Anudados

“Surgidos del barro o venidos del mono: tejimos las pieles”

Por un recuerdo nacen suspiros.

Permíteme que no olvide

el placer de esta última noche…

juntos descubrimos tantos lenguajes,

los porqué de nuevos abecedarios.

***   ***

 

Tu gemir brota desde la misma sangre,

surge como un oasis al llenarse tu pozo.

Tus gemidos resbalan,

ellos buscan la cúspide al salir de tus labios.

Se suceden y sostienen;

por la fibra, por los músculos,

y es que tu peso se ampara,

y es que depositaste tus nalgas

en el brío de mis brazos,

que firmemente rítmicos;

asedian al gustoso roce,

empujan y acogen alentando vaivenes,

cuales sólo tendrán término

cuándo las luces renazcan siendo una fuente,

cuando ambos, confesos de un gran placer,

extasiados estallemos.

 

Nuestro placer y deseo;

camina y levita:

Entre gotas saladas que quitan el hambre

y decenas de dulces notas

que contienen la llave que abre la vida.

 

Notas que no empapan como lágrimas,

ni saben a vergüenza, ni cuentan sobre dolores.

Notas venidas,

cuándo nuestro corpóreo dialogo se precipita

con su hábil dicción,

y él, ardoroso conjuga:

 

Mil blasfemias con el respeto.

Al alma y a la razón con la irrefrenable pasión.

al amor más tierno capaz de contener un corazón,

con el desenfreno carnal, ¡con la lujuria!.

 

Un rico juego se aúpa y se esconde tras el movimiento.

Confías en la acertada tensión de mis brazos,

repletos de ganas, ellos son balancín.

 

» Igual que las brujas precisan de una escoba para volar,

las mujeres y los hombres necesitan de la magia del amor para vivir.»

318-omu G.S. (Bcn-2013)

Llama en carne aunque envejezca

 

Por ser hombre;

un hombre y de carne.

Un hombre que se cierne a la vida

desentendido de fines.

Un hombre que desaloja su vista

de los mil grados Celsius que huellan dando ceniza,

o, del peso,

cuándo la tierra se aploma y más pesa,

sobre los órganos ya callados

y la acritud solemne que refieren,

quietos, los huesos.

 

Al ser carne y de hombre;

yo juego a pecar.

Juego gustoso.

Peco, juego y deseo.

Deseo…

 

Tanto ese preciado tesoro

que anida asido a tu pecho;

como la brea que guardas

alejada de la santidad trivial,

de la castidad banal

y del hálito mordaz de la muerte.

 

… Y me dejo llevar.

… Y me dejo vencer;

por las ganas. ( El deseo me adoctrina ).

Por el olfato y el roce. ( Los sentidos son pies y galope ).

Por la piel y la imaginación.

( Hay sudores pendientes que valen como pago y saben a miel ).

 

Cuánto me place rebozarme con las ascuas de tu sexo.

Eludir aquellos silencios que solapan al placer, y…

reventar dentro.

Navegar, entre gemidos, por las entrañas de tu voz,

e incluso deleitarme con las providencia de sus ecos.

Cuánto me place relamer,

cada uno de los tonos saludables de tu cuerpo.

 

Tanto y tanto deseo adentrarme,

atreverme y ser un naufrago perdido en alta mar.

Ser un simple grumete o un experto capitán.

Ser mástil, remo o vela,

anclaje o tela,

cuerda o madera,

para saber sobre las olas que conversan;

mansas o altivas,

furiosas o pacíficas,

pero ante todo, sujetas a los minerales de tu mar.

 

Vale la pena atreverme,

porque sólo al atreverme;

tendré la recompensa,

al fin podré encontrar,

muchas de las respuestas sonoras

que me pide el hombre que soy.

 

Respuestas hechas de carne y emociones.

De carne que alía nuestros dispersos universos

en la raíz de un mismo ombligo.

 

Por ser hombre.

Por ser hombre y con carne:

soy incapaz de sostener perpetuamente la razón.

Y mucho menos cuando escucho el cálido rumor,

cuándo, insinuante me habla

el origen de la multiplicación.

Hasta el punto de hacer temblar,

de dar rienda suelta a una locuaz locura,

al extravío y a la lucidez;

así logrando hacer sinónimos a los opuestos.

