La peor de las bestias asoma en los anales de la historia con un solo nombre; ella es el hombre.
Si existen «pecados» imperdonables, con todos éstos comulgan los hombres; el sadismo implícito que acontece bajo cualquier pretexto, (sordo ante el dolor ajeno), vocea junto a la tortura. Las violaciones más violentas se suceden, sujetando la manipulación de otros seres, estas violaciones procuran satisfacer al afán insaciable de control y dominio albergado en algunos de nuestra especie.
Traspasados los límites que determina un asesinato, (siempre injustificable), todas las demás barbaries quedan por debajo, por lo tanto, son admisibles para aquellos que son capaces de cometer tal atrocidad; la de matar.
También añadir al saco de los despropósitos demoniacos, la necesidad que tienen una parte de nosotros, los humanos, de someter a nuestros congéneres; así es como llega a tomar cuerpo el tráfico humano y cualquiera de las posibles fórmulas de esclavitud; ya fuera una esclavitud racial, cultural o genérica.
Hay hombres que precisan reafirmarse menospreciando y creyendo inferiores a una parte del resto.
Requerir del poder para sentirse realizados, válidos o completos, solamente deviene cuándo está claramente enraizado, (en la mayoría de ocasiones, inconscientemente), a una ambición desmesurada o a un complejo de inferioridad; cual demanda subyugar y controlar la vida de los demás seres o especies con las que se cohabita.
Los hombres no cejamos de instruirnos de sapiencias útiles, pero resaltamos nuestra necedad al, cerrando los ojos, perder de vista el conocimiento de donde estamos situados dentro del proyecto evolutivo, y al también desaprovechar el paraíso en que nos hallamos ubicados, (resulta de una idiotez dantesca la imagen que ofrecemos si es que alguien, desde algún otro lugar, nos estuviera observando).
No estaría de más… honestamente, con nosotros mismos sincerarnos; perder la vergüenza de reconocernos y al hacerlo procurarnos ese avance capaz de alcanzar una velocidad encomiable.
Para que esperar a las generaciones venideras cuando podría ser ya hoy.
El mundo: una pajarería donde cuelgan mil jaulas. Donde cohabitan, (sonando a la par), seductores cantos afinados con graznidos. El aire está inundado de tonos y timbres vertidos por diversas cuerdas vocales; atiendo y hasta logro escuchar expresiones todavía encerradas y de otras que consiguieron volar; puesto el oído; practico, decidido escojo -tras detenida interpretación y un juego de mezclas- cual deseo que sea mi propio sonido.
Ayer disfruté; compartí con tantos otros la fiesta del «holi».
Bañé la sobriedad de mi blanco, con un salpicado de diversos y vivos colores.
Pude danzar y liberarme desentendido de formalismos; esparcir y recibir el polvo mágico de los tintes y, dejándome llevar por rítmicas melodías y percusiones tribales, renacer en esta fiesta/recordatorio que resalta la comunión que existe entre todo.
Mi ayer aconteció como un hoy festivo -que espero perdure- pero lo que más me agrado fue ver, que cada ser congregado, aún por un breve espacio de tiempo, se deshacía de ese tono que nos separa y hasta vuelve malditos; del yo que interpreta y comprende lo que sucede, siendo propio y jactándose de ser exclusivo.
Ayer… disfruté al reconocerme en los otros.
(I) Primavera, colores y amor; holi, holi, holi: leyenda hinduista que resalta, cuánta es la fatalidad cuando un hombre olvida su condición y pretendiendo ser como una deidad venerado hasta sacrifica a sus propios hijos. Holi, holi, holi; sobre como el bien existe e intercede y vence al mal.
Holi, holi, holi; estampar una pieza de nuevo; ¡renovación!. Deshacernos de abstractos e inutilidades; un respiro, ¡renacer!, sentirnos livianos y emprender el vuelo.
(II) Dentro de este orden que impera cambiante; limpio y redecoro las caras de mi hogar. Apilo trastos inservibles, con todos ellos alzo una gran torre, la cual prendo siendo pira.
