punto de estallar,
mientras dos rebanadas, en la tostadora,
asoman inservibles por estar requemadas.

Lenguas cortadas;
desayunos mudos, nada expresivos.
Seres de espalda
aburridos de sus mutuos instantes,
que no exprimen ni toman la luz
que, generosa, irradia la mañana.

Una cena que espera en el plato;
ya fría, desangelada.
Presencia de cuerpos ausentes
e intercalados los tiempos en las estancias.

Ojos esquivos renunciando al mensaje
y oídos que malamente disimulan la sordera.
Bostezos frente al televisor.
Distancia: La realidad usando tapones.
Música callada.

Espacios recubiertos de desgana y hastío.
Invadidos por el enorme defecto de la poca dedicación
que se le brinda al otro,
al vagar abstraída y dispersa nuestra atención.
(Duele tanto advertir una inmensa distancia
cuando abunda tanto la proximidad que hasta nos toca).

(II)
Triste.
Padezco si me asomo a los recuerdos
donde eran sazonados los días con te quieros
y rezumaba nuestra unión, entendimiento.
(Añoro el balbucear de ese pasado
repleto de joyas impagables).

Por mi memoria retumban
como golpes crueles, antiguos besos.
Terrible es vivir pegado al azucar
que ya dejó de endulzarnos;
sentir la nostalgia del sexo comprensivo
que despide con sus maneras
a la apática monotonía y,
sirviendo el placer entre arriesgadas posturas
y atractivas acrobacias,
humedece fuera y adentros.
¡Completándonos!.
Sin precisar de lazos fastuosos
o rebuscadas excelencias,
ni echar en falta cumplidos vanidosos
ni palabras escogidas
que llenaran nuestra alacena.

Distancia: Una almohada dura.
Descanso caduco.
Un corazón endurecido y con jaqueca.

318-omu G.S. (Bcn. 2014)

Propio presidio

propio presidio

Tres paredes y una reja: mi prisión.
La primera pared la conforma
una angustia extrema.
Otra está levantada
por una honda tristeza
que achica el ánimo dando ceguera.
La tercera se alza derecha y resalta mi encierro,
cuándo surgen sin llamarlos amargos recuerdos,
que implacables me oprimen y asfixian
solapando los claros que enlucían el cielo.

Es mi ánimo ahora, sombra de lo que fue.
Fundida toda luz que cabía en mi mirada,
la oscuridad máxima cubre el sol de mis ventanas.
Hunde su alargada y destructiva opacidad…
Y me roba los frutos.
Y devasta prósperos cultivos.
Y deja seco de agua
el manantial que es mi alma,
igual como aniquila
la escasa virginidad que me quedaba.

Cruel el llanto.
Y sucia está. Y negra es
la prisión que hoy me secuestra;
presume de ser pozo, (pozo vacío).

Desde muy adentro,
suena de fondo, brota un lamento;
como reja queda una canción.
Cuyo estribillo describe
cuánto de amarga resulta una despedida.
Pregunta alto con voz quebrada:
¿Dónde quedó tanta ternura?
¿Por qué murió la comprensión?

Canción: Bolero
contando acerca de un adiós
que rechaza retornar al saludo.
Resalta espacios que estuvieron llenos
y hoy padecen la fiebre de los agujeros.
Relata la fortuna de un condenado
cuya sentencia es un inmenso vacío.
Entona con un deje partido
una triste y vocal misiva:
Como de grande es el hueco
en que un hombre habita.
Como dentro de él
cabe tanto y tanto dolor.

318-omu G.S. (Bcn.2014)