 

318-omu G.S. (Bcn-2013)

 

Camaleónico aliento

Geranis

(I)
Y aparcado en este solitario vagón
aguardo la llegada de un revitalizante verano;
alcanzo el alivio,
en un peldaño a la esperanza, y…
espero…

Y acompañado de un único instrumento
raspo las cuerdas de mi violín, y…
espero…

A una voz que quiera darme,
aunar al mío, su sonido,
para así formar un lindo dueto.

No me sirven los recuerdos.
Resultan en algunas ocasiones:
sólo pasado son recuerdos.
Hay tantos de ingratos, de torpes e inhóspitos,
sabiendo inclusive peor,
que los indeseables e inútiles silencios.

(II)

Un «NO» a cualquier tipo de maltrato.
Un «NO» a cualquier humillación.
Abogo por el entente y la bondad en el trato.
Respaldo el diálogo beneficioso y productivo
que siempre resguarda el máximo respeto
rechazando al mal de los rencores.
Respaldo a la comunicación que amamanta,
(tantas veces acogida por relojes,
por las aspas y segundos de algún tiempo),
a la comprensión que contrae casorio
con el más sincero perdón.

Y ante las aptitudes o hechos
que desdigan lo arriba expuesto:
telón corrido o telón bajado,
sea como fuera… telón cerrado.

Telón que separa con tela
(gruesos y rudos tejidos son tantas veces los pensamientos).
Hay veces que es tan recia la tela,
que se asemeja a un muro,
a un muro duro y terco, duro y seco.

El público a un lado, y al otro…
un escenario ya plegado, y yo como actor.
Y queda el silencio.
Y el silencio habla,
se sumerge invadiendo el ambiente con su hábito de callado,
se reparte por los objetos y se sienta en las butacas.
El silencio cubre la platea, el gallinero y los anfiteatros.
El silencio tiene un peso tan denso
que acalla la voz de los futuros contenidos,
y hasta al mismísimo compacto e invisible espacio.

No caben en esta hora ni los aplausos ni los alabos.
Confieso que me apena enormemente saborear
el fin de la escenificación,
el término de una obra.

(III)
El juego terrenal y de parejas no se acomoda,
suele desentenderse de la esclavitud de lo eterno.
Pero, aún adivinándolo y sabiéndolo;
duele decir adiós,
(como duele inmensamente llorar
en un futuro próximo por antiguos pasados),
aunque tras este adiós amaneciera otro «¡hola!».

318-omu G.S. (Bcn-2013)

Sellado con tu amor (ovillejos)

 

Espontáneo en el cesto:

su gesto;

el cual escojo se integre

alegre,

en este otoño o invierno

tan tierno.

Quiero sea sempiterno

y espolvoree semillas,

al río y ambas orillas,

su gesto alegre tan tierno.

 

 

Por ojos, virtud profunda

me inunda.

Llenando de inmensa calma

el alma,

al penetrar con pericia

caricia.

Cuando ausente de codicia,

tu mirar roza el embrujo

y atrapándome su influjo,

me inunda el alma caricia.

 

 

Es cada instante a tu lado:

preciado;

y razón harta de peso

es beso,

cual quita de labios hiel

con miel.

Dulzura guarda tu piel,

la misma que unta mi boca,

y dice mientras me toca,

-preciado es beso con miel-.

318-omu G.S. (bcn-2011)

Piezas de puzle

piezas de puzle

Y así es como consiguen quedar por completo en el olvido

las faltas que vistieron otras horas;

del humeante tren y las estaciones: los retrasos.

 

(I)

 

Porque te soñé;

como se sueñan, (antes de llegar),

las anheladas vacaciones de un verano.

Verano que posa sus gentiles carmines sobre nuestros cuerpos,

e incita al suculento delito de desnudarnos.

 

Porque te idealicé.

Pero, solamente hasta el justo punto donde se encuentra

la perfecta imperfección,

cual es inevitable adobo en presencia humana.

 

Y hasta me enamoro.

(Sorbo de la dichosa química

que desbanca al tiempo y a cualquier razón).

Y hasta deseo recibir;

tanto tu sabor dulce como a su opuesto amargo,

(reconozco en ambos el nutriente de sus alimentos).

 

Al fin ya rescate por ti mi fe en el amor.

Amor de hombre y mujer;

voluntarios presos que con sus labios sedientos

deambulan por sus días

con las lenguas entrelazadas;

hallando el placer de las manos y de la carne,

de una escurridiza simbiosis

que por suerte aguardaba.