¡Quemen!, tras las llamas que no quede ningún resto que ensucie lo ya pulcro -humo, carbón u hollín- que ennegreciera las mejores visiones de futuro. O, suplantando al aire que respiro -como goma de borrar- eliminara los paisajes que lucen al agriar sus colores, enturbiando su belleza con grises propiciando a los hombres y a su senda, sucedáneos artificiales y la asfixia.
(III) Lanzad los tintes en polvo, ¡colores!. Que desplazados por el viento, alegremente volando, o diluidos -mediante el recorrido fresco del agua- igual enluzcan nuestras vestimentas como despierten a nuestro ser cuando, imaginativos, ellos las toquen.
Que así como fuera, cuándo nos impregnen, nos ensalcen y sirvan a todos los que en esta suerte caigamos, de bendición y recordatorio.
Hay más vida que aguarda detrás de la solitud de mi yo; la decadencia sólo aparece, si las personas, siguen el rastro cobarde temiendo reconocerse. Poco atrevidas, no se sinceran y eluden la renovación, por la que claman las mariposas, el pan divino que alienta el progreso y brinda nuevos escalones mediante el hermoso juego universal de la metamorfosis.
«En un principio la nada quiso parirse a si misma: se abrió como senda para mostrar un sinfín de bifurcaciones.»
Los hombres y su bondad (originaria).
Los hombres y su maldad (arcaica).
Sólo un huevo y la eclosión.
… Y junto a esta dualidad (bondad y maldad), una actualidad repleta de contrapuestos en cual se suceden las combinaciones y alternancias.
Los hombres nos contradecimos, padecemos de una esquizofrenia disfrazada de normalidad; infinidad de inclinaciones cotidianas determinan el desasosiego y la falta de frutos.
La contradicción vive constantemente, nos damos cuenta si el individuo confronta palabras y acciones. Tanta es la contradicción existente, que los hombres caemos en un estado de desequilibrio insalubre (podemos tratar de mentir a los demás, pero nunca escapar a nuestra verdad).
El desequilibrio, a su vez, acarrea la locura que demuestra este sistema mundial que nos rige: construye una sociedad repleta de minorías, llena de barreras inhóspitas y tabus incoherentes e incomprensibles, así como falta de entendimiento, de altruísmo y de cohesión.
Cuándo los hombres hacemos (repletos de soberbia; mirando por encima del hombro al resto de elementos existentes), nos jactamos de disponer de la racionalidad (bendita herramienta), mientras destruímos las porciones más valiosas que dentro de nosotros y a nuestro alrededor vamos encontrando.
Hi ha una mena de pols que furtivament s’arrapa al racó adduït com a memòria. Ens dicta les opinions i enterboleix les decisions com faria sobre una vall l’espessa boira. Hi ha pols que glaça; tant deixa les baranes humides com rovella el criteri dels homes. Es camufla adherint-se al cervell. Cau tan imperceptible que ens sembla que ni està.
El temps fa que aquesta pols -pols, en principi, lleugera i inofensiva, pols tova- acabi per endurir-se sent crosta i fereixi esgarrapant. Mostrant-nos el rebuig; un riu omplert amb sang.
Valuós és comprendre tot allò que passa al voltant. Obtenir un judici just recolzant-nos en la capacitat de qüestionar-nos en ordenar, el que anem descobrint pel camí, o el que al poderós o a l’equivocat li convé, i ens van, de poc, adossant. Si no netegem la pols romandrem muds i afònics, allunyats del seny objectiu. Perdrem l’esperit que ens dona peus i les forces per comprendre i per lluitar.
Quedarem sent gats que miolen sols i esquerps, escurçarem encara més l’ajuda, que avui ja apareix curta i necessiten tants germans.
La pols és indesitjable passatgera que sempre fa nosa; treu la brillantor dels objectes, dóna feina als homes quan embruta la roba i els estris, i apaga els colors dels nostres mobles.
Hi ha pols que arriba des de temps llunyans i d’un altre que és portada des d’una cantonada a tocar; per vents que bufen propers.
És massa la pols que envaint els espais de la llar s’amuntega damunt de les coses; ofegant al mateix aire, avortant els pensaments i barrant les opinions que ens caldria com individues i precisem en pretendre arribar a ser persones.
