Aún sin relojes… las décadas pasan;
relinchan, ronronean,
ladran, maúllan y chillan.
Azuzan dándole alas a la evolución.
Motivan ofertando descubrimientos
y hasta aturden con su inacabable trajín.
al elemento estacionado
y al ser viajero.
A base de espacios y circunstancias,
de horas y de albas,
de almohadas y segundos,
se contraen y estiran las almas,
incrementan sus puntas y destellos
así las estrellas y así las galaxias
y no existe un abismo u ocaso
que cierre por siempre el mañana.
Las décadas surgen desde
unas formas dictadas por pasajeras instantáneas
que tantas veces repetidas
acaban por engarzar una novedosa realidad.
Pasan y tanto respetan a todo
(maneras, imágenes, géneros, culturas y credos)
que arreciando sobre este planeta,
a nada discriminan, todo lo abrazan.
Por la suma de diez años
con sus consabidas estaciones
crecen las décadas;
años que chasquean sus dedos,
con la infinidad de razones de vida
que portan, elocuentes, los días.