 

Terrenal amor de pareja:

utopía. Paraíso perseguido.

Mezcla de altruismo y de interés.

Mezcla de costumbres y de vicios consentidos.

De entrega, hábitos y paciencia.

 

(II)

 

Pretenden ser; anillo son estas letras.

Un puño firme sujeta una pluma y escribe,

acerca de supremos enlaces y alianzas eternas.

 

Aquí refiere la tinta,

sobre la fuerza que llega a dar el oído

cuando de veras escucha.

Sobre la fortaleza que otorga,

la suma que suma añadiendo abrazos,

y reta al mismo infinito,

para que a este amor venciera.

 

… y suena un alma que estuvo partida.

… y resuenan siendo tambores, dos corazones,

¡acompasados!.

Corazones más vivos que el respiro y la saliva.

Más reales que los guiños hechos

por una mesa limpia y bien servida.

 

Así se suceden, (a tu lado), los días;

lúcidos y renovados.

Se suceden; intuyendo y despertando.

Como aquel chillido agradable que saluda o que avisa;

como el tintinar del timbre de una bicicleta.

 

Así, arrimado a ti, transcurre mi tiempo:

tan livianamente redondo

como cuesta abajo y rodando.

 

318-omu G.S. (Bcn-2013)

Dos alas para una paloma

escaleras

 

Arriba: suenan alegres campanas

y anidan cigüeñas.

Abajo: sólo un continuo eco alberga la plaza.

Eco alejado de turbias tristezas,

construido por amables y familiares risas,

que destrabando cuestiones de vida

sazonan color.

 

Para mucho sirvió el hechizo de astros;

le concedió la boda con su cosecha al escenario

al darle validez a nuestro amor.

 

Serán tantos los brotes,

que apareciendo nuevos y jóvenes,

conseguirán rejuvenecer el jardín.

 

… que hasta los ojos ciegos,

saciados por la gratitud de las flores,

oliendo la grata esencia volcada, renacerán,

sanados, ellos verán.

 

Y hasta los mismos hombres,

de parco imaginar y de pensar incrédulo,

convencidos y decididamente,

al fin, abriendo grandes ventanales,

desterrarán a su necedad,

extraviarán a esa desdicha que provoca la inopia,

e infranqueables, y altos muros, demolerán.

 

Arriba: desde su altura, el campanario.

Con su sonido refresca,

del pueblo, su algarabía.

 

Abajo: vuelan los granos de arroz

y se afianzan por los cabellos.

El arroz penetra entre los botones

y hundiéndose en los bolsillos

encuentra cobijo.

El arroz tapiza enormes baldosas

y decora la escalera,

cual al salir de la iglesia,

-de la mano y enamorados-

tu y yo, descendemos.

 

318-omu G.S. (Bcn-2013)

De un círculo

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El samsara: escalones sucesivos.

Un inevitable recorrido.

Vueltas y vueltas.

Trayectos y escape.

Transcurrir dentro de una rueda.

Nunca cuestionar los instintos,

¡ser animal!.

Reptar sobre la tierra o el césped,

y ensuciarnos en el fango lodoso

de esponjosas lagunas.

Esperar que el caudal se eleve

y nos transporte la corriente del río.

Ladrar apostado a un balcón, (intuir el retorno).

Volar como un colibrí o un halcón,

(apostar por las alturas o el canto).

Husmear los sabores.

Ser un sigiloso felino.

Ser un fiero cazador

o la tímida presa de otros.

Ser animal todavía poseyendo…

el tosco raciocinio.

 

El samsara:

libros aprendidos.

Lo que seré o ya he sido.

Entender los dispendios vitales.

¡Ser vegetal!.

Reposar bajo el sol.

Abrazarme al sonido goteante de la lluvia.

Danzar aferrado al cuerpo de maizales.

Crecer asido a un grano y ser fibra.

Ser aroma:

mar y monte,

monte y cielo,

cielo y agua,

agua y tierra.

Ceder al empuje de las gracias naturales

y recorrer un abanico de tamaños y espacios.

El samsara: Voces que andan repartidas

y al escucharse nos informan

de la naturaleza y sus medidas.

Saber que el movimiento no reside en los pasos,

¡ser mineral!, (estático avanzar).

Aprender en la quietud.

Encontrar dentro de los sonidos desleídos en el aire

la versada amplitud de los silencios.