La pols aporta brutícia, ens reté dins d’una presó on morta jeu la transparència i impera la confusió. Ella ens fa perdre la mesura, estripa angles i perspectives, esborra de tot els colors i la claror. No deixa que ni un brot de llum banyi el nostre hort i les seves llavors.
318-omu G.S. (Bcn. 2014)
____________ (castellano)
Hay un tipo de polvo que furtivamente se agarra al rincón aducido como memoria. Nos dicta las opiniones y enturbia las decisiones como haría sobre un valle la espesa niebla. Hay polvo que hiela; tanto deja las barandillas húmedas como enmohece el criterio de los hombres. Se camufla adhiriéndose al cerebro. Cae tan imperceptible que nos parece que ni está.
El tiempo hace que este polvo -polvo, en principio, ligero e inofensivo, polvo blando- acabe por endurecerse siendo costra y hiera arañando. Mostrándonos el rechazo; un río llenado con sangre.
Valioso es comprender todo aquello que pasa alrededor. Obtener un juicio justo apoyándonos en la capacidad de cuestionarnos al ordenar, lo que vamos descubriendo por el camino, o lo que al poderoso o al errado le conviene, y nos van, de a poco, adosando.
Si no limpiamos el polvo permaneceremos, mudos y afónicos, alejados de la cordura objetiva. Perderemos el espíritu que nos da pies y las fuerzas para comprender y para luchar. Quedaremos siendo gatos que maullan solos y ariscos, acortaremos aún más la ayuda, que hoy ya aparece corta y necesitan tantos hermanos.
El polvo es indeseable pasajero que siempre estorba; saca la brillantez de los objetos, da trabajo a los hombres cuando ensucia la ropa y los enseres, y apaga los colores de nuestros muebles.
Hay polvo que llega desde tiempos lejanos y de otro que es traído desde una esquina próxima; por vientos que soplan cercanos.
Es demasiado el polvo que invadiendo los espacios del hogar se amontona encima de las cosas; ahogando al mismo aire, abortando los pensamientos y vallando las opiniones que nos haría falta cómo individuos y precisamos al pretender llegar a ser personas.
El polvo aporta suciedad, nos retiene dentro de una prisión donde muerta yace la transparencia e impera la confusión. Ella nos hace perder la medida, desgarra ángulos y perspectivas, borra de todo, los colores y la claridad. No deja que ni un brote de luz bañe nuestro huerto y las suyas semillas.
Aquí estamos; atrapados por los desastres de nuestra propia incompetencia.
Cuánta serenidad precisamos… La vida o la muerte, el placer o el sufrimiento de muchos seres depende, de un espíritu que va más allá de esta lógica ilógica humana que hoy impera, depende de la tolerancia y el respeto por cualquiera de las formas de vida y haceres que existen, pende de la virtud del amor, de su hacer pacífico y comprensivo lleno de temple, ¡MEJOR NOS IRÍA!.
Cuánta es la serenidad que necesitamos… la suficiente como para ser capaces de sujetar nuestros puños, mordernos la lengua, en pos de no echarle más leña al fuego, o relajar nuestros dedos que, involuntariamente, se tensan crispados. Todo con tal de no estrangular o destrozarle la cara a fuerza de contundentes golpes a algunos, (que son suficientes), de nuestros congéneres, de no reventarle la vida a muchos de esos que a sabiendas incendian hogares abarrotándolos de desgracias. (Me duelen tales expresiones porque soy persona que comulga con la no violencia).
Repaso la historia y quedo admirado por la respuesta de esos pocos grandes hombres, cuales no sólo predicaban cargados de palabrería, sino que, además, demostraban con cada uno de sus actos, situándolos en un lugar acorde al de su dicción, afianzarse sobre una propuesta de mejora y avance, sobre la propuesta saludable de vida que citaban.
Mucha es la falta de empatía. Cuánta hipocresía. Cuánto sarcasmo y cuántas falacias e ironía a de soportar uno, antes de convertirse en un «kamikaze» y batallar para intentar neutralizar a los leones que dominan los diferentes reinos.
Leones que demuestran ser como niños malcriados carentes de criterio. Infantes caprichosos que, malacostumbrados rompen sin contemplaciones preciosos juguete. Que requieren de rellenar su esencia vital, ( la cual extraviaron u olvidaron, despreocupados o amnésicos), por un sinfín de supuestas necesidades que quedan muy lejos de ser prioritarias.
Son eyaculadores precoces que, insaciables, necesitan auto-engañarse y creerse útiles salvadores, precisan cubrir su inexperiencia, su desconocimiento o poca práctica amatoria; copulando y copulando… malamente jodiendo y jodiendo, pero siempre quedándoles al terminar cada roto de sus tareas, la punzante agonía de la soledad y el vacío carcelario que representa sentirse diminutamente solos.
Los mayores y más desalmados asesinos. Los mayores y más déspotas tiranos han solido y suelen ser, grandes enfermos que perdieron el conocimiento de su origen conjunto con el resto, extraviaron la dignidad de reconocerse igual de humanos, son la suma de los peores instintos junto a la nefasta utilización del raciocinio. (Creo que la humanidad acaba de iniciar el salto al mundo de la razón, posee todavía más de animal de lo que prefiere reconocer).
Hay hombres que afianzados en el poder, (tanto visible como fáctico), no sopesan la consecuencia de sus decisiones, requieren de la opresión a otros y el mando, para tapar o disimular sus debilidades; son seres faltos de reconocimiento y aceptación de sus propios errores, de su propia verdad.
Incapaces de controlar si hay suficiente razón para sus leyes o demandas, o valorar el efecto posterior de sus decisiones o el peso intrínseco de sus argumentos o prejuicios, destruyen hasta a su propia familia y a su propio hábitat; se cagan encima de los seres que dicen que aman y sobre su casa. Suplantan su miserable verdad por la extorsión, el poder y el dominio.
Consigo entender a esa parte «anihumal», el mal funcionamiento de este mundo; sus desfases; las violaciones de cualquier noble derecho, su violencia incontrolada y extrema, las tantas separaciones hechas y que resultan lastre y perjuicio, el inmenso egoísmo que impera en todos los seres, definiéndonos como habitantes del cosmos repletos de idiotez; perjudicial idiotez que convoca a las realidades detestables y permite que se incrementen y persistan aquí, permanentemente presentes.
Para comprender el existir de trabas y dificultades parto desde dentro de mi propia casa, la cuestión y solución está anclado en mi epicentro. Rebusco en los pensamientos y las respuestas que yo tengo y ofrezco a cada instante y en cada uno de los días.
(Suelo pensar que estaría bien, sabiendo algunos lo que seguro conocen, que se atrevieran, en sus respectivos y nacionales debates parlamentarios, a exponer abiertamente la incongruencia de las decisiones socio/económico/políticas que nos imponen, así reconociendo que tales medidas y decisiones sólo se toman a base de sabotajes, primas, chantajes y extorsiones, se toman a sabiendas de que simplemente benefician a unos pocos; nada importando si las decisiones tomadas van en perjuicio del pueblo al cual representan. Estaría bien, sería fenomenal, que se abstuvieran de una vez por todas de un decir a medias con cifras etéreas y omitiendo compañías, lobits y nombres, o de procurar mantener la educada e ineficaz diplomacia implícita en su cargo.
La tierra es suficiente rica como para abastecernos a todos. Los números evidencian tal hecho, tendría que crecer mucho la población mundial como para dar unos índices de natalidad insostenibles, faltan todavía por nacer millones de ciudadanos para entrar en quiebra alimentaria. Existen suficientes avances tecnológicos como para lograr que sean productivas las partes que se determinan como improductivas en este planeta; los estudios científicos cantan. Disponemos de gente cualificada como para efectuar una verdadera revolución global. El saber de éstos, aunado a una conciencia responsable y honesta, procuraría una eficiente estructura tecnócrata que nos garantizaría las mejores decisiones en cualquiera de los ámbitos a tratar).
Diario digital que nace con la vocación de informar sobre Jaca, Jacetania, Alto Gállego y los valles de Tena y del Aragón, reflejando con fidelidad y objetividad todo lo que sucede e interesa a sus gentes. Editado por la periodista Rebeca Ruiz
Este blog es únicamente para mayores de edad. Relata la vida de sumisión de una chica que se adentra en el mundo del BDSM casi por casualidad, sin saber muy bien ni qué significan esas letras.