Advertir el peso de la luz intensa

y la levedad en cual se sujeta la oscuridad total

o un puzle de penumbras y de sombras.

Inerte… no moverse ni una pizca

y saberse vivo,

complacido y existiendo.

 

El nirvana:

a tu lado deshojar la vida,

recorrer el sentido de cada jornada.

Desperezarme del erotismo de sueños y verte…

verte con la nariz antes de abrir mis ojos.

Ver el fondo de tu alma y encontrarme.

Ver tu cuerpo sellado con esencia de mujer

… verlo al olerte.

 

El nirvana:

de tu mano seguir el curso imparable y dinámico de los años.

Contemplar como se viste y trasviste nuestro rostro

estación tras estaciones.

El nirvana:

Reconocer hasta mi ceguera de hombre y alcanzar la lucidez.

Advertir mi inmensa pequeñez y al hacerlo…

varar allá donde el tiempo se desentiende de fronteras.

 

Menudo mi karma…

aprendo mientras pago mis deudas.

Aprendo adentrado en tu aliento.

Arrimado al decir de tu vida

converso con la existencia,

y ésta me cuenta acerca de los caminos,

sobre los gozos y las apetencias.

318-omu G.S (Bcn-2013)

Pequeñas estaciones

MundoMariposa

Hay días en que mis huesos golpetean y chirrían por gastados,
vocean faltos de lubricaje. Vocean; como aquel viejo pregonero
que canta las noticias en la plaza del pueblo.

… y las piernas flojean,
porque de a poco cedieron al rumor de las décadas,
al peso inevitable de los años.
Las piernas se amaneran temblorosas,
y resopla como un eco
la decadencia hecha cojera.

Algunos días aparecen bendecidos,
asoman en mi vida con las manos llenas.
Generosos, sacan de su zurrón,
estrellas fugaces que, cuando pasaron,
glotonas se zamparon tantos de mis deseos…
deseos que han estado pendientes hasta el día de hoy.

Y hoy, debido a esta mágica naturaleza,
que imparte justicia más allá de la razón de los hombres,
(al ser magia, desentendida de toda lógica),
aquellos antiguos deseos toman cuerpo,
se acomodan en cada esquina de mi presente.
Hoy, afortunado soy.

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Retales eróticos (R)

 

El erotismo está…

a resultas del perdido

último botón de tu blusa,

dejándome ver tu delicada piel;

por un instante, tu ombligo.

 

Rezuma erotismo…

tu cálido contacto

al rozar mi hombro desnudo.

Impregna de erotismo…

esa fragancia grácil

del perfume que nos enamora.

El erotismo todo lo rocía,

está esparcido por el aire.

 

Eróticos son los movimientos

de los dedos de tu pie,

se sacuden el polvo

como tocando el piano.

Erotismo en unos cabellos revueltos

moviéndose libres al son del viento,

danzando espontáneos

ante una tormenta de invierno.

 

Con sumo erotismo se desliza,

como un guante el fino mantel,

el cual adereza

la madera de la mesa.

De imprevisto resbala desmemoriado,

olvida de asirse, ¡va y se cae!

 

Erotismo en el agua de una fuente…

cuando se filtra por las rendijas del sumidero.

O también, cuando presta corre llena de reflejos,

por el cauce del río,

por una alta cascada,

o calle abajo.

 

Erotismo al sorber el postre;

en el apretón de tus labios

relamiendo la cucharilla.

Alimentado por esas carnosas arrugas

repletas de luminiscencias,

suaves arrugas de tonos encarnados.

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Tan…

cami d la primavera

 

Tan fenomenal como relajar una boca tensa

y convertirla en convexa al hacerla reír.

O, tan maravilloso; como a una mirada desafiante,

extremadamente punzante,

convertirla en roma, en amigable,

al indicarle un rincón de esparcimiento

donde respirar despreocupada y solazarse.

 

Tan perjudicial como invocar al sufrimiento y al llanto;

como plañir quebrándonos absorbidos por el desencanto.

Así, hasta terminar; muertos,

todos ahogados,

sin haber hallado la solución, una manera;

el salvavidas donde encontrarnos.

 

Tan sencillo como contemplar los rostros cambiantes del cielo

recostados sobre una hamaca.

Y penetrados por el azul,

(azul tiznado con novedosos y relucientes pensamientos),

bebernos la luz de la constelación más alejada.

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